Avellanas.

La dependienta del horno me dijo que pasase dentro y entonces empecé a salivar. El olor tostado se mezclaba con el de de las magdalenas recien hechas y donde mirase se encontraban bandejas son dulces. Las avellanas estaban a punto de salir pero ella cogió unas pocas de un saco y me las puso en la mano. Después llevó el saco pequeño a la tienda mientras la seguía.

Mamá me esperaba detrás del mostrador y miró sonriendo como le enseñaba las avellanas recién hechas. Cogió una y se la echó a la boca, la miré enfadado pero se me olvidó cuando se acachó para darme un beso en la frente. Ella llevaba medio kilo de avellanas que le había entregado la dependienta. Cuando salimos me obligó a decir a adios y volver a dar las gracias por el puñado que llevaba en la mano.

Ahora, mas de cuarenta años después, sigo cogiendo un puñado de avellanas y me las voy echando a la boca una a una. Y recuerdo el olor tostado del horno y las botas altas de mamá, con cada crujido que dan las avellanas al comerlas.

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Me voy a ir a…

A estas horas (12:29) uno debería estar tomando un Martini en una placita de esas que abundan por la ciudad. Pero para saber disfrutar de esa opción, también hay que estar a las duras. O sea que en vez de escribir con el sol dándome en el cuerpo, ahora mismo estoy en un zulo esperando. Mi natural contradictorio al aburrimiento me ha hecho abrir wordpress y, además de  descubrir que tengo la opción de recuperar el editor antiguo, me he puesto a mover los dedos por el teclado. Iba a poner “escribir”, pero no es el caso. Escribir es otra caso, no estoy que estoy haciendo. Esto es mas bien una cabezonería de sacar adelante un post donde no hay nada. Cuando digo no hay nada es más bien lo que no hay en mi cabeza: imaginación. Me encantaría desarrollar una entrada animales salvajes o personas cotidianas se diesen la mano y tuvieran aventuras, desventuras o al menos algo digno de contar. Donde Fujur pueda llevarte a algún país fantástico y la memoria no se pierda con los años. Me gustaría darme cuenta que el tiempo pasa tan rápido en este zulo que ya son las dos en punto (pero solo han pasado cinco minutos). Y creo que para un rato ya está bien de entretenerte sin necisidad. Prometo que el siguiente post será mas entretenido. O no, al fin y al cabo el blog es mío.

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Bárbaros.

Seguro que en tu provincia, en tu comunidad tienes una batalla decisiva. Aquí cerca, en menos de cincuenta kilómetros tenemos, que recuerde ahora dos, una la de el Puente de Alcolea y la otra, mas en consonancia con la entrada, la Batalla de Munda.

En este caso los de Netflix se han buscado la Batalla de Teutoburgo para sacarse una historia entretenida donde un trío de personajes consiguen lo impensable: Agrupar a todas las tribus teotónicas para darle caña a los romanos. Mientras tanto te van contando sus historias, la de Arminio, Thusnelda y Folkwin, este último sacado de la pluma de los guionistas. Un poquito de amor, de odio, alguna traición, aventuras, aquí hay mas problemas con los padres que en Élite.

El caso es que se deja ver. Se pone de moda las batallas históricas y hay que reconocer que dan juego. Metes en la coctelera un personaje conocido del que tampoco tengamos mucha información, Vercingetorix, Arminius, Viriato, Boudica, algún conocido mas y muchos personajes secundarios que son los que van a hacer que la historia cobre sentido. Y… oye, te lo tragas que da gusto. Si está bien mezclado hasta te pides otro (otra temporada) si no, pues… te lo has bebido fresquito, y no está mal.

Hay que reconocer que las series históricas a veces salen muy bien curradas. Por su puesto gazapos meten como todas. Pero suelen tener un vestuario acertado, a veces precioso y muy currado como las armaduras, pero es que también contratan a historiadores para que un campamento romano sea un verdadero asentamiento romano y no la acampada de Los albóndigas atacan de nuevo. Además también el lenguaje se ha hecho un hueco en las series. En este caso es el Latín, todo lo que charlan los romanos lo hacen en esa lengua (¿muerta?). Al igual que en su día el Tzotzil, o algo así, que también salió en la serie de Cortés. Y es que no solo vestuario, y caracterización son lo que hacer mas creíble una serie. La diferencia de lenguaje en nos muestran las diferencias entre culturas. ¿Como iba a ser creíble un indio que hablaba perfecto inglés en las películas del oeste?

