Las chanclas.

Este verano me he decidido. ¡Me compro unas chanclas! Se suponía que deberían ser para vacaciones para estar cómodo y fresquito en la playa. Solo que las neurones replantearon el problema de una manera económica y decidí esperar dos cosas:

Primero, la paga. Estaba tieso así que mejor dejarlo para el día 1 de julio o el 2 que tampoco estaba tan mal y pillar las ofertas que se ofrecían.

Segundo, la variedad. Pensaba que en un lugar de playa habría mas oportunidad de encontrar unas chanclas decentes y graciosas que en Córdoba. A ver, aquí hay de todo, pero ¿quien es el hortera que usa chanclas en Córdoba? Pues eso, que debe haber poco género o seguro que no se encuentra en las tiendas que voy.

Total que durante la estancia en  la playa me equivoqué. ¡Ni una chancla que me gustase! ¿Quizá en Priego tendría mas suerte? Y dio la casualidad que si. Que encontré, buscando una placa de congelación en una tienda de “todo a euro”*, de rebote vamos,  unas chanclas que me gustaban y se amoldaban a lo que quería. Además ese día teníamos juerga acuática en el patio de la casa y sería el día ideal de estrenarlas. ¡Baratas! ¡Cómodas! (Sí me las probé.) ¡Hasta elegantes! (Bueno, todo lo elegante que puede ser una chancla.) Estaba decidido. ¡Esas chanclas serían mías! Mi error fue llevar a Rafa conmigo.

– ¡Mira Rafa! ¿Molan, eh?

– ¿Y te vas a poner eso? – Me dice el cafre del niño que, precisamente, va a todas partes con chanclas. – ¿Y las de esparto?

¡Joder! Mi gozo en un pozo. La ilusión de unas chanclas se desvanece por un comentario del pequeñajo. Lo peor es que tiene razón. A mi me gustan las chanclas, las sandalias, hasta los naúticos rojos. ¡Me gustan en serio! Lo que pasa es que después llega un momento en que me los pongo y digo: Esto no es para mi. Esto le está bien al maniquí en el escaparate, al hortera de turno, al cool de la moda pero a mi… ¡Como que no! Así que volví a dejar las chanclas en su sitio, en su cajita con otras cuarenta chanclas de muchos números y salí de la tienda con mi placa de congelación y mi niño. ¡Ah! Y unas zapatillas de esparto blancas como esas que llevo usando desde los quince años, esas que me compré antes de que mi madre terminase encasquetándome otras chanclas horteras.

De todas formas, ayer ví unas que… lo mismo… ¡No sé, no sé! En Agosto, para las liquidaciones de todo lo que hay, quizá… (Por cierto, que en casa si que hay chanclas. ¡No se de donde salieron! Pero como las meigas: Haberlas hailas – o algo así-.

Chanclas)

* Vale, si. Los Chinos.

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2 respuestas a Las chanclas.

  1. lorena dijo:

    En Córdoba son imprescindibles aunque sean menos molonas que las zapatillas…aunque con el verano que estamos teniendo este año se puede poner uno casi cualquier cosa. Pero nauticos rojos….NEVER fus fus jajajjajajaj

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