Domingueros de invierno.

Todos conocemos a los domingueros de verano. Son esos tipos que se levantan temprano y se marchan a pasar un día en la playa. Preferentemente el domingo. Para ello, para ser dominguero es imprescindible la típica tortilla de patatas, las hamacas de colores berriondos y un toldo, marcando sitio, como si se fuese a cubrir la Mezquita de Córdoba. A los domingueros de verano los sufrimos en mayor o menor medida desde Junio hasta Septiembre.  Ya digo, todos los conocemos, pero… ¿y a los de invierno? ¿sabemos diferenciar a los domingueros de invierno? Voy a intentar poner varios ejemplos para ver si identificas a alguno.

El ciclista.

El dominguero ciclista es ese que guarda su bicicleta en el trastero, con siete llaves, tiene que retirar el coche y dos o tres muebles para poder recuperar el vehículo que no toca nada más que algún que otro domingo. Domingo que debe de venir con sol y buena temperatura. Un dominguero de invierno no coge la bicicleta si el cielo esta gris. Tenemos varias opciones para este personaje. El primero, es ese que ha escuchado al amigo de un primo lejano, que hay una vereda por la que puede llevar su bici cómodamente y ver de paso el último unicornio que pasta en las colinas cercanas de Los Visos. La bicicleta de este dominguero suele ir perfectamente equipada, igualita que la sacó del Decatlon seis o siete meses antes, con su bombilla, sus reflectantes y algún kit de cambio de rueda por si las moscas. (Kit que no tiene ni idea de como funciona.) El ciclista dominguero invernal, si al final se decide por una ruta tardará en volver a coger la bicicleta al menos otros tres o cuatro meses.

Tenemos otro tipo de ciclista dominguero que es el que se apunta a todas las marchas cicloturistas por la ciudad. Normalmente suelen ser tipos divorciados que se empeñan en realizar actividades familiares con sus hijos. Ese lo sufrimos todos. Unos porque aún no se han dado cuenta que su hija pequeña, con cuatro años y bicicleta con patines a los lados, no puede llevar el mismo ritmo que la marcha cicloturista. La pobre niña termina hartándose de bicicleta, de padre y de Córdoba. Los demás terminamos hartándonos porque nos provoca unas ganas de hostiarlo al retrasar el tráfico, la marcha y nos dueles el horterísmo del tipo un mallot amarillo de Banesto que le regalaron a los quince años y se le queda ajustado cual gay del Arni.

El senderista.

Para ser un senderista dominguero invernal lo primero que hay  que ver es si lleva bastón. Da igual que sea uno de los de madera o, uno articulado de titanio. (No confundir senderismo con  Nordic Walking, que llevan dos.) Este personaje, al igual que el ciclista anterior escuchó una vez que su padre le dijo que había un puente de oro en uno de los caminos de Sierra Morena partiendo por la cuesta del Rebentón, y allá que se dirige el tipo. ¡A encontrarlo el solito! El dominguero senderista, además de un bastón, lleva una cámara de fotos de pequeño formato por si se encuentra de lejos con uno de los Grifos que siguen correteando cerca del puente según le contaba su amantísimo padre, un machete que compró en su última visita a Toledo y es clavadito al que tenía Rambo en su última película y unas botas que ríete tú de las que pueda llevar el Coronel Tapioca en alguna de las misiones al Amazonas. Por mapa tiene varias fuentes, además de los conocimientos paternos, como son la guía de senderos de Calatayud que se trajo de una feria cinegética cuando pasó por Zaragoza, un mapa topográfico de cuando hizo la mili y varios folios impresos de páginas como “adesalambrar.com” o “dipucordoba.es“. El senderista dominguero invernal, siempre y cuando no arrastre a nadie en su caminata suele ser una persona agradable que solo entraña peligro para el cuerpo de la Guardia Civil si tiene que ir por él el domingo de noche o el lunes.

El fotógrafo.

