¿De que escribo?

Esto es uno de esos borradores que me he encontrado por el blog. No se si es que no llegué a publicarlo o lo hice con otro título. El caso es que no lo encuentro en este blog. Así que he decidido rescatarlo así, como estaba. Mas que nada por rellenar y… ¡que coño! Por que no doy con lo que quiero escribir hoy y este me ha resultado de gran utilidad.

¡El caso es escribir!   Ahí lo dejo.

 

 

 

    Cada vez que se ponía a escribir lo hacía con más restricciones. Primero no quería hablar mal de nadie, o al menos no quería hablar mal de aquella hija de puta que le fastidió la vida y con la que  tenía dos hijos en común. Dos hijos, como podía haberse dejado convencer para que aquella arpía le siguiera jodiendo la vida a través de los dos salvajes que venían a casa fin de semana si, fin de semana no, para vaciarle la nevera, cambiarle todo de sitio, destrozarle el mobiliario subiéndose encima de las mesas o simplemente atorarle el oído con una música que rebotaba en toda el piso. No… no quería escribir sobre eso, pensó.

Quizá… de aquella chica que conoció el mes pasado. Aquella que lo había llamado para tomar una copa y con la que estuvo una tarde y parte de la noche bebiendo cerveza para terminar en una cama perdida de Miralbaida. De lo difícil que le resultó encontrar un taxi a las cuatro de la madrugada para volver a casa. Taxi Libre. Se sonrió al pensar que aún no había comprado el disco que llevaba escuchando desde ese día que quedaron. Pero… tampoco podía. Había hecho un pacto, no escrito, al menos esta vez no estaba escrito, con la mujer que lo acompañaba últimamente. Algo así como, nos lo contamos todo y él le dijo que no podría cumplirlo pero ella le pidió que le mintiese y así lo hizo. Ahora no quería que ella se fuese de su vida y tenía que volver a limitarse con lo que escribiese.

Podía hablar de los excesos de los últimos días. De que el tabaco le había dejado una tos constante y que el primer cigarro caía dos segundos después de poner un pie en el suelo. Del susto que le habían dado los análisis del último año y como el colesterol seguía subiendo en proporción inversa a la cuenta corriente. Pero ahora, también su familia leía el blog y le echarían en cara lo poco que se cuidaba, los gastos desordenados y como no, el puto tabaco. Ya se había llevado a su padre a la tumba con un cáncer de pulmón como para darle otro susto a su madre.

El folio seguía en blanco y la televisión iluminaba el salón. Como era posible que allí, a pocos metros de él se encontraba una de las personas de la que más se escribía, de la que más se hablaba. Una persona que se había ganado tanta publicidad a costa de los demás. La miró con detenimiento, después se fijó en su impoluto folio y comenzó a escribir: Belen Esteban.

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