Semana Santa 2016

Este año, como casi todos, la Semana Santa estaba mas o menos organizada. Había dejado varias hojas libres en el cuaderno para no olvidar nada en esta entrada. El ajetreo de los viajes, las copas con la familia, el continuo trasiego de estos días suelen hacer que cuando hago recopilación de recuerdos para rellenar este post siempre haya alguno que se quede en el limbo de los recuerdos. (Y aparecen a deshoras.)

Entre los recuerdos previos, lo comento ahora que estoy tirando de esas páginas, están:

  • El nacimiento de Mario. El hijo de Daniel y Vanessa. ¡El segundo! ¿Quién iba a pensar hace tres años que nos iba a pillar en la Cruz Roja con el segundo pequeñajo?

Mario nos ha dejado sin San Patricio. Este año los irlandeses no han contado con nuestra colaboración para vestirnos de verde y aumentar las ventas de cerveza. Es lo que tienen los hijos y los peques, se llevan toda la atención. No hay santo ni fiesta que se salve.

  • No estoy nervioso, o muy nervioso, como aclaro en el cuaderno, para esta Semana Santa.

No estoy nervioso para los próximos días. Sin embargo consiguen que los días se alarguen. Conversaciones que ya he tenido varias veces vuelven a salir al retortero. Los cambios nunca se producen con la celeridad que esperan los que los demandan. Y quizá muy rápido para los que tienen que hacerlos. El caso es que la perspectiva de la Semana Santa que se acerca es un aliciente. No hay prisas, y hay ganas.

  • Gente nueva. Algo distinto. Llega la Esperanza.

Estamos a Viernes de Dolores. Algún que otro Cristo se escapa de la iglesia en plan viacrucis. El incienso, los cirios, el azahar se empiezan a mezclar en las calles. La Esperanza que llega no es esa idea en la que esperas algo bueno. (Esa ya estaba en casa.) Viene Esperanza, una amiga de Estrella y al menos la rutina de estos días anteriores se pierde un poco. Cena, quedadas con gente, paseos y lluvias con un tipo que empieza a hacer una barca enorme que parece que no trae nada bueno. Un fin de semana que deja a varias procesiones en la iglesia y a otras para centrifugar. ¡Empapaditas!

  • Se tuerce la Semana Santa.

_MG_2066El día 22 de marzo, martes santo, después de un lunes santo donde por fin pude ver una procesión, aparece un artículo en prensa denunciando a la estación de autobuses por el incumplimiento del horario en información. Los jefes se ponen las pilas y empiezan a actuar. Lo primero que hacen es jodernos el resto de Semana Santa, luego piensan en como justificarlo. Así que para cubrir un mínimo de lo que se debería nos ponen unos turnos partidos exagerados en los que nos limitan la vida a la estación y al baño. ¡Adiós familia! Mi programación de Semana Santa, los cambios, los viajes que tenía pendientes a partir del día 23, miércoles, se van al traste. La mala leche se me ha metido en el cuerpo y las procesiones de Córdoba se van a la calle sin que yo les eche cuentas, ni el martes ni el miércoles. Solo hay ganas de estrangular a alguien. ¡A joderse toca!

  • Manera de enderezar lo inderezable.

El jueves santo salgo del curro y me voy a Priego con el autobús de las 21:00. El viaje es entretenido. Benítez, el conductor, con su charla y una luna espectacular a la que vamos siguiendo deja estampas preciosas en la campiña y en los pueblos por los que pasamos. (Espejo y Baena estaban preciosos). He faltado a la “kedada” familiar del jueves, pero no tengo ganas de seguir de mala hostia ni un día mas. Con dos ya basta. No se me cayeron dos lagrimones al pisar Priego en la estación de autobuses. Al contrario, salgo decidido para ir a casa. En la calle ya me voy encontrando con gente a la que saludo. (¿Ahora vienes?  Me preguntan cuando me ven con la mochila a cuestas.) Antes de llegar me da tiempo a ver la Columna en la calle del Rio. Muchos besos nada mas llegar y un “toque” al salchichón. Después… ¡A la calle!

Son las once y media cuando entro en el bar “La Noria”. No se cayeron dos lagrimones al llegar a Priego pero me tuve que quitar uno disimuladamente cuando vi a Mariola con los bazos abiertos para darme un abrazo. Mis primas, los niños, mucha gente por allí y se me estaba haciendo un nudo en la garganta que se entrelazaba con otro en el estómago y me estaba dejando una congoja muy chunga. El Jueves Santo se justifica con ese ratito. Todos los malos rollos del curro se diluyen en una cerveza con la familia. No se pudo alargar el momento, ni falta que me hizo, me dio fuerzas para ir pronto a la cama. El Viernes Santo se presentaba largo y el mío empezaba a las 5:45.

Hasta aquí los apuntes del cuaderno. Ahora es cuando tengo que tirar de memoria para completar la Semana Santa.

