Semana Santa 2017

Tengo que reconocer que este año terminar esta entrada es mas una cabezonería que ganas de escribir. Desde hace años cae un post de Semana Santa en este blog. Unos con mas pena que gloria pero casi todos con un poco de ilusión. Este año no es el caso. Este año he ido recopilando, mas o menos, lo que he hecho durante esos días de procesiones y debería ser mucho mas fácil. Pero parece que no. Que no lo es. El caso es que este mes de abril empezó fatal. El Viernes de Dolores, después de una larga convalecencia, falleció mi tío. Aunque las cosa pintaban mal desde hacía unas semanas la esperanza nunca termina de perderse. Y piensas que este año no toca pero el que viene seguro que nos volvemos a encontrar todos, como muy tarde, en el Palenque esperando el paso redoblao. Pero no. Ni este ni ninguno más. Quizá por eso también me ha costado asumir que mis padres se quedaban en Córdoba. Creo que desde que nació mi sobrina Lola no habían faltado. El caso es que se presentaba una Semana Santa que no traía las ganas de otros años.

Sábado 8.- La mañana me la paso trabajando, por la tarde mis hermanas y mis padres volverán del entierro en Priego. Antes me da tiempo a llevar la túnica a casa de mi hermana. (Este año ha tocado limpiarla y plancharla en Córdoba.) Llegan cansados del viaje. A mi padre el anuncio del fallecimiento de mi tío le sienta fatal. Hace años que le afecta de manera considerable el fallecimiento de los demás. Como si todo el tiempo que hubiese pasado con ellos se lo arrebataran y pierde una cantidad de horas, de días, que lo hacen parecer mas mayor aún. Mi madre pregunta de vez en cuando. Hay algo que no le cuadra, pero no da con ello. Tiene la sensación de que ha sido un allegado y te pregunta ¿quién ha muerto? Le respondes. Entonces traga saliva, se le humedecen los ojos y mueve la cabeza. A mi madre las defunciones no se le notan tanto como a mi padre. Ella lo lleva mas escondido, pocas veces la he visto soltar una lágrima en un entierro. Luego lo olvida pero sabe que algo no está como debería y al poco vuelve a preguntar. Y ella vuelve a recordarlo, y tú también. Y mi padre, que está al lado y se hace el dormido, también. Cuando salgo de su casa voy a ver a mis hermanas. Terminamos con una tacita de caracoles reparadora, que no quita el mal sabor de boca. TAnManAzul

Domingo 9, domingo de Ramos.- Salgo a las tres de trabajar y me voy a comer con mis padres. Por la tarde mas de lo mismo. Mi madre sigue preguntando, mi padre durmiendo, o haciéndose el dormido para no hablar. Nos vamos a misa y llegamos pronto, estar sentado dentro de la iglesia mientras van llegando feligreses te da un poco de paz. . Tardamos en volver a casa. Mi padre deja de tomar cocacolas y se pide una copa de vino. Yo le acompaño. Me habla de sus hermanos, de  mis tíos, de gente que ya no está y lo hace con la voz rota, con los ojos vidriosos. Después de cenar vuelvo a casa.  Tengo la intención de ver la Esperanza y cuando me dirijo al Bailío tengo una llamada. ¡Las pastillas! He olvidado reponer todo el pastillero de los dos y regreso a casa de mis padres. Cuando vuelvo a salir del piso es tarde. Me voy a casa despacio, con ese paso de dolorosa semanasantera que se hace eterno pero intentando disfrutar de la noche. Solo al pasar por la espalda del cementerio de la Salud, cerca de casa, es cuando recupero presencia y miro los árboles, los cipreses como si fuese la primera vez.

Lunes 10, Lunes Santo.-  Aunque sea santo, el lunes es un puto lunes. Me toca en información, hay gente, mucha gente. Un ratito para comer a la carrera y voy a casa de mis padres. Nos vamos de paseo y mi padre se empeña en ir a misa. ¿Otra vez? Si, otra vez. Lo tiene claro. Vuelve a recordar a sus hermanos, a mis otros tíos y quiere volver a escuchar una misa por ellos. Mi madre no lo contradice, pero se extraña. ¿Se ha muerto la tita Servanda, no? Si, mamá pero en enero. El tito Antonio fue quien murió el viernes. ¿Y a mi por qué no me habéis dicho nada? Mamá si tú has estado en el tanatorio y en la misa. ¿Yo? ¡Anda, anda! Las preguntas de mi madre duelen solo las veinte primeras veces, luego ya tienes la respuesta adecuada y solo hay que repetirlas una vez y otra. De todas esas veces que las repites ya ni molestan pero a veces, sin venir a cuento, el corazón te da un pellizco y la punzada de la respuesta molesta mucho. Es de noche cerrada cuando me voy a casa y me encuentro con Diego. Veo la puerta abierta para tomar una cerveza pero no está por la labor. Antes de volver a coger la bicicleta y seguir rumbo a casa recibo una llamada. En San Pedro parte de la familia están en una terracita. ¿Casa, terraza? ¡Bah! Me voy a ver la Estrella a San Fernando con mi hermana. El lunes se arregla a última hora.

Martes 11, Martes Santo.- Mal día. La tarde se vuelve tediosa. Me encanta el calor pero…¡Coño, que estamos en abril! ¿30º? Mi padre está en “plena forma” el paseo se alarga y somos capaces de hacer tres kilómetros en hora y media. Después de estos paseos me veo en plenitud de facultades para aguantar una procesión con paso corto, para aguantar el ritmo lento de las Angustias. (Aunque este año no vayamos detrás de ellos. ) En casa hay varias películas para ver, no hay ganas. Aún así termino acostándome a las tantas. Voy acumulando mucho sueño.