Otro de los domingueros invernales que abundan es el fotógrafo. Este lleva un bolsa completa de fotografía, dos o tres objetivos, una o dos cámaras, flash, filtros, gamuza de piel de leopardo vegetariano para limpiar el equipo y a veces, cuando lo impone el escenario, una muñeca hinchable que usa de modelo para dar veracidad a la foto. El fotografo dominguero es el que se patea media comunidad buscando el pueblo más turístico, más fotogénico, la fotografía del pueblerino rústico que mejor ambiente su domingo. A este personaje, al contrario que sus antecesores, le da igual que llueve o truene, siempre y cuando no se el moje la cámara. Lo mismo retrata la cúpula barroquiana de la iglesia que el jaramago amarillo que emergue de las cloacas. Por su objetivo pasa desde el bebé tirando el chupete hasta el abuelo con humo de Farias. Este tipo, que  lo mismo te coloca la cerveza en una esquina porque pierde ángulo, que te solicita que mires a la cámara y mantengas el gesto de esperanza cuando le regalas unas flores a la novia, es fácil que tenga un ojo morado por la insistencia que imprime a sus fotografías. A veces no es consciente de que interrumpe momentos íntimos y puede ser maltratado por el vecindario del pueblo de turno. Si en lugar de visitar un pueblo se dirigen a una gran ciudad suelen llevar chancletas y calcetines blancos para pasar por guiris y no recibir el hostión correspondiente.

El deportista.

Los hay de dos tipos:

El que practica. Que es ese que antes de salir el domingo para jugar un partido de fútbol con el equipo del cuñado le pregunta a la mujer donde están las botas aquellas que le regalaron en la navidad del 98. ¡Que ya es hora de estrenarlas!  Y después te jode el lunes hablándote de chilenas, de pases marcados como los de Laudrup, o de empalmes como el gol de Zidane de la Eurocopa, a la vera de la máquina de café de la que no piensa separarse hasta que no lo hayas echo tú para que no se le note el andar torpón de unas agujetas más incrustadas que si se las hubiera puesto un acupuntor chino.

El que ve el partido. Este dominguero, o es invitado por un  compañero, una entrada que sobra, una manera de involucrarlo con los colores del equipo, o por el contrario ha comprado él la entrada porque el equipo de la ciudad juega algo trascendente y no quiere perdérselo. (La copa del Rey trae muchos de estos.) Este dominguero invernal no suele entender mucho del deporte en cuestión que va a ver. Su indumentaria se base en camisetas, polos o ropa deportiva, a ser posible con el escudo de un equipo, identificable o no. (Conozco gente que ha ido a ver un partido a un gol sur con la camiseta del rival.) Alguna cámara de fotos, con flash incorporado, para inmortalizar el momento mágico del deportista a setenta metros de él,  y una bolsa de palomitas con Coca-Cola. Este tipo de domingueros deportivos te comentarán el partido de dos maneras: Si los invitaron, el partido fue regular. Ellos no se gastaran ese dinero en volver a ir. Si pagaron ellos, el partido fue genial. Te invitan a que tú seas el próximo en apuntarte para ayudar a la aficción, para involucrarte en los colores, para… ¡Animar! (así, en mayúsculas). Los dos pueden haber visto el mismo partido y ser del mismo equipo.

 

 

Y supongo que me quedo corto en los domingueros invernales. Seguro que tú conoces algún tipo más. ¿A que si? Pues no te cortes, ilústrame en los comentarios.

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4 respuestas a Domingueros de invierno.

  1. lorena martinez dijo:

    Sí mis preferidos son los que deciden ir a pescar o a por espárragos en un ataque de naturalismo y como mucho pescan un resfriado y a los que cualquiera les dice que no le gustan los espárragos cuando casi te atizan con un manojo churretoso de dudoso sabor y calidad..jajajja me gusta cómo describes a tus domingueros,jejjeje!bueno aporto algo pero aquí hay chicha!!!

  2. Fran dijo:

    Estoy seguro que cada uno tiene su dominguero de invierno. El de pescador o esparragista viene a ser muy similar al senderista pero con tipología incluida. ¡¡Mola!!

  3. Maripili dijo:

    Los domingueros son tan sólo los que van al campo de excursión? porque por madrid abundan los que se van al centro comercial de turno a pasar la tarde en un entorno cerrado de donde los niños, aunque se pierdan, nunca podrán escapar.

    • Fran dijo:

      Una amiga me comentó por Facebook que en su barrio, por Suecia o por ahí, se iban al Ikea o grandes almacenes. Aquí lo ir al Carrefour un domingo es dificil, además que no hay sol. Quita, quita. pero desde luego es otro tipo de dominguero invernal.

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