El parque.

Es solo cuestión de mentalizarse. – Pienso mientras estoy en la cama.

Estrella se está duchando, aún no son las siete y cuarto y, mientras me giro en el colchón ocupando todo el espacio, voy pensando en que necesito: El Ipod, que quizá deba ponerlo un rato a cargar la batería, o si no… el teléfono con sus auriculares. Las zapatillas  nuevas, no esas viejas que son tan cómodas pero les entran toda la gravilla del parque. El pantalón de deporte, con lo poco que me he puesto…

– Entonces… ¿te vienes conmigo? – Me dice Estrella desde la puerta.

-¡Yaaaa! Pero ¿ya has terminado?

– Que si, que me voy. ¿Te vienes?

Así que dejo la mentalización al lado de la cama sin hacer y cogiendo un bañador y las zapatillas viejas me voy a la calle.

Se está fresquito. Si en Córdoba hace un calor de tres pares de cojones a las cuatro de la tarde a primera hora de la mañana es la mejor hora para darse una vuelta. Siempre que no tengas que ir corriendo al trabajo o a clase. Cuando llegamos al parque Estrella me da un beso y me señala el circuito.

– ¡Anda venga!

– Andavenga ¿que?

– ¿No te vas a ir a correr? ¡Venga!

– ¡Que no! ¡Que no! Espera que me mentalice. Te acompaño un ratito hasta el curro y ya… yo….  me pongo después.

Estrella no lo dice pero se le viene de nuevo el palabro ese del que estuvimos hablando hace poco: Procrastinación. Que viene a ser la inversa del refrán ese… “No dejes para mañana lo que puedas hacer hoy”.

El caso es que poco más de cien metros después le digo que ya estoy mentalizado y me pongo a correr por el circuito.

Los cincuenta primeros metros se dieron bien, después no se que pasó que el pie derecho parecía que se ladeaba. Creo que me pesa un pie más que otro. A los doscientos metros estaba pensando seriamente dejar de correr y empezar a andar. Total esto es un entretenimiento y fastidiarse la vida por que peso un poco más que el año pasado tampoco es cosa. (Bueno si, son cerca de diez kilos más, pero si el otro día me dijo la doctora que 87 kilos en 1,94  está muy bien, no voy a ser yo quien la contradiga.) Pero seguí. No había llegado a los seiscientos metros y, después de subir la cuesta del Teatro, pensé que ese era mi fin. A mi lado un tipo calvo con un paso trotón me saluda. ¡Coño Félix! Hago una mueca como si intentase sonreir y sin poder decir ni siquiera buenos días sigo corriendo. ¡No voy a parar ahora que me están viendo! Así que sigo en carrera, al menos hasta la siguiente curva que no se note mucho que desisto. El pie ya no me duele y cuando me doy cuenta estoy en el primer kilómetro. ¡Coño! Esto parece fácil, pienso. Y en vez de tirarme al suelo y pedir a los santos que me lleven pronto para ahorrarme el sufrimiento me da por seguir corriendo. Ahora puedo mirar el parque, está precioso, a las abuelas con su paso ligero y… ¡hombre! Un poco más adelante hay una chica corriendo con un tipo muy saludable. Intento dar una carrerilla y ponerme a rebufo de la niña. Lleva un paso muy bueno, además tiene un culo impresionante que anima bastante mi trote cochinero. La niña parece que, más que música, lo que lleva es un cómitre en los auriculares. ¡La virgen santa como le cunde! Así que cuando llegamos al final del circuito y ella sigue con su ritmo machacón, le digo adios en la lejanía mientras mi lengua arrastra la gravilla del parque.

Otra vuelta, me doy otra vuelta y le dan morcilla al circuito, al parque, a los kilos y al mirlo negro que parece que me sigue por todo el circuito escojonándose a mi costa. Eso si, esta vez andando y despacito.

– ¡Fran! – Me gritan.

¡Hostia! ¡Mi madre! No había andado más de trescientos metros cuando me encuentro con mis padres. Mi madre va delante, de liebre.  Rapidito, como le gusta a ella, detrás mi va mi padre, con el bastón y siguiéndola a su ritmo. Mientras ella coge las curvas abiertas, mi padre las coge cerradas, si puede hacer un pirulón acortando por el césped eso que se ahorra, si no… a ver quien es capaz de seguirla. Total que me voy con ella. Otra vueltecita más al parque, esta vez andando pero con un ritmo más ligero del que me había marcado al principio. Me entero de los últimos acontecimientos familiares, de los de la comunidad de mis padres, de la programación del Canal Sur y de como siguen los de “Amar en tiempos revueltos”.

– Uyssss pues… casi que voy a seguir corriendo. Mamá luego te veo.  – A mi padre lo saludo como a la chica del culo bonito, en la distancia.

Así que, sin darme cuenta, estoy dándole la tercera vuelta al circuito. Son poco más de las ocho y el parque se está llenando de gente. Los periquitos han dejado de funcionar y todo huele a fresco, la tierra, las flores, hasta los mirlos parece que acaban de ducharse.  Mientras corro, esta vez si que va a ser la última vuelta, voy disfrutando de la gente. Es curioso ver como en tan poco tiempo y espacio se mezclan gente mayor que recorren el circuito, señoras con chandal y perros que se ponen al día de los cotilleos mientras se paran a oler las flores, muchos estudiantes del Séneca que se dirigen a clase (me he encontrado también con mi sobrino, vamos una reunión familiar podíamos haber montado en el parque), jóvenes que se dirigen a la facultad y, como yo, algún imbécil que se dedica a putearse el cuerpo.

Terminando la última vuelta recuerdo que, entre otras cosa, una serie de abdominales se hacía imprescindible después de la carrera pero… ¡anda ya!

Me voy a casa. Lo tengo claro, un poco de fruta, algo de leche y ya está. Tengo que empezar a comer sano. Abro la nevera y… ¿quien ha puesto aquí la zurrapa de lomo?

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6 respuestas a El parque.

  1. Tesa dijo:

    Juas
    Es buenísimo, Fran

  2. Lorena Martínez dijo:

    Me gusta,sobre todo la valentía de correr en una ciudad donde a las 9 casi rozas los 30 grados,jajaja!La verdad es que da para mucho observar la vida en una mañana cualquiera,me encanta como lo describes y es que ahora que aún no ha llegado el verano”del todo”la calle está llena de gente y eso me gusta!Y siempre se pueden dejar los abdominales para otro día pero jamás un buen desayuno…jajajjaja!

    • Fran dijo:

      Además el desayuno es la comida más importante del día, ¿o era el almuerzo? La cena no, ¿verdad? Bueno… yo siempre he dicho que la comida más importante del día es la que haces. (La mayoría de las veces solo “pizqueas”.)

  3. Maripili dijo:

    jijiji me ha gustado la entrada, aún y así, a mi nadie me convence de que correr sin control ni fin es bueno para ningún cuerpo.

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