Semana Santa 2018

Me gusta la semana santa. Me gusta tanto que casi todos los año, creo que todos, he hecho una entrada de como la he disfrutado. Este año se prometía una semana de lujo. Tenía vacaciones y podía disponer a mi antojo de todo ese tiempo, cuatro años esperando un dos mil dieciocho para no tener que hacer cambios en el trabajo, para poder disfrutar de las procesiones sin prisas, sin pensar en que había que levantarse temprano a currar, o sin poder ver las salidas por que te lo impide el horario laboral. ¡Nada! Este año… prometía.

Pero… como dice mi madre: Uno propone y Dios dispone. Y Dios dispuso que este año las procesiones las viese a trompicones desde el canal de la televisión municipal. El viernes de dolores me instalé con mi madre en su casa y nos estuvimos haciendo compañía hasta el jueves santo. Entre medias paseos, prepara comida, limpieza, hospitales y una visita que me vino muy bien de mi prima M.

Hay un pequeño paréntesis de 36 horas en Priego. El Jueves Santo a medio día desembarcamos unos pocos en la casa de mi hermana. Sobrin@s, hijo, mi hermana y mi madre tomabamos la casa. Durante unas horas aquello parecía una Semana Santa de las normales, de las de siempre. Pero no era así. Faltaba gente. Faltaban mis otras hermanas que se quedaron cuidando a mi padre en el hospital, faltaban sobre todo ganas de estar allí.

El agua dio un respiro el jueves y la Columna salió sin problemas. El cansancio, y sobre todo la necesidad de llevar una rutina en casa hicieron que nos acostasemos pronto y no viese ninguna procesión mas.

El viernes Santo comenzó tarde. Sin saber si el Nazareno saldría o no. Al final salió, una cosa rara ya que la barbaridad de algunos imbéciles, y la falta de decisión de otros, hicieron que saliese a la calle con un aguacero. Ni siquiera llegó a pasar del Paseillo y volvió a San Francisco. ¡Una vergüenza lo de este año el viernes Santo!

La bendición la vi con Gonzalo, mi sobrino pequeño desde el bar del Ambigú. Después… descanso, ducha y preparación para salir en mi procesión. Este año salía con Hugo, si madre le había cedido la túnica pero… ¡tampoco! En la iglesia solo vi a una niña pequeña llorar por no salir. Creo que los demás lo teníamos asumido, no iba a ser que el agucero también nos pillara a nosotros y no hay ni ganas ni necesidad. Después de un rato en la iglesia disfrutando de los pasos cogí el coche y me volví a Córdoba.

El sábado empezaba a trabajar y el domingo, durante todo el día estaría trabajando. Terminar de morirse en un domingo de resurrección.

¡Si! Ha sido una semana santa rara. Peculiar. Pero desde luego no para olvidar. Y si lo hago… aquí se queda.

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Sin categoría. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

w

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.