Si puedes échale un ojo. Seis episodios de cuarenta minutos que te han a hacer pasar un rato agradable, siempre que no seas muy tiquismiquis con la sangre, que en estas series no se suelen cortar. Eso si, hay otras mejores. Y, por su puesto, no te encariñes con los personajes. Si hay segunda temporada te puedo asegurar que Roma es mucha Roma y no va a dejar que la cosa acabe así.

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Cómpeta.

Desde pequeño que llevo escuchando los pueblos del al Axarquía malagueña. Mucho antes de que se hiciese una mancomunidad y el nombre fuese popularizado. Recuerdo la primera vez que escuché a alguien decir que vivía en Canillas del Aceituno. Casi me parto de risa. Después llegaron otros, más por la carretera que cogíamos que por la población que podían tener. Comares, Benamocarra, Benamargosa, Frigiliana, Cómpeta… durante mucho tiempo pensé que mi destino ideal de vacaciones sería Riogordo, ¡no es coña! Unas vacaciones a Riogordo al igual que apuestas de bolsas de triskis eran muy habituales en mis convesaciones cuando rondaba los veinte. Primero con mi padre, con sus carreteruchas y caminos que parecía conocer él solo, y después con mi tío Antonio cuando me llevaba de chofer aprendiendo a conducir, a la Axarquía le tenía un poquito de manía. Luego, resulta que, esa manía se convierte en recuerdos y donde veías curvas estrechas y coches mas pegados que un velcro, ahora son charlas y paisajes. Y es que… ¡Joder son impesionantes los paisajes de la Axarquía! Es como la subbética pero con mar. ¡Un lujo!

El caso es que ya hacía tiempo que le tenía ganas. Torre del Mar, El Rincón, Nerja, El Morche… toda la parte de la costa la conozco y la sigo visitando con frecuencia. Hace unos años estuve en Frigiliana pero había ganas de meterse de lleno en la Sierra de Tejeda. ¡Con el asquito que me daba! Así que después de tanto claustro ya tocaba un viaje y nos decidimos por Cómpeta.

Alquilamos una habitación con Salamandra B&B, y el día 21, nada mas salir Estrella de su guardia, nos f¡uimos para allá. Hubo pocas paradas en el trayecto hasta el pueblo pero la mas importante fue poco antes de llegar. Y es que, ¡es tan fácil marearse en esa carretera!. Un acierto pleno el lugar, un lujazo las fotos de la web que confirmamos al llegar. Eso si, con la lengua fuera, por que entre las cuestas de Cómpeta y los tres pisos que había que subir para llegar al Cielo (ese era el nombre de la habitación) el fuelle nos iba fallando.

ubida a Plaza.

En la plaza hay tres restaurantes que no desmerece ninguno. Nosotros nos decidimos por el que tenía mas sol en ese momento: Casa Paco. Donde me sorprendieron con unas migas de pescado, a las que puse muy mala cara nada mas verlas, y las terminé crelamiéndome con un vino del pueblo. Que en Cómpeta es imprescindible probar.

Había que bajar las migas, y el brownie, así que después de una siesta que se alargó mas de lo esperado, nos fuimos a conocer las calles y plazas de Cómpeta. Mucha cuesta en este pueblo pero bien realizado el ejercicio. Además de lo agradable de encontrarse con la gente y todo el mundo saludando, es algo que hoy en día me llama la atención, encontrarte gente educada, nos fuimos haciendo una idea de otros lugares que no desmerecen, de otras vistas y, por su puesto, de algún bar mas.

