Sierra de Francia.

A veces resulta que los hados se ponen de tu parte. Tú no lo sabes hasta después, cuando ya ha acabado todo y durante todo el periplo has estado tan activo que no te has parado para darte cuenta de que las cosas, aunque hayan costado, te han venido de cara. Entonces un día, un día como hoy, que te despiertan temprano con un arrumaco y el café aún está caliente en la mesa, empiezas a escribir y es cuando te das cuenta que has tenido, que tienes suerte.

La cosa empezó hace poco, en uno de esos artículos en los que, mientras el calor te está destrozando, empiezan a hablar del otoño. ¡Que si! Que ya es otoño. Aunque claro con cerca de cuarenta grados tú aún no te has enterado bien. El articulista hablaba de los lugares mas bonitos para disfrutar de esta estación. (Siempre he pensado que las Seychelles es ese lugar en cualquier estación menos el mes de Mayo.) Sinceramente no recuerdo ahora mismo ninguno pero si que en ese momento se me quedó uno grabado: “La Sierra de Francia”.

Uno, que es de natural cateto, lo primero que piensa es en los Pirineos, o en una serie de montes algo más para allá. Pero resulta que esa costumbre de terminar de leer lo que ha empezado no es mala del todo y te enteras que la sierra está aquí al lado, entre Cáceres y Salamanca. Entonces buscas un enlace que te hable de ese sitio y después de descartar los primeros hoteles, camping y servicios de protitución que ofrece google encuentras uno que parece que tiene que ver con lo que quieres. Entro en turismosierradefrancia.es y lo primero que aparece es un búho en un bosque. ¡Coño esto promete! La página está entretenida y las ganas de buscar un claro entre las vacaciones para visitar el lugar se están formando. Empiezas a ver lo que hay por esas sierras y resulta que es curioso, pintoresco, y lo mejor es que hay muchos senderos, muy bien señalados y con pinta de ser fáciles. (Esto de la facilidad en los senderos es algo que hay que hacerlo mira. He subido pendientes propias de cabras montesas y el senderista de turno las había clasificado como fáciles. ¡Sus muertos!) Así que empiezo a poner manos a la obra, en este caso al ordenador, para ir concretando el viaje, días, lugares, visitas obligadas, vamos lo que viene a ser una mínima organización para que después, llegado el momento, se pueda desordenar el viaje y salga como Dios quiera mas que como habías pensado.

Falta poco para que empiece la aventura. Maldonado lleva tiempo diciendo que va a caer la del pulpo en ese lugar. Que un tal Joaquín que viene huracanado desde las Antillas va a terminar en el picacho de la Sierra de Francia dejando agua como para sacar a otro Noé y bajar el Alagón en trasatlántico. El caso es que las ganas no se empapan y preparados con cadenas en el coche (aunque esto no tiene mérito porque Estrella las lleva siempre), abrigo, chubasqueros, paraguas y bañador vamos organizándolo todo para salir el día doce de octubre.

El día de la Hispanidad, y al contrario que Loquillo, la música militar nos hace levantar. Bueno… la música de Nora Jones en el despertador del móvil. Despedimos a Rafa que se

Turismo de Zafra

Turismo de Zafra

queda con su madre y con las mismas cogemos camino de Cáceres. Resulta que una de las mejores cosas que tiene viajar en pareja es que puedes ver tranquilamente, al menos, la mitad del paisaje. Que no hay que ir conduciendo constantemente. Sin prisa los viajes son mas agradecidos, no hay planes para ese día. Así que la improvisación nos lleva a comer en Zafra, a ver su plaza mayor y pequeña, a empezar a acostumbrarnos a los arcos en los soportales y a enterarnos que los cigüeñales tienen que ver con las aves además del coche.

Cáceres está a otra parada de café. Llegamos sin problemas a un hotel que solicitamos desde el móvil a la altura de Mérida. La chica que da las direcciones en el google maps es la hostia de lista. Nos lo pone a huevo. Y una vez ubicados allí, paraguas en mano, nos fuimos con lo que iba quedando del huracanado Joaquín a visitar el casco histórico. El sol le

Casa del Sol

Gigantes convertidos en casa.

echaba el pulso a la tormenta y se dejaba ver de vez en cuando. Se quedó un día precioso de lluvia, sol y arcoiris para visitar la ciudad, para dar algún beso bajo la mirada de un gigante y tomar un gintonic en “La Tetería” de la Plaza Mayor.

