El Toro.

Cuando desperté el toro no estaba allí.
torovisos

Abrí los ojos. Seguía con la cabeza descansada en el asiento trasero del ochocientos cincuenta. Desde la ventanilla ya no se veía el cielo, ahora los pisos altos eran los protagonistas. Me incorporé y en ese momento un semáforo se ponía en rojo. El frenazo me hizo adelantar mi cuerpo casi a la altura del conductor.

  • ¿Y el Toro? – Pregunté casi gritando
  • Estamos llegando. Nos lo hemos pasado.
  • ¡Pero te dije que me despertaras! Que quería verlo. – Le dije haciendo mohines a mi padre que ahora me miraba desde el retrovisor.
  • Siéntate bien.
  • ¿Pero por qué no me has llamado?
  • Venga, no te preocupes. En vez de irnos por el centro nos vamos por la ribera y puedes ver las vacas.

¡Como iba a ser lo mismo! Hasta que pasamos por el Guadalquivir no se me diluyó el enfado doble que llevaba. Primero por haberme dormido en el coche y después por que no me despertara. ¿Que le costaría? Un aviso: el toro. Y seguro que me hubiese puesto con los ojos como platos para verlo. Pero no… siguió conduciendo y no dijo nada. O quizá lo hizo pero yo no me enteré. Quizá el cansancio pudo mas que la ilusión.

 

 

Han pasado muchos años desde ese viaje. Ayer el encargado de despertar era yo.

  • Rafa… El encierro. Faltán dos minutos.
  • Ummhhh- Me dice mi nene desde la cama.
  • ¿Te vas a levantar? Si quieres lo vemos aquí en tu habitación.
  • Nnnno…  Afoy.

Entonces voy al salón. Sigo viendo el programa del segundo encierro de San Fermín y a las ocho y cuarenta con legañas y ojillos perezosos empiezan a recriminarme.

  • ¿Por qué no me has despertado?

Y recuerdo que por ahí ya había otro toro. Que destrozamos las ilusiones sin darnos cuenta pensando que sabemos lo que es mejor para las personas que cuidamos. Pero a veces nos equivocamos.

Hoy, con triple despertador, hemos estado viendo el cuarto encierro. En la cama, cantando como cuando era pequeño eso de: “A San Fermín pedimos…” Viendo a los de Fuente Ymbro en una carrera limpia y recordando vía internet aquel otro en el que se los toros se quedaron en la puerta de la plaza. Y es que es mucho mas difícil ilusionarse con algo que  descansar.

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