Pepe Pinto.

Por fin se cierra la puerta. Las prisas, las voces, el choque de butacas y sombrillas. mi madre, mi hermana, los niños, todo el stres se va a la playa y me deja el piso en paz. Para disfrutarlo. Mi padre duerme en un sillón del salón ajeno a todo el barullo que se ha formado antes. Pero ahora con el sonido de la puerta abre un ojo, como cerciorandose de que ya puede salir de su letargo, que no hay moros en la costa. Mientras, busco el libro electrónico, la tablet, el móvil, el cuaderno y el bolígrafo. Lo alineo todo en la mesa de la terraza. El ventanal es impresionante. Tengo el faro y medio paseo marítimo a un golpe de vista. Conecto Spotify y empiezo a leer.

  • Cusha… ¿Esa es la radio que pusiste ayer?
  • Si, papa. El Spotify.
  • ¿Y dices que puedes poner lo que quieras?
  • ¡Si! Si lo tienen. ¿Quieres algo?
  • ¿Tú sabes quien es Pepe Torres?
  • ¿Pepe Torres? ¡Ni idea! A mi no me suena. Si es del año la tana lo mismo no está.

Empiezo a buscar en Spotify a Pepe Torres.

  • Pepe Torres, el Pinto, tenía un bar en la Plaza del Buque. – Y entonces hace un gesto con la mano. Como si fuese a arrancarse en un tablao y empieza a cantar.

No aparece Pepe Torres, intento localizar Pepe Pinto y entonces si. Un tipo de los años treinta y cuarenta. Imagino que lo que canta mi padre es una de esas canciones y pulso una que se llama “Menos faltarle a mi mare”. Es la misma. A mi padre se le cambia la cara. La misma que ponen los niños cuando ven al rey Melchor en la cabalgata. Y a partir de ahí encuentro mi perdición.

  • Pues Pepe Pinto estaba casado con “La niña de los peines”. ¡Cantaba bien la niña! Era una gitana grande…
  • ¿Quieres que la busque papá?
  • A ver si está. – Me anima mi padre.

Y despues de “La niña de los peines”, vienen Juan de Mairena, Angelillo, por su puesto, Rafael Farina, La niña de la Puebla, que a mi me encanta, y un montón de flamencos. A algunos los conozco, otros no tengo ni idea. Ni siquiera Spotify tiene tanta variedad como pide mi padre. Parece que ha pasado solo un rato y de nuevo las sombrillas, las butacas que se oyen en la puerta. Vuelven a casa después de playa y va siendo hora de dejar la sesión musical. Pero mañana… mañana seguro que hace un día estupendo para que nos juntemos todos y vayan a la playa.

 

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