Cinco y media.

Ruido en la habitación. A mi lado una ventana se abre, una persiana se levanta. Alargo la mano. La pierna que toco me es conocida, la acaricio.

– ¿Que haces? – Pregunto somnoliento.

– ¡Tengo calor! A ver si corre algo de aire.

Gimoteo un poco, aún no se si por que me ha despertado la luz de la farola del parque que me da de lleno o por que se va la pierna que acariciaba.

– ¿Que hora es? – Le pregunto mientras me estirazo en la cama.

– Cinco y media.

Siento el algodón de su camisón rozando los dedos de mis pies. Se acuesta y me pego a su cuerpo.

– ¡Quita, quita! Con el calor que desprendes. ¡Echa para allá!

Me vuelvo a mi lado de la cama. La farola del parque me lanza sus rayos luminosos justo a los ojos. Los cierro pero parece que no hay manera. Traspasan los párpados. A mi lado la respiración pausada que anuncia un nuevo sueño. Cojo el móvil para certificar que era cierto lo de la hora. Teóricamente aún tengo una hora mas de sueño hasta que el despertador me obligue a levantarme. ¡Teoricamente!

Las otras opciones son… Bueno, ya ves cual he elegido. Ponerme a escribir que no puedo dormir.

 

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