Martes y trece, ni te cases ni te embarques. ¡Tarde! La advertencia llegó tarde y nos fuimos, otra vez sin prisas, a Plasencia. Esta vez la lluvia se había quedado atrás. Desde entonces el viaje fue todo una continua charla con el solecito. (Aunque a veces se ponía en plan Señor Solano.) La ciudad estaba lustrosa. Las lluvias la habían dejado inmaculada y lucía desde la muralla a la Catedral con piedras resplandecientes. Las calles impolutas hasta que llegamos a la plaza mayor para ver al abuelo Mayorga. Nos encontramos con un mercadillo de fruta. Ahora sabíamos del porque de la tranquilidad en las calles del casco histórico. Estaban todos allí. Seguimos paseando, descubriendo los rincones, las murallas, y en uno de esos giros volvimos a la plaza. ¿Aquí no había un mercado? Les cunde a los placenses dejar las cosas como estaban por la mañana. Un camión de riego terminaba con las labores de limpieza mientras nosotros disfrutábamos de una cervecita y el sol en uno de los soportales de Plasencia. Se nos hizo algo larga la sobremesa en la ciudad pero merecía la pena. Nos esperaba el camino para Villanueva del Conde y estabamos seguros que nos haría parar varias veces antes de llegar.

Pocos kilómetros después de dejar la autovía en Béjar llegó la primera parada. Las rectas son espectaculares en esa zona. Las ganaderías se iban sucediendo pero lo que nos hizo frenar fue un águila en una de las piedras de la meseta. ¡Impresionante el bicho! Luego… muchas curvas, y bosque, hasta que llegamos a Miranda del Castañar. No se en que momento la niña bonita del google, la que nos llevaba con su voz tranquila por carreteras desconocidas se le ocurrió que queríamos visitar la ciudad y nos metió por el camino más corto hasta Villanueva del Conde. El problema es que el camino más corto hasta nuestro destino pasa por la plaza de Miranda, por sus calles y por un arco del que es harto difícil pasar con coche. Hasta el punto de que Estrella, sin saber si la loca del google estaba en

Prohibido aparcar.

Prohibido aparcar.

sus cabales se bajo, primero para preguntar a los lugareños si aquello de atravesar la ciudad era posible, que al parecer lo era, y después para guiar la trayectoria del coche por unas calles que estaban llenas de piedras, arcos diminutos, y guardacantones. (Vamos que de rasguño a la cal nada, allí eras tú quien te llevabas la tarascada del mojón.).  Pero por fin llegamos a nuestro destino.

Villanueva del Conde es uno de esos pueblos en los que dices que todo el mundo se conoce y es cierto. Con ciento sesenta y pocos habitantes tiene unas calles preciosas, una plaza impresionante donde se disputan la atención la iglesia y la cooperativa San Sebastián. Aunque los que mejor aprovechada la tienen son dos gatos que campan a sus anchas por el lugar aprovechando los rincones de sol. Y por su puesto… ¡Agua! Es fácil encontrar alguna fuente, un manantial, si no te encuentras con el arroyo San Benito que corre cerca del pueblo y lo ves con facilidad.

Miranda del Castañar, Mogarraz, La Alberca, Garcibuey, Monforte, han sido los pueblos por los que hemos andado. A algunos hemos llegado a pie tras un sendero, a otros en coche, en todos hemos encontrado los humilladeros típicos de la zona, castaños, abetos, agua, y una gente muy agradable. He salido de todos muy satisfecho y, en la mayoría, cansado. Eso del turismo activo esta muy bien pero hay que hacerlo a principio o en medio de las vacaciones, después necesitas algo de tiempo para reponerte de los atracones de andar, que parece que también van parejos a los de comer y beber. (Algo bueno debe tener ir de senderista, la guardia civil no te para en mitad de un camino al que solo acceden cabras y mulos para hacerte la prueba del alcohol.)

Como no quiero que se me eternice la entrada, y lleva camino de ello, voy a ir concretando caminos, recorridos y lugares. Empiezo por lo que hicimos el miércoles, cuando el solecito se convirtió en Don Solano. La idea era hacer un sendero: el de los Prodigios. Según Paco, de el Hostal Las Madras, estaba muy bien señalizado, era fácil y hasta la vuelta el recorrido era muy cómodo. Así que lo primero que hicimos fue perdernos. Después de llegar a dos o tres lugares en los que no había salida, encariñarnos con unos gatos y empezar a quitarnos

Arroyo San Benito.

