Gárgola.

 La gárgola, harta de vomitar agua, se fue de la catedral el día que anunciaban al primavera. A nadie le sorprendió ver una figura gris en la ciudad. Durante meses anduvo por las calles, en los bares,  entre prisas y golpes, entre las gentes que había visto desde lo alto de su atalaya y ahora compartía con ellos su mirada petrea.

Pero como ellos también conoció las caricias, la felicidad que dan los besos, las sonrisas, que nunca vio desde las alturas,  y las obligaciones que se imponían con los que querían.

Poco antes de llegar el otoño la gárgola volvió a su lugar. Desde su altura seguía las vidas de los vecinos, ya no eran las figuras móviles. Algo había cambiado en ella y también

Gárgola (de Modesto Trigo.)

Gárgola (de Modesto Trigo.)

ellos lo notaron. Ahora cuando pasaban por la catedral todos alzaban la vista para mirarla.

P.D.- Que no se si os lo he dicho pero… ¡Me gustan las gárgolas!
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2 respuestas a Gárgola.

  1. maripili dijo:

    Anda cegato! qué gárgola ni gárgolo! eso es una mujer en bolas!!!!!!

    Enhorabuena, señorito escritor. Buenísimo

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