Niño eso no se toca.

– No cojas la taza de porcelana de la abuela.

Es una orden sencilla. Una de esas ordenes que dan los padres, que ni entiendes, ni le pones mas atención. Pero claro… Si a ti la taza de porcelana de la abuela te llama… Pues no queda otra que ir al mueble y mirarla. ¡Es preciosa! Es la taza de porcelana que siempre has querido. Tu ni siquiera sabes que es la porcelana. Pero si eso no se puede tocar seguro que es la hostia. Y además… si es de la abuela es de tu familia. O sea, que también es tuya. ¿Por qué se empeñará en que no la coja?

– No cojas la taza de porcelana de la abuela.

Tus padres están allí, mirándote. Y tú, después del rebote que tienes por que es la enésima vez que la escuchas, abres el aparador para ver mejor la taza. ¡Joder! Tu quieres coger la taza. Si no le vas a hacer nada. Solo cogerla. Y… acercas un dedo, la rozas. Tu padre se levanta, se acerca a ti y te recuerda: No cojas la taza de porcelana de la abuela. No sabes como pero has metido un dedo en el asa de la taza. Tienes que cogerla, además… tu padre parece que quiere que la cojas. Si no… sería más duro. Habría cerrado la puerta del aparador. Te habría retirado del mueble. Habría puesto la taza en un lugar donde no se viese. Un candado al mueble estaría cerrando cualquier acceso a la taza. Pero no es eso. Lo único que recuerda es que no se coja. Y tú… después de meter un dedo en la taza, no has podido evitarlo y la coges. La alzas por encima de la cabeza como si fueses Casillas levantando la copa del mundo.

Pues en ese punto está el Sr. Arturo Mas. Ha alzado la taza de porcelana de la abuela. Lo que no sabemos es si los padres le quitarán la taza, la pondrán en su lugar y le darán una reprimenda cariñosa. Si harán que él mismo sea quien coloque la taza en su lugar y a partir de ahora cierren con llave el aparador. O si por el contrario el padre le mete una colleja y del susto la taza termina por romperse. (Que a veces es lo que mas apetece ver.)

Epílogo: Adán y Eva fueron expulsados del paraíso por comer de la manzana prohibida. Dios lo dijo claramente: no comas de este árbol porque morirás. Si Adán y Eva hubiesen licuado la manzana bebiéndosela, quizá habría un resquicio a la orden dada y seguiríamos en el paraíso. Pero así… ¡Así  no!

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