Cuaderno de mierda. (Recopilación de Servilletas.)

Los textos de esta entrada, si al final termina publicándose, son de un cuaderno que compre en el Hospital de Reina Sofía hace cuatro años. Lo acabé a final de año y desde entonces pulula por la casa y, sinceramente, estoy deseando tirarlo. Está roto, la mayoría de las páginas arrancadas, y muchas con letra ininteligible. El cuaderno fue el primer “gasto inútil” que hice cuando me di cuenta que estaba arruinado. Noventa céntimos costó, me pareció una buena inversión para distraer la mente de otras cosas que no fuesen la muerte. La mayoría de esas cosas ya están sueltas por algún blog o en el archivo correspondiente. Quizá, con mi despiste, algunas que ponga aquí ya las hayas leído pero, ahí se quedan:

Callamos tanto para no hacer nos daño que ahora es el silencio quien nos hiere.

Hicimos tanto para no pensarnos que ahora es el olvido quien nos hiere.

Soñamos tanto pra no dormirnos que ahora es la noche quien nos hiere.

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Un día, cuando mi hijo me pregunte, no sabré que contestarle. Tanto tiempo olvidando para no encontrar recuerdos que cuando los necesite no volverán.

Llegarán fiestas, paseos, algún familiar de luto, muchos besos, llegarán sonrisas, procesiones con paso redoblao, caramelos en el aire y una cámara vieja captando alegrías. Ningún sueño roto, ninguna lágrima.

Un día, cuando me pregunte, solo podré entregarle unos papeles, con su firma, manchados de sangre, para que sea él quien recuerde.

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Lo peor de tener que ganarse a alguien todos los días es que por la noche, si no está a tu lado, no sabes porqué. Lo mejor es que si está, es por que quiere.
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Siempre supe que estábamos sincronizados. La misma hora para recordarnos y ahora me lo confirmas cuando leo tu nombre en el móvil, ahora que estaba pensando en tí. Ahora, que la chica con la que follo me pide que no lo coja.

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Era más fácil antes. Cuando el remordimiento no existía. Cuando una palabra frente al altar no valía tanto como la que te hacías tú. Era más fácil estar casado y ser infiel, que hacerlo ahora cuando solo es a tu cabeza a la única que tienes que dar explicaciones.

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Que extrañas sensaciones se tienen a veces. 
Que premonitorias se vuelven después.

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El alma flotando en alcohol cuando ella dijo adios. – La Frontera.

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Esta bien eso de levantase por costumbre sin tener que pensar porque o por quién lo haces.

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Se estrecha el cielo cuando tus dedos me rozan el antebrazo.

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Caminamos los cuatro juntos. Yo voy con ella detrás, hablándole, mirándola toda la tarde mientras el sol nos calienta la espalda, con unas ganas locas de comerle la boca. 

Paramos y mientras intento buscar la palabra justa, la que me lleve a sus labios, nuestras sombras, hartas de esperar, ya se están besando.

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Han terminado de hacer el amor. Lo sé porque aunque ella no quiera reconocerlo, estamos sincronizados. Esta tarde ha intentado dormir. Él vino al acoso para acompañarla en una cerveza que no acostumbra a beber, para ver una película que ya vio con otra mujer, aunque ella se haya empeñado en “sentirla” con él. Necesita recuerdos nuevos, borrar los anteriores, sentir como si fuese la primera vez. Él se durmió y con la última frase, cuando se acuerde de mi, lo despertará para olvidarme, para abrazalo. Y sub… (paso de seguir escribiendo)

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Alguien me ha devuelto parte de mi alma que arrojé al mar una noche alcohólica en una playa de chinos. Como no puede ser de otra manera viene en el mismo formato en que la desprendí. Una piedra lisa, que después de surcar el aire ha intentado acoplarse de nuevo al alma por la vía interocular.

Después de unos minutos inconsciente, la recuperación del alma es lo que trae, la piedra se encontraba a mi lado ahora sin valor. Los médicos por is acaso, me siguen recomendando reposo. Al menos hasta que el chirombo de la frente deje de tener el tamaño de una bola de billar.

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Mi padre me hizo prometerle, de pequeño, que el día que falleciese estaría a su lado. Que ese día, con un simple gesto, me transmitiría todo el odio, todo el rencor que mi familia, desde antaño, les tiene a los “Álvarez-Garmendia”

Me fuí de su lado, precisamente, el día que decidí unir mi vida a Marta Álvarez-Garmendia. Ni ella ni yo queríamos saber nada de nuestras familias y pusimos entre medias un continente y dos hijos con unos apellidos irreconciliables al otro lado del océano.

