El zumo.

Llevo mal lo de las cinco piezas de fruta que dicen que hay que tomar. A veces cae un plátano. En temporada me encantan los melocotones. Pero… poco más. Alguna manzana ocasional que entra más por los ojos que otra cosa, debo tener el espíritu de blancanieves, los limones para el gintonic y… ¡Mira! Si hay cerezas si que caen las cinco piezas. ¡De una sentada! Vamos que no. Que la fruta no está entre mis debilidades excepto cuando hay naranjas y un exprimidor.

Los exprimidores, no se porqué, suelen estar en sitios altos de la casa. De difícil acceso para la mayoría de los mortales. En casa mi madre lo tenía en la parte alta, detrás de dos cafeteras. Así que cuando decía de hacer zumo y empezaba a retirar cacharros y bajar el exprimidor para mi se hacía fiesta.

– ¿Alguien quiere un zumo? – Preguntaba.

Y entonces levantabas la mano agitándola y gritando !YOOOOO! Como si estuvieses en clase y conocieses la respuesta. Creo que eso pasó unas cuantas veces. Ella se hacía uno y para mi otro, o para mis hermanas. (En temporada nunca faltaban naranjas en casa.) Uno era pequeño y era imposible llegar al exprimidor. Pero crecí. Entonces cuando preguntaba, y parecía que iba a retirar cafeteras y coger el exprimidor y tú ponías esa cara sonriente de “bienbienbien”. Bajaba el exprimidor y te decía:

– Ea.. pues háztelo.

Los Bordini.

Los Bordini.

En casa había un cuchillo bueno, los demás parecían de untar mantequilla, así que para cortar las naranjas había que coger esa espada satánica, tan grande como mi brazo, para cortar las naranjas, hacer fuerza de super héroe kriptoniano para que aquello exprimiese y tener mas equilibrio que “Los Bordini”, para no dejar la encimera llena de zumo al echarlo en el vaso. Seguía creciendo y ahora cuando preguntaba después de comer eso de ¿quién quiere un zumo? Mejor te callabas. Cerrabas la boca y preguntabas si había plátano. (Que es más fácil de pelar.) Y aunque hubiese te decía que no. Que te pusieses un zumo y de paso le hicieses otro a ella. Ahora era yo el que retiraba las cafeteras, cogía el exprimidor hacía el zumo y …

– Shshshshshsisshishsi… ¿Has terminado? Pues anda, friega el exprimidor y lo vuelves a poner en su sitio.

– Mamáááá! Ojú!

¡Y no es coñazo limpiar las rejillas del exprimidor cuando no tienes ni puta idea! Luego resulta que a fuerza de hacerlo pues te acostumbras, le coges el punto y… ¡que coño! A mi el zumo de naranja me gusta un montón. Así que si tengo que tomar cinco piezas de fruta la mejor manera de hacerlo es a base de naranjas. Hoy en el desayuno ya han caído un par. He fregado el exprimidor y vuelve a estar en su sitio, en la estantería de la cocina, a mas de dos metros de altura, con una cafetera al lado y dos canastitas de chuches delante. El caso es que, después de el desayuno y el café… He terminado de ducharme y voy para el curro. Es temprano y…

– ¿Alguien quiere un zumo?

zumoNaranja

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