El jueves nos salió borroscoso el día. Predicción de lluvia que nos limitó un poco. Así que descartamos el senderismo y terminamos andurreando por Vélez Málaga. De camino a Vélez hubo que hacer otra parada, lo del mareo en la carretera parecía una constante y las tostadas me iban a salir por los ojos. Vélez siempre es un acierto y mi manía de ir al centro y subir todo lo que se pueda en el coche nos llevó a la Alcazaba. Incluso con la niebla el espectáculo desde allí es un gustazo. Pero los planes esta vez eran de volver pronto, de disfrutar el Cielo, la habitación, y como estaba perfectamente equipada no echamos en falta nada. (Bueno, la cacerola era muy bonita pero todo de hierro, y me quemé al cogerla.) Las siestas se hacen imprescindibles con Estrella, y el libro muy entretenido, así que pasar una tarde en la terraza y con la lluvia ni si quiera nos pareció la opción B. Descansar era una de las cosas que habíamos ido a hacer allí. Nos dieron las tantas con un nórdico mientras veíamos lluvia y claros, luna y sol, nubes y mar.

El viernes amaneció un día estupendo. Habíamos visto varias rutas de senderismo y nos decidimos por una que nos aconsejaron en Salamandra. ¡Lástima que con ellos no pudimos hacer nada! Nos fuimos cómodamente a Canillas de Albaida donde una iglesia, Santa Ana, nos entretuvo mas de la cuenta. Después hasta Archez por el Sendero de los Molinos que va por la conducción de la acequia. Allí nos esperaba otro Paco en su restaurante, Casa Curro. ¡Madre mía como nos pusimos! Y desde allí la subida se nos eternizó en el Camino de Archez. Además de perdernos en mitad de un barranco el lomo, la morcilla y las patatas me iban a salir por las higadillas. ¡El chorizo no! Volví a maldecir las botas de montaña, aunque son un punto otras veces y en mi cabeza solo había una imagen en mente: El gintonic a la llegada. ¡Salvador ese gintonic! Después… cama, libro y paz. ¡A dormir! Mañana será otro día.

Y, efectivamente, lo fué. El sábado ya nos habíamos acostumbrado a todas las curvas del mundo y el viaje por las montañas fue muy gustoso. Curvas, vistas, Salares, Sedella, Canillas… ya lo he dicho, unas vistas impresionantes y por fin… ¡Riogordo! La de veces que parabamos allí para descansar y había vuelto a hacerlo. Recordaba las monañas, el puente de piedra al principio y el de barandillas. Y por su puesto… ¡Las curvas!

Al final, un lujo de viaje para llegar a casa donde el Real Madrid puso la guinda con tres goles al Barcelona.

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Luché contra la ley.

Cuando tuve que dar un golpe a la moneda para que entrase en la hucha decidí que ya era hora.

Durante dos años había ido echando en aquella lata de CocaCola tamaño litro las monedas que iban sobrando en la cartera. Bueno… sobrar no es la palabra. La hucha se había ido llenando de esas monedas que te dejan el bolsillo y la cartera como si fueses un potentado terrateniente pero, en verdad, solo tienes dos euros y veintiocho céntimos.

Resulta que entre una tontería y otra, amén de la cuarentena donde no se usaba dinero en efectivo, ni falta que hacía por que no te movías de casa. había juntado un capital en cobre. Poco mas de cien euros que fuimos organizando en montones y ajustado a blister manuales de papel con la idea de cambiarlos a papel monedad y darnos un capricho. La cosa parecía fácil.

De primeras me llevé el dinero a una de las sucursales de mi banco. Cien euros justos para cambiar por un flamante billete verde. Parecía fácil. Así que el lunes me llego a una de las sucursales que me pilla mas cerca. Después de veinte minutos esperando cola para la caja, que cierra a las once en punto y no admite réplica, me dijeron que ya me podía ir olvidando. Que me daban los blister y que los tenía que llevar a mi sucursal. ¿A mi sucursal? ¡Pero si la quitaron hace años! La señora, viendo que la cola se le eternizaba en la puerta me entregló los blister de todas las monedas, excepto la de 2 céntimos, y me dirigió a Virgen de los Dolores que ahora era mi nueva sucursal. ¡Con lo poco que me gusta!

