La Alhambra.

Llegó por la tarde. Una de esas señoras morenas, agitanadas, con un escote donde cogen desde escapularios del gran poder hasta navajas albaceteñas. La atiendo con una amplia sonrisa.
– Buenas tardes ¿Que desea?
La señora colocando su pecho en el mostrador de información y mirandome con cara de madre me contesta:
– ¿Ondestaelautobusdelaalhambra?
– … ¿? ¿La Alhambra?
– Si ¿ondesta? ¡Eldelasochoniño!
– ¿A la Alhambra? ¡No! Había uno a las siete pero para Granada. Ninguno va a la Alhambra.
– ¿Comoqueno? ¡Yotengoelbilletepalaalhambra! ¡Alasocho!
– ¿Me deja ver el billete?
Entonces la señora se mete la mano en su escote hasta el codo y saca un billete de autobús calentito, calentito. Me lo pone en la mano y mee vuelve a preguntar.
– Ves… ¿ondestaelautobusdealambra?
– Si… ¡Ya! En la dársena 23. Para La Rambla.

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