El Viernes.

Los custodios del Yacente, es decir, de Cristo muerto y sepultado, somos sin duda, criaturas de otro tiempo, no puedo afirmar si pasado o futuro, donde el culto a la muerte formase parte natural de la crianza de los hombres, hombres que se saben duros y quieren cumplir escuetamente como hombres, esos seres que no conocen más destino que la muerte y que admiran de Dios, sobre todo, el hecho de que se hiciera hombre precisamente para morir. Un Cristo torturado, agonizante o muerto, el madero de sus despojos, la corona de espinas, el recipiente de su sangre…, estos son los símbolos del Dios que amamos.

Por que nunca un hombre es más hombre que cuando sirve a un señor muerto, nunca es más libre ni más generoso. Y nunca un señor es más señor que cuando ya muerto, aún es servido. La muerte da sentido a la vida. Y la Pasión da sentido a la muerte.

No obstante, escatológicas disquisiciones aparte, Dios decidió realmente que su hijo muriera por todos nosotros cuando se lo imaginó, transcurriendo la primavera de las Españas y, singularmente, la de Andalucía, en un paso de Semana Santa.

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