Hoy me presento con mis blister cerrados y ochenta y seis euros con cincuenta céntimos para ingresar en “mi” cuenta, en “mí” sucursal. Hola, venía a hacer un ingreso, le digo enseñando las monedas. La cajera me pone mala cara, y me dice: ¡Uyss! Las monedas solo se cambian los jueves, no puedo aceptarlas. ¡No! Si no quiero cambiarlas. Quiero ingresarlas en mi cuenta que dijeron ayer que debía traerlas en blister y que iban a mi cuenta, le comento. ¡Ya! Pero solo los jueves.

Mi gozo en un pozo. Después de hablar con ella y cerrarse en banda que solo recepciona monedas el jueves le pregunto que donde pone eso. Al parecer es una norma interna que los clientes solo podemos conocer solo el día que te pilla mal. Por que no aparece en ningún sitio. Le pido el libro de reclamaciones y, por supuesto, me traen la hoja de Cajasur. ¡No, no! A mi me traes la de la Junta de Andalucía que yo pueda ir por otro lado. Después de poner la primera reclamación por no recepcionarme el dinero le pido a dirección que me indique donde está esa norma. La desconocen, no tienen un cartel donde se informe de eso (si que hay uno que dice que los jueves es para pagos de recibos, domiciliaciones y comunidades, pero no habla de monedas). Así que le pongo otra reclamación con foto incluida de esa incidencia.

El director es un tipo simpático, Javier se llama, y me ha llamado dos horas mas tarde para decirme que es lo que le han comentado en atención al cliente. Por su puesto las reclamaciones siguen puestas y tengo intención de que me las gestione Facua. De momento ya salido de allí con los gastos de comisiones cubiertos sin necesidad de cambiar de cuenta. Ý es que está claro: El que no llora…

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Anónimos con máscara.

Uno debería estar contento. Que te valoren un relato y lo premien es algo que satisface. Pero tengo que reconocer que a veces uno tiene preferencia por otros cuentos aunque a la mayoría de la gente ni le gusten, ni los entiendan, ni falta que les hace.

Este año he vuelto a participar en el concurso de relato corto del Consorcio de transportes de Córdoba. Consulté las bases, pensé en los últimos relatos que han sido premiados por el jurado y me decidí por un cuento un poco dulzón. ¡Que coño! Tirando a pasteloso. Muy Coelho, con su poquito de moraleja y de esos que te apetece ser mejor persona. (Muy al contrario de otros que presenté y de los que me siento satisfecho pero se han quedado en este u otro blog sin nada que hacer.) El caso es que me han dado el segundo premio así que… Os dejo el relato. A ver que os parece.

[Anónimos con máscara.]

Nunca le había puesto cara al conductor del autobús.

Hasta que empezó a usar mascarilla.

Con solo un café rápido y silencioso en casa, bajaba desperezándome a la calle. Era fácil encontrar a algún vecino mientras caminaba hacia la parada. Varios madrugadores habituales nos dábamos los buenos días mientras seguíamos consultando nuestro móvil. Ni siquiera dejaba de mirar la pantalla mientras entraba en el autobús. Pagaba con mi tarjeta verde y buscaba uno de los últimos asientos del autobús. El trayecto hasta Córdoba me permitía poco mas que consultar alguna noticia o correo electrónico. Para otros viajeros ese corto viaje eran sus “cinco minutos mas” fuera de las cama que con tanto trabajo habían habían abandonado. Era una rutina tranquila. Pero llegó marzo.

Caminaba despacio, esperando encontrarme a alguno de los habituales madrugadores y saludar con un buenos días pero llegué a la parada con la desolación en las calles. La marquesina triste me cobijaba solo a mi. La carretera estaba desierta solo un coche furtivo se atrevió a cortar el amanecer con sus faros. Miraba a un lado, a otro, seguro que alguien más vendría que no sería el único que tendría que ir a a trabajar. Miré el reloj varias veces en el mismo minuto. No avanzaba. Pero justo en el momento, puntual como uno de esos héroes que tanto le gustan a mi hijo, las luces del autobús se recortaban en la curva. Dejando ver su verde brillante contrastando con la luz de la mañana.

