¡Madre de Cristo!

¡Como unas castañuelas! En el sentido que quieras puede leer esta primera frase. Tan alegre como unas castañuelas, de esas flamencas que van de la mano de un niña gitana y suenan bien. Así estaba ayer cuando salió del templo de San Pedro la imagen de La Soledad de Priego. El vello de punto, como escarpias. La cámara disparando fotos como si fuese una Rock and Roll Star. Desde el Viernes Santo que no estaba así.

Eso si… si quieres también puedes pensar que estaba como unas castañuelas, de esas que el mes de diciembre están calentitas y agradables que pasas de mano en mano para reconfortarte el cuerpo. Con el inconveniente de que ayer era junio. ¡Calor! Una mijita. Hay que ve que huevos valor le echan estos de la cofradía para ir con traje negro a las ocho de la tarde por las calles de la Axerquía de Córdoba.

Soledad a su paso por Plaza del Potro.

Soledad a su paso por Plaza del Potro.

El caso es que ayer con esa historia que se inventó el obispado consiguió hacer felices a muchos cordobeses. Tengo que renconocer que no tenías todas conmigo esa de la Magna Mariana. Que después de como se dio las procesiones de la Fe hace unos años… No sé. Pero desde luego ayer fue uno de esos días grandes que se quedan la retina. Impresionante el paseo de la Soledad. ¡Que gustazo! Con gente de Priego y Córdoba mezclados en la calle Lineros, paseando a su vera, acompañandola hasta la carrera oficial.

Luego… Bueno, no puede llover a gusto de todos. Una vez dentro de la Mezquita, perdón Catedral, se les fue la mano a los curas, o el tiempo o lo que sea pero el caso es que parecía que tenían retenidas las procesiones. Lo entiendo, yo hubiese hecho lo mismo. Lo que pasó fue que entre una cosa y otra no empezaron a salir hasta muy tarde, muy, muy tarde. Pensaremos que fue un despiste de organización en vez un gusto que se dieron los que ya estaban dentro. (Nunca me ha cuadrado a mi eso de una carrera oficial en el que fuese obligatorio entrar a un templo donde no puede acceder todo el mundo.)

Cuando el Sol se apagó pareció dar una tregua y entonces si, entre terracitas, procesiones y Córdoba volvía a ser esa ciudad acogedora donde se puede mezclar un gintonic con una marcha procesional.

Un gustazo el día de ayer. Estaría bien eso de repetirlo, a ver si en la próxima les da a los Aracelitanos por apuntarse. Conmigo que cuenten. Aunque por este año… ya esta bien de procesiones.

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