Solo mi hermana llama de vez en cuando para saber de nosotros. Hoy el teléfono ha sonado con su nombre. Lo he cogido y en su voz, apenada, me ha dicho que padre había muerto. El timbre ha sonado en ese momento y dándole la buena noticia a Marta le he pasado el teléfono mientras me dirigía a abrir la puerta.

En el umbral, igual que la última vez que lo vi, estaba mi padre. Me ha puesto una mano en el hombro y ha desaparecido. No se cuanto tiempo he estado delante de la puerta pero cuando me han llamado me he girado. Mi mujer traía unas copas y una botella para celebrarlo.   La verdad… ¡No se porque coño querrá celebrar la muerte de mi padre esa puta!

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Sigue durmiendo y descansa. La noche se hizo clara cuando empezamos a oscurecerla con cocacola y ron. Descansa la cabeza que mandas a pelearse con las olas gigantes de tu indecisión. Descansa mientras guardo tu sueño, mientras sigo ejercitando ilusiones. Ya deje de alimentarlas, ahora solo las mantengo en forma.

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Ya no quiero vivir de recuerdos. Quiero hacerlos nuevos, distintos, volver a sentir los primeros besos en otra boca, los abrazos entre otras manos.

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Uso todas las notas que no te mando como posavasos de los traguillos.

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Para hablar con ella hay que limar las palabras. Suavizar los tequiero y recortar cualquier “nopuedovivirsinti”. Para hablar con ella hay que usar dulces que no empalagen, cerveza que no amarga y un ron que destile poco alcohol.

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¿Como puedo echarte tanto de menos en una cama en la que no duermes?
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Es viernes, el barrio está completo, cuando por fin localizo un aparcamiento mi vecino ha ha salido en dirección prohibida y me lo ha quitado. No suele traer el coche al barrio dice que hay mucho “rumano suelto” y se lo pueden rallar. Tres vueltas más al barrio y por fin consigo aparcar. El peque está harto. Setenta kilómetros y varias vueltas le han hecho perder el poco humor que traía de casa de su madre.

Llegando al portal veo que se abre. Es mi vecino que va a bajar la basura, al tipo le ha dado tiempo a empezar a hacer cosas mientra yo aún no he llegado. Me ha visto pero en lugar de dejar abierta la puerta  deja que se cierre. Pellizca un moflete de Rafa y le pregunta por su madre. Me saluda, me dice que mañana se va de viaje a un cortijo de Ciudad Real, recogerá a la nueva chica con la que sale y pasarán el puente allí. Dice que el campo, ahora, le tira más. No hay nada más que verlo para saber lo que le tira a este. Aunque hay que reconocer que va conjuntado para la ocasión. Botas nuevas tipo Panamá Jack, conjunto campero con chaleco señorito sevillano, le falta solo la gorrilla para parecer un jinete de la Casa de Alba. Cada día está más pijo, no me extraña que se llevase bien con mi ex.

El caso es que algo bueno tiene haberlo visto. Al llegar a casa le digo a Rafa que voy a tirar la basura, que conecte la play, tardo nada. Pero es falso, tardo algo más.

Mi vecino aún no lo sabe pero mañana, cuando se levante para recoger a su nueva novia llegará tarde. Al menos una o dos horas y es que va a necesitar cambiar las cuatro ruedas del cuatro por cuatro. Lo único que siento es que la culpa la tendrán todos esos “rumanos sueltos” que hay por ahí.

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No me atrevo a decir Te Quiero. 

A escribirlo en las notas que dejo en tu casa para recordarte que te deseo, que te llamaron para recoger un vestido o solo para dibujar besos de papel en tu ropa. 

No me atrevo a decir Te Quiero. Cuando se que ronroneas con mis manos en tu pecho, cuando mi corazón golpea en tu espalda y tus piernas se entrelazan entre las sábanas. No me atrevo. Y por eso cuando tu oído está cerca de mis labios se me escapa un suspiro, un anhelo que te despierta sin pretenderlo. Entonces tu te giras, me miras y me rompes el alma con tu valentía al decirme: Te Quiero. 

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¿Y si todo lo que me pasa es que empiezo a ver un futuro y se me acaban las excusas?
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