Nunca le había puesto cara al conductor del autobús. Varias horas compartidas a la semana y no sabía si era un hombre, o una mujer, no conocía su nombre, no sabía si le gustaba el fútbol o era un forofo cinematográfico. Pero ese día, como los otros que siguieron en los que andar por la calle se parecía mucho a esas escenas de avenidas deshumanizadas, comprendí que podía contar con que el conductor de mi autobús llegaría puntual.

He dejado de usar el móvil en el trayecto del autobús. Descubrí un paisaje que se encontraba detrás de la pantalla, justo mirando por la ventana. El autobús se convirtió en un llama de esperanza para los que teníamos que usarlo en esos días de confinamiento. Un fogonazo de realidad que nos descubrió como volver a relacionarnos con los demás mas allá las de redes sociales.

Nunca le he visto la cara al conductor del autobús. La máscara que usa no se separa de su cara. Aunque, hoy, reconocería esos ojos seguros y amables en cualquier parte.

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El Portillo. O como mirar de nuevo.

No recuerdo cuando fue la primera vez que vi El Portillo. Poca diferencia debería haber de la fotografía que he escogido. Si recuerdo la última: hace una semana. Pasé por allí y vi la casa de la derecha derrumbada, los andamios sujetando la estructura, la diferencia entre la casa encalada que se ve a la izquierda de la foto a la ruina que hay ahora. Empiezo a pensar en lo que había antes, lo que hay ahora. Mi esperanza es que dentro de unos meses, quizá dos años como mucho, El Portillo esté mucho mejor que en la foto. Que será difícil pero no imposible.

Me siento muy identificado con mis padres. Cuando andábamos por Priego y echaban de menos sitios, o lugares. Cuando miraban calles, paisajes, y en la cara se les formaba una mueca de dolor. Como un pinchazo de recuerdo. Una lástima que se le metía en el cuerpo. Que intentaban olvidar en breve, por que amargarse por el paso del tiempo no deja de ser una estupidez. (Si ves que no pasa es cuando hay que preocuparse.) ¡Si! A veces paseando por Córdoba, a mis taintantos muchos años, miro las calles, los paisajes, y la misma mueca aparece en mi cara.

Me gustaría saber como recordarán los sitios, que a mi me encandilaron, otras personas. Pero aún queda tiempo para echar de menos lugares, aun queda tiempo para conocer mas y que cambien. Queda tiempo, cada vez menos, pero lo suficiente.

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Dogs of Berlin.

Fútbol, neonazis, bandas turcas y policías corruptos. Lo mezclas todo en una serie y le pones un nombre sugerente como “Dogs of Berlin”. ¡Oye! Y pones a unos cuantos guionistas decentes y te sacan un pedazo de serie.

Desde el principio ya te llama la atención los títulos: Tarjeta Roja, Derbi, Prórroga… todos relacionados con el fútbol que es el inicio de la serie. Un policia con un pasado chungo y un presente en el que se le ve hacer mas equilibrios que la Comanenci en Montreal. El tipo a veces con mucha suerte y otras con menos pero con unos amigos que le apoyan va saliendo al paso de todo lo que se encuentra. Manipulador nato que nos mete en sus chanchullos y nos tiene en vilo hasta el final de la serie.

Dogs of Berlin es una de esas series que no necesita una segunda temporada pero que si la ponen… Que cuenten conmigo.

 

Y está en Netflix. Vamos que no sé como esta serie no corre como la pólvora y no se habla de ella. POr mi parte va recomendada. Espero que la disfrutes.

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4 personajes.

Ayer, Rafa, leyendo algún tweet, me preguntaba por los cuatro personajes ficticios que representaban un mundo para mi. Lo que deberían haber sido cuatro a él le salían lo menos setenta y tres. De los que recuerdo eran, por su puesto: Spiderman, Dante (de Devil May Cry, no os vayais a pensar como me ocurrió a mi la primera vez que empezaba a hablar del tipo de la Divina Comedia), Ezio Auditore y Solid Snake. Aunque luego, cayeron nombres como Batman, Raphael (el de las tortugas ninja), Tim Drake (tercer Robin), incluso DareDevil.

