Al pan, pan y al vino… Al vino lo que Dios quiera.

¡Ya era hora! Tengo un fin de semana en casa. Sin prisas, sin nada pendiente, uno de esos que dan un poco de miedo porque piensas que seguro que a alguien se le ocurre limpiar, o mudarse, o simplemente celebrar el cumpleaños de un niño que a ti ni te va ni te viene. El caso es que antes de que empiece a sonar el teléfono para pedir algo yo me voy a la calle.

La idea era desayunar tarde, y darnos una vuelta por la cata que organizaba el Consejo Regulador con la excusa, muy original por cierto, del Premio Mezquita. Así de paso le sacan unas pelas a los pobre bodegueros incautos y a todo el que se presente por Cabellerizas Reales que, como marco, es impresionante.

El ansia me puede y con las ganas que tenía me cuelo en Caballerizas, allí aún no había nada montado, me dirijo a una chica que está en la puerta y le pregunto.

– Shiquilla, guapa. ¿Esto cuando abre? ¿A que hora podemos empezar a tomarnos un vino?

Y me da un disgusto al decirme que hasta la una… ¡Nasti de plasti! Así que intento organizar mi mente que tenía taninos por neuronas y pienso que lo mejor es dar una garbeo por la judería. Rafalete me había preguntado por la estatua de Averroes y, aunque está cerca de Caballerizas, decido enseñársela vía Maimónides, Mezquita, Séneca. Vamos que le doy un vuelta por la judería para hacer tiempo antes de la una. Visitando al ilustre Moshé ben Maimón me encuentro en la puerta del Taurino, (bendito museo, a ver si algún día le dan por volver a abrirlo) a una delegación del Consejo Regulador Montilla-Moriles.

– ¡Hola! ¿Vosotros tenéis algo que ver con la cata de Caballerizas?

– Ehhhh??

O sea que me entero que no. Que no tienen ni idea de que es eso y que ellos lo que están haciendo es promocionar Montilla. Nos deben de ver pinta de guiris, es lo que tienen llevar cámara a todos sitios, y nos explican donde está Montilla, que es lo que promocionan, y donde están los puntos en los que hay alguna actividad. Vamos que si tenía claro la vuelta que le iba a dar al peque por la judería ahora no me cabe ninguna duda. Nos adentramos en San Bartolomé que tienen expuestos unos dulces, en Filosofía y Letras que está la centuria Munda con sus aguiluchos encima del estandarte SPQR, y sus trompetas, paseamos un poco para ver si encontramos un lugar donde tomarnos una cervecita o un martini, que es la hora pero cuando nos dirigimos a Santos nos damos cuenta que la tortilla está en su apogeo. Ni una mesa libre ni dentro del amplísimo salón ni en su extensa terraza. (Para el que no conozca el lugar, lo siento.) Amén del tiempo que puedan tardar en servirte. Nos atravesamos el patio de los Naranjos y salimos para Judá Leví. Allí un tipo escancia un tonel sirviendo fino. ¡¡Como me gusta Córdoba!! Nos apalancamos a su vera y el tipo simpático nos obsequia con una copa. Le preguntamos por el vino, por la bodega pero al parecer lo que exponen es la denominación de origen sin nombrar bodegas ni marcas. Nos vamos más contentos por la judería. Volvemos al Taurino y allí otro tipo con la misma pinta está repartiendo más vino. Si esto me pilla hace unos años la ruta cordobesa hubiese sido de aupa, pero así, con el niño y a mis años esta feo ir de esquina en esquina pidiendo vino. El caso es que me bebo el de Estrella que le quedaba un culín y vamos por otra copita. Con la copa nueva subimos la calle Judíos que parece la caseta de Salsaya un sábado de Feria, la de gente que hay esperando para entrar a ver la Sinagoga. ¡Un lujo lo que tenemos en Córdoba! Los guiris nos miran con cara de: ¿esto es normal la gente bebiendo vino por las calles? Pero es Córdoba, y si, es normal. Llegamos a la puerta Almodóvar y… ¡Mierda! ¡Pues no que hay otro tipo venenciando! Y ahora que hago yo con la copa. ¿Le pido otra? Dicho y hecho, me tomo el vaso de un trago, hago uso de la papelera que hay cerca de Casa Rubio y me dirijo al tipo. Y es que… ¿quien le va a hacer ascos a un montilla-moriles?

Menos mal que llama mi hermana, justo mirando a Séneca, para quitarme la idea de pasearme por la otra parte de la judería donde todavía no me conocen los venenciadores.

– Fran, que estamos en la cata de Caballerizas, ¿donde estás?

¡Hostia! La cata, casi se me había olvidado. Llegando, le respondo.

¿En que juego aparecerá Averroes?

Así que en un paseito por Kairouan le comento al peque de donde viene el agua de allí, mísmamente del Fons Aurea, vamos el acueducto que tenemos en la estación y nos dirigimos, no sin dejar de crecer los dientes de purita envidia viendo los jazmines que adornan las casas de esta calle, hasta la estatuta de Averroes. ¡Hombre! Y es que uno puede ser un cafre pero por lo menos ya que salimos que el peque se familiarice con los cordobeses antiguos, así que nos hacemos unas fotos al lado de la estatua de Averroes antes de ir a Caballerizas.

¡Madre mía que ambientazo tienen las cuadras! Para allá vamos, cual potro saltarín al abravadero. La primera en la que paramos es la de Laujar. A mi esta gente me suena de algo, claro… de una cata a la que fuí en Guadix, (leer sábado 31) estos están por allí cerca. Y a partir de ahí, la verborrea de mi cuñado Pablo que de vinos sabe un rato, y las ganas y la atención que le pusimos los demás nos hicieron pasearnos por todos los abravaderos que pudimos.  Nos tomamos un crianza de las Bodegas Viñas Cabrejas, de Burgos que estaba poco bueno, varios afrutados de Bodegas Cañalva, flipamos con el polvo de aceite de Arbonaida. ¡Si! No te rías que hay polvo de aceite y además está muy bueno. Además de alguna que otra bodega más locl y pedir alguna que otra tapa en los restaurantes que

Si, está borrosa pero es que la hice cuando me iba.

también tenían stand y es que a los pequeños había que entretenerlos con algo y el vino no era una opción. Poco les duró el entretenimiento porque bramaban por irse a casa, por jugar a la play, por tirarse en mitad del salón y… básicamente, lo que vienen a ser unos niños que no te dejan tranquilo, dar por culo. Total que como padre responsable me quedé con las ganas de seguir de bodega en bodega catando y al final ni siquiera pude probar el Pedro Ximenez, . Pero es que… tocaba darle la razón a los peques y al fin y al cabo, después de unos medios, que mejor que llegar a casa y darle una paliza como Dios manda al sofá con una siesta de campeonato.

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