Barcelona

Miro el móvil: 62 mensajes en el grupo de la familia. No es sorprendente porque somos un montón en ese grupo pero normal tampoco. Le echo un ojo esperando ver las fotos de las manualidades de alguna prima, las carantoñas infantiles a los últimos agregados familiares, o la discusión sobre algún tema político. Nada de eso. Desde Barcelona una de mis primas avisa sobre las cinco y media que están bien. Que en La Rambla ha habido un atentado con una furgoneta y que hay un muerto y al menos veinte heridos. No hay conversación como otras veces, solo noticias y muchos insultos. Hijos de p*** (mi prima Carmen no dice tacos pero lo piensa, de ahí los asteriscos), cabrones, cobardes, no hay reparo en usar cualquier término para los tipos que han arrasado (iba a escribir arramblado pero no es el momento de gracias) por la avenida con todas las personas que se han encontrado en su paso. Leo los avisos de la policía, la matrícula que buscan, la alerta y las movilizaciones que hay en Barcelona. Leo los mensajes de otro de mis grupos, en él hay un amigo que es guardia civil, está indignado, cabreado, se ve impotente ante la situación. Dan ganas de reconfortarlo por que sabemos que a veces, como a todos los que trabajan en seguridad del estado, les ha llegado una mala experiencia. Una de esas que cambia el concepto que tenías cuando hiciste el examen de oposición para ingresar al “cuerpo”. Otros hablan de no salir, de quedarse en casa, de no andar por sitios transitados. Me niego. Me niego a ir asustado por mi ciudad, por mi pais. Me niego a que unos desalmados me intimiden, a que me hagan aborrecer una raza, o una religión solo por que algunos hijos de puta (yo no soy como mi prima Carmen) intenten meter el miedo a media España, a medio Mundo, porque esto no es cosa de unos pocos, pero desde luego no es de todos.

Ya fuimos victimas de uno de los ataques terroristas mas grandes del mundo aquel 11 de marzo. Hemos visto caer en directo las Torres Gemelas, fuimos Charlie, y el puente de Londres, ahora ha sido Barcelona (esa a la que le hemos dado tanta caña ayer mismo en la Supercopa) la que ha sufrido el ataque y como si fuese una pelea de familia todo lo que la hemos puesto a parir se queda atrás. Barcelona hoy es mi ciudad.

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