Los Aguilera.

Los Aguilera este año nos hemos cabreado un poco con la vida. Miento. Con la vida no. Nos hemos enfadado con la vida que no nos deja vernos como nos gustaría. Con los besos a trompicones en el supermercado y el “nos vemos después que voy con prisa” cuando sabemos que ese después no llega. Nos hemos enfadado con los pésames y los duelos, con vernos lagrimeando en el tanatorío porque otro familiar ha fallecido y no hemos podido despedirnos de él o de ella. Nos hemos enfadado con las celebraciones de postín en las que solo hablamos con los comensales de la mesa que nos ha tocado y después de un saludo y un baile rápido volvemos a nuestras vidas cuando hemos compartido una boda, un bautizo, pocas alegrías nos llegan ya. Nos hemos enfadado tanto que hemos decidido quedar por que si. Por que nos apetece. Para darnos todos los besos que nos negamos en Priego con las prisas, las risas sin forzar de las celebraciones de traje y vestido largo, para llorar pero de alegría, de vernos todos y vernos bien, para sentir que seguimos siento una familia, una gran familia y echar de menos a los que ya no están entre nosotros pero llevamos todos en el corazón.

Empezamos este año. Después de Semana Santa mi prima Carmen traía a mi tío José para ver a mis padres para una visita rápida. Al final, cuando se despedían, teníamos la conversación de siempre, esa en la que al final echamos de menos vernos tranquilamente, cuando recordamos lo bien que nos lo hemos pasado otras veces y que pena que solo nos veamos en misas de difuntos.

    • Pues podíamos quedar todos. Y tú tienes sitio. – Le dijo Cheli a Carmen.

Y al día siguiente me llegó un mensaje al móvil en el que me habían agregado a un grupo: L@s Aguilera. Allí estaban algunas de mis primas, y empezaban a unirse parientes de los que llevaba tiempo de no saber. Desde luego era sorprendente que todos estábamos deseando vernos, el grupo iba creciendo y las conversaciones se prolongaban hasta tarde. Familiares lejanos, ahora, estaban tecleando y con las mismas ganas que cualquiera de los que nos vemos normalmente. Ideas, fechas, fotos, muchas fotos, en las que nos reencontramos en días pasados y con travesuras que nos la recordaban treinta o cuarenta años después. Por que los primos Aguilera tenemos un abanico de edad muy amplio. Muchas ganas, mucha ilusión y una fecha: El 12 de septiembre. Cada uno tenía que cuadrar su agenda para intentar que ese día pudiésemos estar todos. Somos muchos y es díficil que todos pusieran la misma ilusión, pero la teníamos. Y el 12 de septiembre, unos desde Barcelona, otros desde Madrid, de Riofrío, de Granada, de Córdoba, de Priego, Montilla… nos juntamos en la carpa que nos cedieron los Yébenes, que forman parte de la familia, para quedar todos. Mis primos, los Aguilera García, se curraron el evento mucho y bien. No solo porque se encargaron de todo lo que íbamos a comer si no que también estuvieron decorando la carpa con utensilios que todos habíamos conocido desde pequeños. La bicicleta negra, los espartos del queso, las caretas para las las colmenas, tinajas, rastrillos, guadañas. No había flores pero olía a romero, a maiz, a hierbabuena… Volvíamos a encontrarnos en Genilla, volvíamos a ver aquellos aparatos con los que nos prohibían jugar cuando eramos pequeños en casa del abuelo Rafael. Volvíamos a estar todos juntos y muchas ganas.

El día doce, desde temprano, empezaron los besos, los abrazos, las sorpresas, las risas y también alguna lagrimilla. Porque juntarnos todos también traía recordar a los que no están con nosotros. A los que nos han unido otras veces y siguen en nuestros corazones. Desde luego el día doce queda como uno de esos días para enmarcar. Para tenerlo en el recuerdo y echar mano de él en las fechas en las que la cosas se ponen cuesta arriba. Saber que hay una familia, y muy grande, detrás de ti.

IMG_4917 - copia(Esta entrada se está eternizando en “borradores” y no quiero que pase de este mes. Desde el día trece tengo intención de escribirla, de contar lo bien que me sentó el reencuentro con toda la familia pero luego… Luego pasa como siempre, prisas, trabajo, cursos y el ordenador encendido con un archivo abierto que nunca parece avanzar. Así que me he dicho que de hoy no pasa y la dejaré publicada. Da igual que los demás no entiendan nada. Esta entrada es para mi, y solo con el título ya me llega ese regusto familiar.)

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