El vecino.

– ¡Vecino! – Me saluda.

Entonces se acerca. Nos hemos visto otras veces y ya distingue mi cara. Me dice que ayer encontró una rebeca al lado de nuestros pisos y que la colocó en el banco que hay en frente. Todo esto lo hace mientras me tiene cogida la mano y de vez en cuando vuelve a agitarla como si renovase el vínculo vecinal. No para de sonreir mientras habla. Me recuerda que llevamos tiempo sin vernos y que estaba dando un paseo por las calles del barrio. Entonces, como las otras veces mira a un lado y a otro y en un tono mas bajo me dice que iba a tomar un café pero que no ha traido dinero, que si podía dejarle uno o dos euros para tomar uno. Le digo que no, le miento y le digo que me pilla sin dinero, que estamos a fin de mes. Y él, sin perder la sonrisa, me suelta la mano, hace una  mueca resignada y sigue andando.

– ¡Venga! Nos vemos. -Le digo.

Y antes de dar cuatro pasos, a mi espalda vuelvo a escuchar:

– ¡Vecino!

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