Petardos

Esta Navidad, al menos en Córdoba, lo estamos sufriendo y bien. En cada barrio hay uno de esos idiotas que se dedican a “pegar petardazos”. No hablo de esos como Dinio o “la Esteban”, de los que hablo son de esos vecinos que aún no han pasado la pubertad aunque ya tengan hijos y que se dedican a rompernos el oído y el corazón con un petardo.

Antes, cuando yo era pequeño, cuando tirar petardos era un habitual en las fiestas, comprábamos alguno que otro de peseta. Eran unos petardos rojos, pequeños, que encendíamos con cerillas. En aquella época nos daba más miedo la cerilla que el petardo. A veces, algún incosciente adinerado, se podía permitir pagar un petardo de duro (cinco pesetas para los iniciados) pero entonces nuestras madres nos escuchaban, nuestras madres y todos los vecinos, y siempre había una que rivalizaban con el explosivo para darnos una hostia con, al menos, los mismos decibelios que el petardo. Se nos quitaban durante meses las ganas de seguir molestando de esta guisa. Los de peseta eran como un “tronío”, uno de esos que, el incosciente adinerado, tenía como si fuese la munición para una ametralladora y podía repetir una y otra vez el disparo con ruido de pólvora. Los demás, gastados los primeros troníos de la pistola, disparabamos con ruido de boca tipo PUM.

petardoEl caso es que este año, no se si han cambiado la ley o es que la policía simplemente pasa, hemos tenido que pedir cita al cardiólogo por culpa de los imbéciles que se dedican al petardeo generalizado en Córdoba. Nos dejan el susto en el cuerpo durante al menos unos segundos, eso, por no hablar de que puedes tenerlo más cerca de la cuenta y además del corazón te rompa el tímpano. El otro día, uno de estos petarderos, se dedicaba por medio Parque Cruz Conde a este menester. El inconsciente adinerado, porque los petardos que portaban eran más parecidos a un cartucho de dinamita que a otra cosa y debían salirle por un riñon, se dedicaba a explotarlos cada veinte o treinta metros. Lo peor es que alguno que otro lo jaleaban, y para más INRI todos podían andar por los veintimuchos y treinta años.

El petardero, si bien la educación generalizada impone solo un “oyeporfavortencuidado”  se está buscando la hostia materna que le enseñe que no está bonito putear al personal. No sé si a ese imbécil se la dará un padre al que el hijo le pille cerca y no pare de llorar en veinte minutos, si se la dará un hijo crecidito que acompañe a sus padres y vea como el corazón de sus progenitores se les sale por la boca y cruza la calle sin pasar por el paso de peatones, o cualquiera de los que deje sordo y su nivel de tolerancia y educación sea muy parecida al mismo tipo. Yo por mi parte, viendo que sigue la probabilidad de que este tipo siga campando a sus anchas, solo espero un justiciero que pueda coger el material explosivo y metérselo al petardero por el mismísimo culo. Sería divertido ver esa traca.

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2 respuestas a Petardos

  1. lorena martinez dijo:

    jjajajjajajaj jode,que algunos papás encima los animan…no sé con qué tipo de aliciente…la verdad…creerán que son superhéroes durante esos segundos???que si mi estado natural..es nervioso… ya no puedo tomarme tranquila mi cervecita en algunos sitios estos días y pego botes…qué “aggcoo” !!! Por cierto, Felices Fiestasssss!

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