Operación bikini.

Ayer era el día. Lo tenía más que decidido. Salía del trabajo y me iba al parque a correr. Inamovible. Así que cuando dieron las nueve de la tarde y enfilaba con la bicicleta Gran Vía Parque lo recordé.

– ¿Habrá llegado mi hermana?

Antes de empezar mi fanática carrera por el parque decidí llamarla.

– ¡Que si! Que estoy en el bar de abajo tomando una cerveza.

Y la procastinación, que está entre mis peores defectos, me hizo girar por la avenida Manolete buscando esa cerveza. La operación bikini se retrasaba.

Esta mañana no iba a ocurrir lo mismo. Hoy, nada más salir Estrella a trabajar, me puse un bañador, unos calcetines y busqué las zapatillas de correr que estaban más escondidas de lo habitual. Un café, imprescindible por la mañana, y salgo a correr. Así que aprovechando que ponía la cafetera limpié los platos del día anterior mientras se encendía el ordenador. Hay que ver la de noticias que se salta uno y algunas bastante curiosas, ahora mismo no las recuerdo pero si parecían importantes. El caso es que cayó el café y otro más mientras leía los diarios y contestaba algún correo. ¡Quillo! ¡La cama! Pues no que que me iba a ir a correr sin hacer la cama. Entre una tontería y otra me doy cuenta de que se empieza a hacer tarde. ¡Las diez! A las diez en punto, lo más tardar, salgo a correr. Me quedan unos minutos y estoy casi preparado. Todo conjuntado. Calcetines con dibujos de una hoja de Marihuana, bañador de Brugal y una camiseta de Jameson. Más que a correr parece que voy a una fiesta de alcohólicos reconocidos. La música, imprescindible. A ver que le pongo al teléfono para ir corriendo, marchita, tiene que ser marchita para… ¡Coño! Las diez y sigo en el piso. Pues cae la radio y ya está. ¡Anda las llaves! Y… Total que a las diez y diez, en punto, clavaditas, estoy saliendo de casa para comenzar mi particular “operación bikini”.

Para correr(se una fiesta.)

Para correr(se una fiesta.)

En el parque los primeros quinientos metros se hacen bien, después… ¡Que calor! Bueno, casi mejor, así me pongo algo moreno. No he llegado al kilómetro y me han adelantado tres ancianas que mientras pasean van haciendo punto. Tengo que forzar el ritmo, me digo. Empiezo a correr como me enseñaron en el instituto. Respirando por la nariz, tranquilo, relajado, expulsando por la boca, levantando los pies. He vuelto a adelantar a las ancianas. Me doy cuenta que delante de mí una chica con un culo impresionante lleva un ritmo muy bueno, me gusta, la sigo aunque después de los doscientos metros siguientes resulta que ni está tan buena ni tiene un culo perfecto, y la hija de puta corre como si al final de la carrera estuviese el príncipe azul con ramo y anillo preparado para casarse. ¡Pedazo de cabrona! Me decido por seguir el ritmo de un personaje que se ha cruzado en ese momento, un tipo bajito, de esos que dicen lo de el hombre y el oso… porque el tipo tiene una mata de pelo en la espalda y los hombros que ya la quisiera Carlitos para su cabeza. (Espero que esto no lo lea el niño que luego se me rebota.) ¡Va bien! Me gusta la marcha de este tipo y sin darme cuenta llevo ya una vuelta detrás de él. ¿Es que no piensa pararse? Es entonces cuando me doy cuenta que entre una tontería y otra ya llevo dos vueltas al parque. ¡Coño! ¡Cuatro kilómetros! Y entonces me entra la “flojera”. La lengua parece que se me hace más gorda y va arrastrando todo lo que se encuentra. ¿Como era eso de respirar por la nariz y …? ¡Una mierda! Llevo la boca más abierta que un diabético falto de azúcar en una pastelería. Me entra todo el polen, las piedras que arrastro con la lengua, porque resulta que ya la llevo por el suelo, incluso algún mirlo se para en ella. ¡Madre mía! Una vuelta más, pienso, una vuelta más y me voy para casa a meterme el grifo de agua fría hasta la garganta. Así que consigo terminar la tercera vuelta con toda la presencia que puedo acumular. (He dejado de arrastrarme para ir solo a “cuatro patas”.)

Cuando estoy llegando a casa me doy cuenta que hay algo que se me pasa. Algo no he hecho bien y empiezo a pensar… La ropa, la música, las ganas… ¡Coño! ¡La cerveza! Me voy a casa y no me he tomado una cerveza. Ahora recuerdo porque me gusta tan poco correr por la mañana. A ver quien se toma una cerveza a las once de la mañana. Así que con más pena que gloria abro la puerta del piso y me dirijo al peso del baño a comprobar como va mi operación bikini.

Cien gramos. He adelgazado cien gramos. Tres vueltas, seis kilómetros para adelgazar solo cien gramos. Me doy cuenta entonces de que aún tengo las piedras que arrastré en la lengua y, después de escupirlas, la báscula parece más generosa. ¡Medio kilo es otra cosa! Mañana creo que volveré a salir a correr. Hoy por si acaso, voy a ver si me liquido un salchichón que había en la nevera porque con esto del parque, los árboles y sus florecillas, las señoras corriendo con sus mallas y eso… pues que me ha dado hambre.

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4 respuestas a Operación bikini.

  1. lorena dijo:

    dí que sí ,eso es un atuendo y lo demás tonterías.Suerte , a mí me ha pillado desganada en general la operación así que me enfundaré en neopreno…pues no me puedo resistir ni al salchichón ni a la cerveza

  2. juana la loca dijo:

    jajajajaja… yo por eso no corro…
    si es verdad que ando mucho, me nuevo por córdoba en bici y bregar cn los nenes tiene su aquel….
    ahora, el culo no se baja ni queriendo…

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