Arroyo San Benito. Cascada Bajo puente de Piedra.

Puente sobre San Benito.

Puente sobre San Benito.

ropa, dimos con el Arroyo San Benito (espectacular este trayecto) y llegando a Garcibuey nos dirigimos Miranda. Total cinco kilómetros mas de camino que nos dejaron un espectacular recorrido. Volvimos a visitar Mirando con otra perspectiva mucho mas tranquila que la del día anterior en coche y, ahora si, la vuelta la hicimos por el sendero de los Prodigios. O sea que nos tocaba la parte mala, cosa que la principio no valoramos ya que era de bajada hasta que nos tocó la parte chunga. Esa en la que dejamos un reguero de saliva con la lengua fuera. Aunque también esta parte nos dejó una conversación muy entretenida sobre lo que se entiende por arte y la manera de introducirlo en la naturaleza. Después… un gintonic en la posada se hizo indispensable.

de Félix Curto.

de Félix Curto.

Acababa bien el primer día.

El jueves tocaba coche. Mogarraz y La Alberca, por muy bonito que fuese el sendero, no estaba en nuestros planes de hacerlo andando. Varias paradas para ver el paisaje,  algún bichejo en el camino y llegamos a Mogarraz. Era temprano, el cerdo comunal, esta es una costumbre pintoresca, campaba a sus anchas por el pueblo. Desde luego el lugar no es para aburrirse. Te recibe con una serie de empresas cárnicas dedicadas al salchichón, bueno y mas cosas pero a cada uno le tira lo suyo, para colmo tiene una bodega, (esto me ha llamado mucho la atención en todo el viaje descubriendo muy buenos vinos) mas que decente. La Zorra. Así que entre los pórticos del pueblo, el cerdo y las pinturas de Maillo fuimos disfrutando de Mogarraz. Algunas guías lo sitúan entre los pueblos mas bonitos de España, aunque conocer Priego de Córdoba te da un estatus que… Que bueno que tiene que haber de todo. A la Alberca fuimos por pan. Bueno… ir, lo que se dice ir, fuimos a verlo, pero es que resulta que en Mogarraz, con toda la industria cárnica que tiene y no encuentras pan. ¡Que no! Que no hay panadería, que nosotros llegamos temprano pero el panadero viene en furgoneta desde el pueblo de al lado y ya se nos había ido. Así que aprovechando que nada mas cruzar el puente de la Alberca, mas agua por mitad del pueblo, nos encontramos una  y aprovechamos para surtirnos. (Tengo que hacer un inciso para decir que pan ese día probamos poco pero comparmos un hornazo de chorizo que…. ¡Ummmhhh! ¡Buenísimo!). La Alberca es ese

Sesteando.

Sesteando.

pueblo que está perdido de la mano de Dios, tranquilo, pero que ha hecho de el turismo su seña de identidad. (Algo así como lo que le ha sucedido a Grazalema, que a fuerza de visitas ha perdido parte de su originalidad.) Esta bien pero ya veníamos de Mogarraz y lo importante ya estaba visto. Queríamos naturaleza, agua, bichos y bueno… también nos llevamos el hornazo. Así que después de una visita más o menos relámpago terminamos en uno de los merenderos que tiene La Sierra de Francia: El mirador de la Cabra. Comer con vistas espectaculares escuchando correr el agua da mas hambre, y sueño. Por que una vez terminado de recoger los bártulos la siesta se hacía indispensable en ese lugar. Luego de nuevo coche con parada en el Rio Francia para hacer otra mini ruta senderista. Pero había ganas de mas y, eso del coche esta muy bien para ir de un lugar a otro, como en la oca, de puente a puente, de un río a otro. Fuimos a conocer la piscina natural que se gastan en Villanueva del Conde. Por su puesto estaba vacía. Ya había acabado la etapa estival pero me encantó como está preparada, eso si, el agua debe estar fría ahí de cojones. Luego… a casa. El día se había hecho corto pero el cansancio se acumulaba.

El viernes, después de despedirnos de Paco, salíamos para Córdoba. Pero hasta Córdoba había muchos kilómetros y nos esperaba alguna parada. Pero como dice J.R. Tolkien en sus novelas… “Esa es otra historia y será contada en otro momento”.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Entretenimiento, Pasatiempos, Viajes y etiquetada , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s