De turista en Córdoba.

Creo que fué el primer año que estuve en Córdoba cuando decidimos dar una vuelta por la ciudad en plan turista. A mi la idea me gustaba. Salir y pasear por las calles de la judería sin saber donde te iban a llevar. No andar por los caminos de siempre. Entrar en una calle y no saber si tiene, o no, salida. Si hará una vuelta escandalosa o al final de ella una fuente con un chorrito diminuto es la sorpresa. Pasar un dintel que está abierto buscando que al lado opuesto te comunique con un callejón que desconoces, eso es fácil que pase, o encontrarte en un patio donde una señora te mira con cara de: “¿usted que vende?”. Tener que suplicar unas disculpas y salir de esa casa particular con unas chapetas coloradas. ¡Quien te manda a ti meterte en casa ajena! Pero esas cosas se les perdonan a los turistas. Así que de vez en cuando para conocer Córdoba bien hay que salir de turismo. Ver lo que tiene como si fuese la primera vez.

El otro día Mariola y yo volvimos a salir en plan turista. Nos plantamos en la Mezquita y aparcamos en la puerta del Palacio de Congresos. Después con premeditación y sin alevosía nos dirigimos a la Torre de la Mezquita. (El alminar, aunque de esta estructura queda muy poca cosa.) Nos dieron hora para las diez y media y como nosotros íbamos con tiempo nos dio tiempo a disfrutar de un cafelito en Juda Leví. (Que es muy de guiris, aunque a mi sea uno de los sitios que mas me gustan.)

Ciento noventa y un escalones (191) son los que te llevan hasta la terraza superior de la Mezquita. Con tres paradas. La primera al cupulín barroco, la segunda al cuerpo de campanas y la tercera a la terraza superior. Donde se encuentra la campana gorda de la catedral, esa que se te cae encima si no das el aguinaldo en Navidad. La vista es impresionante, las escaleras no cansan y yo me he propuesto volver a ir en breve. Si no has subido, tardas. La vista es espectacular.

Como no había hartura seguimos hasta la puerta del puente. (El Arco del Triunfo.) Otros poquitos de escalones para subir hasta la sala de exposición que hay en la puerta, esta vez solo sesenta y seis (66). La de historia que se puede encontrar viendo grabados antiguos y dibujos. Lo que nos quejamos por como se hacen las cosas ahora y resulta que no es nada nuevo, que solo hay que tirar de historia para saber que el camerín del puente lleva allí siglos, solo que a  nosotros nos pilló la época en la que no estaba y pensábamos que toda la vida había sido así. Y es cierto. ¡Toda nuestra vida! Que comparada con la vida del puente se queda solo en unas vacaciones de verano.

IMG_20150619_121312Para terminar, nuestra parte de turista se diluyó un poco. Hay horas que apetece un martini y en la plaza del arqueológico están de muerte. Así que esta vez, y volviendo a dudar entre calles, nos dirigimos a Jerónimo Paez para pedir uno de esos vermús que hacen ellos. Morirse un ratito en disfrutando del día y de las copas en una de las plazas de Córdoba está permitido solo a los oriúndos, los turistas tienen que seguir con sus prisas conociendo el lugar. Nosotros entonces nos volvimos cordobeses de nuevo. Nos quedamos tranquilamente viendo crecer las buganvillas de enfrente. Podríamos haber esperado un tiempo pero también sabemos resucitar antes de tres días y volver a casa con tiempo de hacer la comida.

Tengo ganas de volver a ser turista en Córdoba, así que si te das una vuelta por aquí… ¡Llama! Que voy.

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