El caso es que me obligó a pensar en cuatro personajes que para mi hayan sido una referencia. Primero empecé a pensar como él, en juego y comic y me costó dar con uno en concreto pero después lo trasladé a los libros y… ahí me perdí. ¡La virgen solo cuatro! Pero… que no se diga, mas o menos conseguí encontrar esos cuatro, tampoco es que fuese a salvar solo a ellos y los demás se evaporasen, para nada. Así que voy a escribir de esos cuatro personajes ficticios que han representan un mundo para mi. Empiezo.

Tarzán.

No se si has leído algún libro de Edgar Rice Burroughs, al tipo se le va la pinza con sus relatos de ciencia ficción. Marte, Venus, te coge un cohete te manda al espacio y cuando llevas medio libro te preguntas: ¿qué se metía este tipo para sacar esto relatos? Pero Burroughs, no confundir con William sobre todo si quieres regalar algún libro entretenido para algún niño, puedes traumatizarlo de por vida, además creó uno de los personajes que mas me gustan: Tarzán.

Tarzán es el tipo valiente, el ingenuo que con su fuerza se hace el rey de la selva, el que sale de todas las aventuras que le plantea Edgar con tesón, y, casi siempre, con la ayuda de sus amigos de la selva. Monos, elefantes, tribus aliadas, algún truco que guardaba en la manga (bueno en la manga no), estampidas y un conocimiento de la naturaleza y el entorno hacen que Tarzán sea el Rey. Ni los leones le hacen sombra. Tarzán es la como la naturaleza que le rodea, fuerte, maleable pero tan insistente en su avance que al final termina ganando aunque su ingenuidad le haga caer en trampas de niño. Tarzán es Felix Rodriguez de la Fuente explicando entornos y haciéndose amigo de animales salvajes que resulta que no lo son tanto, es Jacques- Yves Cousteau metiéndose entre tiburones en cualquier mar para que aprendamos a amar no solo lo bonito de la tierra, también lo que no nos gusta. Tarzán es salvaje, ingenuo, y, por su puesto es Weismüller que se lleva de calle a Maureen O´Sullivan. Tarzán es Greystoke gritando: “Padre, madre, familia”. Es Disney y sus encantadores bichejos que nos encandilan con canciones. Tarzán es un mundo, un personaje al que solo puede querer.

 

Sherlock Holmes.

Por todo lo contrario me encandila Sherlock. El detective es la sagacidad personificada, la inteligencia, la curiosidad y el detalle, es el urbanita inquieto, químico y drogadicto ocasional (aunque de lo de la coca nos enteramos al leer a Conan Doyle, no antes, y en las últimas películas.) Sherlock es alto, flaco, con nariz aguileña, buen boxeador, sin ser fuerte. ¿Entiendes por que me tiene que gustar? ¡Es que yo me veía en Sherlock! Irónico hasta decir basta, un puntito cabrón que a veces se le va a un puntazo. El detective, o asesor, como aparece en la mayoría de historias, fue mi primera opción cuando Rafa me preguntó por los cuatro personajes. Aunque lo he puesto por orden cronológica y el Holmes sería mi número uno. ¡El imprescindible!

Desde Basil Rathbone, creo que fue mi primer Holmes, me ha entusiasmado todo. Lo he leído hasta en inglés, no recuerdo ningún comic de Holmes pero los dibujos animados que han hecho de él, siguen siendo estupendos. Muy buenas las películas de Jeremy Brett, o las versiones de Rober Downey Jr., el Holmes maduro de Ian McKellen, la serie, Elementary, incluso puedo tolerar ese detective que se sacó Garci en “Madrid´s Day” en un viaje por españa. Luego, por su puesto, esta Sherlock (¡por Dios que buena es Sherlock!). A Benedict Cumberbatch solo le falta la nariz aguileña para clavar a Holmes.

El personaje no ha sido un mito que se quedó en el pasado victoriano. Se ha ido actualizando con los años pero sin dejar de ser el mismo. Reconocemos a Holmes en los actores que lo han ido llevando hasta nuestros días y se lo tenemos que agradecer enormemente.

