El porrazo.

 

Tú llegas y te metes una hostia. Da igual que sea en seco y hayas tropezado con un adoquín mal puesto por culpa del ayuntamiento, que esté lloviendo y el agua te haga patinar dos metros para después sentar las posaderas en el suelo, que el imbécil de turno ha dejado una cáscara de plátano o que hayas bajado las escaleras del tirón por un mal traspié. Da igual. Hablamos de meterte una hostia y volver a recuperar por ti mismo la compostura. Has caído, te has puesto en pie y después del primer gesto de dolor parece que controlas la situación entonces miras alrededor.

Te acompaña tu madre:

                ¡Hay por Dios! ¡Hay por Dios! ¿Estás bien? Y en cuanto recibe la respuesta afirmativa tu madre empieza a darte la bulla: Que no miras por donde vas. ¿Pero tú donde tienes la cabeza? Es que vas siempre como los locos. Como encima te hayas echo daño te doy…  Total, lo típico de una madre.

Si te acompaña tu padre:

                ¿Qué haces? ¡Ozú que torrija tienes! Y ya está. Tu padre ya sabe que eres un caso perdido.

Si te acompaña tu novi@:

                ¿Estás bien? ¿Estás bien? Te pregunta cuarenta veces, te mira a ver si tienes algún cardenal o arzobispo en la zona dañanda. Te quiere llevar al hospital y hacer una cura de urgencia (Y de paso jugar a los médicos.) Te vuelve a preguntar durante tres días seguidos y vive compungido por si hay efectos secundarios del alcohol en la piel.

Si te acompaña tu tu espos@:

                ¿Qué haces? Estás en Babia. ¿No lo has visto? Luego no me vengas con que te duele esto o lo otro que si te caes es por que quieres.

Si te acompaña un conocido:

                Te ayuda a levantarte, te sonríe y se interesa por ti. Te sugiere alguna crema para el porrazo y vuelve a sonreir como si no hubiese pasado nada.

Si te acompaña un amigo:

                Juuuaaaasss ¡Que lo repita! ¡Que lo repita! Corea varias veces. Se tirará tres o cuatro minutos riéndose a brazo partido para ir amortiguando hasta pasados varios días. Después, si no le repites ya se encargará él o ella de recordarlo a todos los demás amigos una y otra vez. Los amigos son unos cabrones y cada vez que tocas el suelo es como si lo hicieses diez o quince veces mas.

Y esto… ¿a que venía? ¡Ah si! A que soy un cabrón de esos que no he podido parar de reir durante varios minutos. Es lo que tiene salir con gente a la que conoces desde hace mas de veinticinco años.

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