Desperezándose.

En la cama, presagiando que pronto le estará pequeña, sigue durmiendo. Acaban de dar las diez y, en contra de lo pregonado ayer, tiene pinta de que aún le quedan unos minutos para desperezarse. A Rafa es esperanzador verlo dormir. No tiene en su cara ese rostro serio que te pone, ese que ensaya a veces en el espejo para parecerse a los heroes o villanos que tanto le gusta, con los que juega casi todo el día. Cuando duerme, a veces sonrie, sueña que está en uno de sus videojuegos y que no hay enemigo que se le resista. Ayer, que estuvo castigado sin jugar con algo que tuviese pantalla, él me castigó a mi sin ver esa sonrisa. No como ahora que el lunar bajo el labio parece que le brilla.

Dentro de poco despertará y el castigo se le habrá acabado. Estoy seguro que StarKiller está entre sus preferencias para hoy pero yo por si acaso ya me he afeitado. Antes de que le de tiempo a reaccionar y coger el mando pienso darle una tunda de besos.

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