Miércoles 12, Miércoles Santo.- Sigo con la rutina. NO hay semana santa. Del curro a casa y de nuevo a ver a los padres. Cambio las procesiones del miércoles por hacer la maleta. El sueño se hace el dueño en el piso pero sigo sin poder dormir antes de las doce y media.

Jueves 13, Jueves Santo.- Es fiesta. La bicicleta se queda en casa. El autobús tarda en llegar y la maleta va ligera de ropa pero pesa como si llevase el cansancio, el sueño y IMG_0496todo el malestar de los últimos días. Una mañana en el curro y cuando llego a casa de mis padres Mariola tiene preparado un salmorejo que “quita el sentío”. Después de ver Rey de Reyes en el Canal Sur nos vamos a ver La Santa Cena desde el balcón de Cheli. Mi madre sigue preguntando: ¿Y este año no vamos a Priego? No, mama. Le miento, aunque ya no duele tanto.

A las nueve sale mi autobús para Priego. Irene y Hugo me acompañan. Todo el cansancio se va quedando en las curvas de la carretera. Llegamos y las primeras procesiones nos las encontramos en la calle. Aprovecho que aún quedan algunas horas para el viernes y me dedico en cuerpo y alma a asaltar la nevera.

Viernes 14, Viernes Santo.- El viernes es muy largo. Sobre todo si empezamos a contar desde la una de madrugada que salen los Dolores. Mi nene es mas listo que yo y a esa hora ya está durmiendo en la casa, yo no, yo me voy con mis sobrinos a la calle. ¡Por fin Semana Santa! Algo bueno tiene por fin tanta calor. A las cinco de la madrugada en el Calvario no hace falta ni rebequita. Antes de dormir pasamos por San Francisco para ver al Nazareno.

No son las ocho y ya hay movimiento en casa. Los niños se van a ver poner el Nazareno en el trono, los humanos como yo seguimos durmiendo dos horitas mas. Para ser tan “peculiar”, mi nene se ha amoldado muy bien a las rutinas de Priego. Vamos a ver salir el Nazareno y después seguimos el recorrido. De vez en cuando ves a alguien que te suena, algunas veces lo saludas, otras… otras te has equivocado y esa persona que creiste ver, la _MG_3474que te deja con la mano casi levantada ya no está. No es ella. Paso redoblao, cerveza en Reyes, subida del Nazareno por la “vereillas”, Calvario, cerveza en la Peña, calle Amargura, calle El Río… El viernes santo y sus costumbres que este año han pasado un poco de soslayo. Sin la motivación de otros. Quizá sabiendo que las etapas se acaban y esta está llegando a su final. Dos, cinco, siete años… pero sin la ilusión de antes.

Mi procesión cambia el recorrido este año. Me acompaña Hugo que tiene la túnica de Mariola. Ni siquiera la forma que tiene de mirar, todo es nuevo para él, me hacen fijarme en otras cosas. Es “curioso” el recorrido de este año. Tiene imágenes preciosas en la Cruz de la Aurora, al lado del castillo, y por supuesto la calle Tercia, perdón, Virgen de la Soledad. El viernes Santo se acaba con un poco de polémica en el cruce con la procesión del Descendimiento pero casi mejor… un poco de vidilla. (Quizá no habría estado mal unos cirios volando hacía las cabezas.)

Sábado 15, Sábado Santo.- El día que todo el mundo recoge. La casa termina quedándose solo para Cheli y para mí. Ni Rafa decide quedarse. (Cosa que me jode pero entiendo. ¡Con 16 años, que quiero?) Por la tarde nos da por curiosear y vamos al hotel nuevo, cae un café en el Águila y… ¿vamos a ver si está Emilio o Chari el de Concha? Y nos vamos para allá. Lo menos dos horas de charla con Chari y su marido. Yo no he tenido mucha relación con ella, ni con los hijos de Concha. Son todos mas mayores que mis hermanas y solo sé que en casa se les tiene mucho cariño. Me entero que cuando mi madre estaba embarazada de mi estaba deseando tener un hijo. ¡No me lo esperaba! Mi madre siempre nos ha tratado a todos por igual, quizá a veces se le ha visto el plumero y a alguna mas igual que a otra, pero desde luego no podía pensar que mi madre estuviese deseando tener un nene. Luego lo ha disimulado muy bien. (O será que no salí como ella esperaba.) Quedamos con mi prima Charo, que los tres formamos el reducto de lo que queda de Semana Santa, y nos vamos a cenar por ahí.

Domingo 16, Domingo de Ramos.- Mi intención era ir a ver la “Pascua de los moraos” en Carcabuey pero terminamos por decidirnos y ver el Resucitado en Priego. Terminar las sobras de toda la comida que hay de estos últimos días y volver a Córdoba el domingo _MG_3511por la tarde. Sin prisas nos despedimos de Charo. En la solapa de la camisa blanca, este año la ropa iba justita, llevo el clavel de Las Angustias. (Que ha terminado secándose junto al libro de Whitman.)

Me ha costado terminar esta entrada así que no voy a darle mas vueltas. Si encuentras muchas incoherencias, y te pierdes, que será lo más fácil no me lo tengas muy en cuenta. Al fin y al cabo, esta entrada no es para ti, es para mi.

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4 respuestas a Semana Santa 2017

  1. Jul dijo:

    Yo diría que en tu caso es mas bien un año malo que el final de una etapa. ¡Ánimo!

  2. martinhalley dijo:

    Pues nadie dijo que fuera fácil, pero te puedo asegurar que podría ser peor. A mí esos días me ponían triste, ahora cierto costumbrismo me reconforta por algunos recuerdos o cuando andas descreída de todo… Por cierta paz. Pues no que al final me va a gustar!

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