Predicción.

Era su última predicción y el adivino la dedico a leer su futuro. Después de escribirla, la dejó en el buzón de la oficina. Recogió sus cosas, se despidió de los demás compañeros de adivinatoria y tranquilamente, saboreando el ocaso se dirigió a su casa. Se entretuvo en la tienda de ultramarinos, compró pan, algunas verduras, refrescos  y una caja de cerillas y un paquete de tabaco. ¿Que marca? Le preguntó la dependienta sonriente. Da igual, respondió, no fumo. Cuando entró en casa dejó a un lado la compra y sacando uno de los cigarros se lo colocó en la boca, entro en la cocina en el momento justo de encender la cerilla y la acumulación de gas que había explotó.

Al día siguiente, cuando en la oficina de adivinatoria se enteraron del suceso alguien leyó su predicción en voz alta.

– Era el mejor. Respondieron todos al unísono.

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