Gor

– No sé. La rambla, Benalúa, cualquier sitio, con tal de andar un rato tranquilamente y no romperse la cabeza.

Esa era la idea pero yo, por si acaso, había buscado dos o tres rutas de senderismo más. El caso es que entre esas se encontraba Gor – Cerro de Gor.

– ¿Oye y si hacemos esta? – Comenta Estrella- Tiene buena pinta. ¿No?

– Buuueno…

Así que el sábado cogemos el coche después de un desayuno decente y salimos para Gor. Vamos cuatro en el coche: Estrella, Torcuato, Cristina y yo. Gor es un pueblo pequeño y en cuesta. No pasa de los mil habitantes  y al fondo tiene un cerro impresionante, que sobresale cuatro cientos metros más o menos. Llegamos y visitamos la fuente de los siete caños, una lavandería que tiene al lado y emprendemos el camino, muy bien señalizado por cierto, para la subida del PR- A -115 Gor – Cerro de Gor. No parece muy complicado el camino hasta que llegamos a una señal de madera que dice que, siendo gacelillas, tardaríamos unas dos horas y media. IMG_8621

– ¡Esto está chupaó! – Soltó alguien antes empezar a subir.

Y sí. Tenía que estar chupado. Más que nada por que la lengua después de los primeros cien metros subiendo ya le teníamos fuera y estaba a punto de llegar al suelo. El corazón era el único que nos impulsaba hacia adelante porque con el tum-tum tan fuerte con el que sonaba se salia del pecho y avanzaba dos metros más que la cabeza.

– Una paradita, una paradita…

– ¿Pero quien fue el inconsciente que le puso a esto dificultad media? ¿La Edurne Pasabán? ¡Coño con el cerro!

Así que hacemos una parada de cinco minutitos para descansar un poco y esperar que volviese el corazón que ya se estaba marchando del cuerpo cuando las piernas aún estaban buscando acomodo.

– Dadme agua, anda…

– …

– ¿Quien se ha traído el agua? ¿No me jodas que no nos hemos traído agua? ¡Me cago en la puta!

¡Siete caños! Siete caños tiene la fuente de Gor. ¡Vamos! He visto piscinas municipales mas pequeñas y nosotros no nos traemos agua.

– ¡No pasa nada! ¡No pasa nada! Para lo que nos queda seguimos subiendo. ¿No?

No se de donde nos sale el espíritu aventurero pero seguimos por el pinar subiendo hasta el cerro. Zigzageando parece que todo está mas lejos. Muchos arboles, nada de sol, y el cerro que parece que se lo llevan cada vez más lejos. De vez en cuando un parada para darnos cuenta que las vistas hacia el pueblo son, desde luego, impresionantes. Después un momento para mirar de nuevo al final del cerro… ¡Eso si que impresiona! Parece que no vamos a llegar nunca.

– ¿Cúanto tiempo llevamos andando?

– Media hora.

– ¡¡¡SOLOOOO!!! ¡Madre mía! -Dice Torcuato, que por el momento ve imposible la llegada de su setenta y un cumpleaños si sigue subiendo.

– Venga que solo nos falta un poquito y luego para abajo.

Y por fin llegamos a la parte alta pero…

– ¡Oye! Que esto no es el cerro. Que allí hay otro más alto. -Les digo a los demás.

Y ahí se nos presenta una disyuntiva: Tiramos para abajo o seguimos subiendo.

– Mirad. – Les digo- Voy a subir yo y os quedáis aquí descansando un rato. ¿Vale?

Pero no… ¡No vale! O todos moros o todos cristianos. Y detrás de mi se vienen los demás. Nos animamos un poco viendo un rebaño de cabras montesas. ¡Hijas de puta como corren! La subida del segundo pico no es tan complicada como la primera. En poco más media hora estamos arriba. Allí, al lado del punto geodésico nos hacemos unas fotos para que después no se diga y volvemos a bajar.

IMG_7961

Desde luego bajar no es tan cansado pero acojona bastante más. Algún que otro resbalón y , no se como lo hicimos, salidas del sendero atrochando para llegar pronto al coche.

Gor era una idea, un sentimiento casi, porque no veíamos el pueblo. Que estar, seguro que estaba. Acabábamos de subir de allí pero ni se veía, ni parecía que tenía fin la bajada. Los tobillos ya nos renqueaban, las ganas de llegar podían más que el espíritu de aventura y parecía que el pueblo era portatil y lo habían llevado a otro lugar. Los pinos, preciosos al principio, se convirtieron en esa mierda verde. El Seprona era un aliado al IMG_7984que nos planteamos llamar alguna vez por si tenían motos que llegasen hasta allí. Y, si bien la lengua esta vez no iba a ras del suelo, las piernas si que arrastraban todo lo que había en el sendero.

Cuando por fin llegamos a la carretera se nos iluminó la cara. Aunque, igual que cuando vas al baño y a medida que te acercas sientes que no puedes aguantar más, se nos empezó  a secar la boca a todos una vez puestos los pies en el alquitrán.

¡Que bonita es la fuente de Gor! ¡Que fresquita! ¡Que gustazo!

Eso si, agujetas tenemos hasta el meñique. Pero un lujazo subir a Cerro de Gor.

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4 respuestas a Gor

  1. rafa gil torres 1º ESO dijo:

    jajajajaja me alegro no haver ido ya tengo suficientes hoy con gimnasia nos pone 20 minutos y luego a matar (ese juego del balon vamos)nos vemos el fin de semana con ahora un juego de vaqueros a lo gta

    • Fran dijo:

      ¡Madre mía! Ese “haver” duele. Se lo que es jugar a matar. Quizá recuerdes aquella serie de balón prisionero o algo así. El juego de vaqueros con zombies… no sé, no sé.

  2. lorena dijo:

    Tiene que agotar y sin agua…ayyy omaaa!Pero al final seguro que te sientes genial entre las vistas y el logro.Salir de la rutina es genial.

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