Con Sherlock están todos esos personajes inteligentes, rápidos, detectives y espías que me han hecho pasar tan buenos ratos. Arturo Andrade, Bevilacqua, Antonia Scott o cualquier libro de Agatha Christie, James Bond o Bourne. Sherlock es el personaje que mas me gusta.

Henry Chinasky.

Si los dos personajes anteriores podían ser un ejemplo a seguir, mas o menos, Chinasky es todo lo contrario. El alter ego de Bukowski es un antihéroe. Alcohólico, mujerigo, perezoso, jugador, escritor y antisocial. (Bueno, quizá lo de escritor se pueda salvar.) Hank Chinasky es todo lo que no queremos que sean nuestros hijos y que, a veces, nos identifica. Quizá por eso tanta gente sigue encandilada con Bukowsky.

Chinasky es un personaje literario, iba a cometer el error de poner exclusivamente, que al trascender se convirtió en cinematográfico e incluso algún comic hay por ahí. (Yo solo tengo uno: Bukowski Shultheiss.) Barfly, Factotum u Ordinaria locura se encuentran entre las películas que no hacen méritos para los libros de Bukowski aunque entretengan. 

Chinasky no es un personaje que se haga querer, al contrario. Si te pilla en una etapa de vida de bajona puede ser un excelente aliado. Siempre hay alguien con una calidad moral por debajo de la tuya. Y eso reconforta. Además de enseñarnos un pozo al que no queremos llegar. Nos gusta contemplarlo desde arriba Quizá por eso, además de por su cultura musical y literaria sea un personaje al que salvaría y es difícil de olvidar.

Con Chinasky están todos esos personajes marginados con los que alguna vez también nos sentimos identificados como Ignatius Reilly, Arturo Bandini, Henry Wilt o incluso tan españoles como los personajes de la Colmena, algún triste y santo inocente de Delibes o incluso Lázaro de Tormes. No puedes dejar de ser quien eres y estos personajes, desgraciadamente, nos lo recuerdan de vez en cuando. Quizá por eso, aunque a veces reneguemos de ellos y se hagan aborrecibles, también llegan a ser entrañables. 

 

Alatriste. 

Diego Alatriste y Tenorio es también uno de mis personajes favoritos. Buscaba un personaje español, me había dado cuenta que los tres anteriores eran foraneos y… ¡coño! Tendría que poner alguno nacional. Y entonces… llegó Alatriste. 

El soldado de los tercios con mas valentía que celebro es totalmente representativo de una España que, a veces, se nos hace muy actual. Una ideología de honra y fidelidad a causas perdidas o difíciles de defender. (¿O no me negareis que seguimos viendo en redes sociales a personas defendiendo lo indefendible? Por uno y otro bando.) Alatriste es ese amigo que se dejaría matar por ti pero también te mataría si la ocasión faltase a alguna de sus normas infranqueables. Sirve a un hijo de puta pero lo sirve bien. Si al día siguiente toca asesinarlo en un callejón por que ya no es su señor… se asesina y santas pascuas. Si fuese gabacho habría escogido a Dartagnan y sus tres amigos como personaje, fijo, pero ya digo que quería uno mas de aquí. Alatriste es aquel bandolero que leía de pequeño: Cartoche y el que veía en la tele, Curro Jimenez. Tiene la habilidad de Scaramuche, Alonso Contreras, Capablanca. Un inconformista que va tragando sapos y culebras por una lealtad a una patria y a un rey al que no le debe nada pero se lo ofrece todo, solo por que es lo que toca hacer. 

Diego Alatriste es amigo de intelectuales y de truhanes a la par. A veces hasta en el mismo momento. De realeza y bastardos que como él matan por dinero si se tercia. Volviéndose voluble ante algunas injusticias y practicando otras. Un personaje egoista que sin embargo cuida del hijo de un amigo fallecido. Una contradicción en si mismo, que es lo mas español que hay. 

Y es que a veces no queda otra si no batirse.

 

 

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¿Falta mucho?

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