Viernes Santo.- No dejo cantar a Norah Jones su “Sunrise”. Antes de la hora ya he quitado la alarma y sin hacer mucho ruido, la habitación está a rebosar de gente, voy al cuarto de baño para vestirme allí. Antes de salir, aún no han dado las seis, Elisa se pasa para plantarme dos o tres besos. (No sabe ella lo que reconforta eso.)

La carretera esta tan tranquila y gustosa que el viaje a Córdoba se hace liviano. Es la primera vez que voy a trabajar ese día. Alguna vez pensé que cuando me tocase trabajar el Viernes Santo me levantaría temprano, iría a Puente Genil a ver la salida de “El Abuelo”., luego a San Pedro para ver la de Lucena. Si no podía ver el Nazareno de Priego vería las demás. Pero voy al curro con la idea de volver pronto y ni hay ganas ni años para hacer esas locuras.

Me sorprendo en la estación. Estoy tranquilo, agradable, sonriente. Nada que ver con lo que siempre había pensado que sería un Viernes Santo trabajando. Cuando llega mi relevo incluso me entretengo unos minutos en comentarle algunas noticias. (Desde aquí… ¡Gracias Carlos! Por haberte enrollado y hacerme las tres horas de la tarde.) La carretera de vuelta no está tan tranquila como antes, mucho tráfico. Gente que va y viene. Gente de procesiones, de playa, de descansos en los que nada tienen que ver los días “santos”. Me aventuro a coger una ruta alternativa para llegar a Priego y es un acierto total. A la una y veinte estoy aparcando el coche en la cochera sin encontrarme con nadie.

En casa mis padres están viendo la procesión en la tele. Yo me voy a la carrera para verlo desde la Virgen de la Cabeza. El Nazareno se acerca y a mi se me pone el vello como escarpías. Toda la tranquilidad con la que he vivido el Viernes Santo se pierde cuando veo como avanza con la cruz por la calle Estación. La gente nerviosa, las prisas, la bulla, las cornetas y los tambores rodeándote y Jesús que parece que te mira y como los amigos a los que saludé el jueves te pregunta: ¿Ahora vienes? Venga y acompañame. Y no te queda otra que subir con él.

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Con los Rafa. Navarro y Martín. La foto, por su puesto, de Irene.

(Eché de menos a Daniel. Este año, entre tenía pensado venir con Javier, el mayor ahora aunque sigue siendo un bebé. Pero entre el nacimiento tardío de Mario, mi desbarajuste en el curro, que hasta última hora no pude controlar, “mejor tarde que nunca”, y que no estaba bonito dejar Vanessa un día como ese allí en casa con el pequeñajo… Pues que no. Eso si, el año que viene, toca Nazareno de Priego con Javier y Mario.)

Después… Después llega alguna cerveza, ensaladilla familiar, carreras para ver a alquien en particular (aquí poner Elisa), rutinas de VSanto y a casa pronto para ducha y arreglarse. Aún queda mi procesión. Y este año, viendo que podía quedar sin salir, voy con muchas ganas. Ni el mal rollo que tenía mi celador con el paso de Las Angustias consigue en algún momento que yo no disfrute del paso pausado, de la sensación de paz que da ir en la procesión del Entierro, de las ganas de pertenecer a algo que es mas grande que uno. Bueno… esto el que no sale… pues va a ser difícil que lo entienda pero el resto… ¡Lo sabe!

Sábado Santo.- El sábado está lleno de prisas. Todo el mundo quiere irse. La casa está patas arriba pero en un plis plas casi todo recogido, lavadoras puestas, camas hechas, o desechas, según toque, maletas en la puerta… Y relax, con ensaladilla.

Incluso me nene me abandona antes de tiempo. Por la tarde su madre lo recoge para ir a ver Batman Vs Supeman (aún no la he visto). En Priego nos quedamos Cheli, mis padres y yo. Visitas familiares y una casa que sin tanta gente parece enorme.

IMG_20160327_125852Domingo de Resurrección.- Resucitar a primera hora de la mañana no está bonito. En Priego se resucita mas tarde, que al fin y al cabo hay que recomponerse de varios días ajetreados. Me gusta la procesión. Los nenes con la cara descubierta y cambiando un cirio por un bastón con espejo que refleja la luz. Original y curioso. Comemos en casa y con todo recogido salimos pronto para Córdoba. Se nos acabó la Semana Santa. Volvemos a la normalidad.

Este año se me ha quedado una sensación rara.Las horas en el curro el jueves, el viernes, las horas de carretera a solas han sido emociones nuevas. Un descubrimiento de algo distinto. Nunca he entendido que la gente se vaya a pasar días fuera cuando en las ciudades hay procesiones, muerte en los tronos y mas vida en el suelo que nunca, pero… Aunque yo no creo que lo haga, al menos en los próximos años, quizá he podido ver que hay mas cosas. Formas distintas de entender una semana que no es santa, solo una semana de vacaciones. (Aunque si no van a irse de procesiones podían coger otra fecha y dejarnos esa a los que si vamos.)

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Una respuesta a Semana Santa 2016

  1. Erdani dijo:

    Sólo agradecer el recuerdo… También ha sido una Semana Santa diferente para mí.
    Besos y abrazos!

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