Bravucones.

Yo aún no iba al colegio, así que para mi era un día igual que otro pero con televisión por la mañana en vez de la carta de ajuste.  Estábamos muchos en casa de Rosario, y parecía que lo que ponía en la tele era importante. A mi me gustaba ver a tantos soldados desfilando, eran como mis muñecos pero ellos se movían mejor. A ellos la escopeta, aún no distinguía de armas, siempre le caía en las manos.  Los mios difícilmente se mantenían en pie. Si, estaba bien aquello de tanta gente reunida frente a la televisión. Es el primer recuerdo que tengo de ella.

Ayer, sin embargo, no fue un día especial. No hubo nadie alrededor de la tele por la mañana. Todo el mundo estuvo trabajando como un día cualquiera, bueno, menos en Córdoba que era San Rafael y había perolada. No había desfile militar, ni jefes de estado, no había reyes cuando sacaron de su tumba al mismo tipo que enterraron aquella vez. Sin embargo seguía manteniendo a mucha gente expectante. A mi, que como cuando era pequeño, ni me iba ni me venía, me lo metieron con calzador. No vi la tele pero internet no paraba de enviar videos, imágenes, el seguimiento completo del ataúd. (La mejor crónica sin embargo fue de @ElMundoToday.)

Sinceramente… no lo entiendo. A ver, puedo entender que quieran sacar a un jefe de estado de su tumba y llevarlo a otro sitio, y mas cuando ha sido un estado dictatorial, pero para eso se hace una ley, se vota en el congreso, todo el mundo de acuerdo o al menos una mayoría se exhuma con los funcionarios de turno y se le lleva a donde decida la familia. Hasta ahí bien. Hacer que eso sea un triunfo lo veo un poco vergonzoso. ¡Si ya esta muerto! Puedes ir y mearte en la tumba si quieres, no lo veo bonito pero si tanto rencor tienes no te cortes. Eso sí, atente a las consecuencias que para eso hay leyes.

A mi, lo que ha estado haciendo el gobierno con este tema, me recuerda un poco a cuando era niño y subía con mi hermana a la habitación de salar en casa de mi abuela. Después de la mantanza el cochino estaba expuesto, despiezado, con la careta encima de un montón de sal y nosotros nos acercábamos con una de las varas de las aceitunas . Entonces nos envalentonábamos y  le dabas con ella  en el morro. Daba un poco de miedo aún, sobre todo cuando iba cayendo la noche. Pero nos creíamos temeriarios, casi, enfrentándonos a un cerdo que estaba más que muerto.

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Una respuesta a Bravucones.

  1. María Dolores Gil dijo:

    Muy bien traído el símil.

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