Hoy no escribo de…

Llevo varios días que no se que escribir por aquí. El sábado me salió una crónica del partido de rugby genial. Exaltación de los del Cardo y un mojón como la copa de un pino para los cabrones de La Rosa. Al final me di cuenta que era un poco… como diría yo… un poco… bueno, si, la hostia de imparcial. Pero es que los cabrones de los ingleses tuvieron una potra impresionante. Ahí se quedó: en borradores. Hasta hoy que lo he tirado a la papelera. El seis naciones ha empezado, ya haré alguna entrada. A ver si los escoceses me dan alguna alegría que tiene pinta de que si, pero luego…

Desde hace tiempo quiero escribir sobre mi bicicleta nueva. “Peaso bisi” me han echado lo reyes. (Por reyes léase Estrella y Danesa.) ¡Un maquinón! Da gusto ir al trabajo.  Voy al trabajo mucho mejor, más cómodo. Bueno pues ayer pinché. ¡Si! Pisé un pin republicano y la rueda comenzó a hacer un ruido, así como tiqui, tiqui, tiqui, tiqui. Pensé que era un caramelo. ¡Con tantos colores! Así que lo quité y del tiqui, tiqui, pasó al ffffsssss. Menos mal que me pilló al lado de una tienda de reparaciones. Cinco euritos me cobraron por una cámara nueva, pero los dí encantados y fue rapidísimo. Total que de esto tampoco hablo.

Luego están las conversaciones de noche. Esas que te pillan medio dormido y mientras intentas coger el sueño y la posición alguien te dice: ¡Estoy embarazada! Y ya te quita el sueño y pierdes la posición y no duermes en tres días. (Por cierto lo de: “Estoy embarazada” es un ejemplo y no es el caso, ¡que después empieza a sonarme el teléfono!). Esta bien eso. Yo creo que no he hablado nunca tanto como en esta relación. Más que nada lo que me cuesta es analizar como estoy. No se, supongo que eso suelo hacerlo mientras escribo. (Que por cierto he leido una entrada del 2006 que me ha dejado fundido.) Saber que quiero, como lo quiero, que estoy dispuesto a dejar a un lado y que considero imprescindible. De estas conversaciones se saca en claro un montón de cosas. Cosas que tampoco hoy voy a escribir aquí.

Más pegos de lo que podría escribir y no lo hago… pues que en el curro seguimos igual. Y eso, hoy por hoy, es malo. Se supone que en julio del año pasado deberían haber cambiado las cosas, no se si para mejor o para peor, pero se dio una prorroga hasta enero, y ahora esa prorroga es hasta julio. El coñazo es no saber, la incertidumbre, y que vemos que “los jefes” no están por la labor de sacar el barco del atolladoro. Están aguantando mas mal que bien en un lugar al que podrían sacarle un beneficio espectacular. Sinceramente creo que la estación funcionaría mejor si no hubiese nueve empresas que se echan el muerto unas a otras. Que,si intentaran buscar el bien para la estación más que para sus empresas, sería más rentable y se le podría sacar más partido. Mi jefa, bueno… mi jefa, Inma, que es la que se curra últimamente todos los marrones de la estación ha intentado darle vidilla a un edificio que, aunque yo tengo algo aborrecido, es un edificio chulo, un lugar emblemático, ¡coño! ¡Una estación de autobuses! Con toda la gente que se mueve alrededor. Bueno pues nada. Por mucho que se ha currado que esto parezca otra cosa no hay manera y es que cuando unos cuantos se ponen en plan yo, mi, me, conmigo debe ser descorazonador intentar tapar agujeros mientras ves que algunos de los armadores sigue con una barrena abriendo brechas. Total que ahí estamos a ver que pasa en julio. (Veremos si no me dan mi 40 cumpleaños.) De esto, creo que tampoco voy a escribir hoy. Además con el día que nos ha dado el servidor… mejor lo dejo.

Quizá podría escribir de Rafa, pero a él ya le hice la última entrada. Lo que tengo claro es que hay cosas que me desconcierta, que a veces me dan miedo del petardo ese, y que… que tampoco voy a escribir de mi peque. Todo lo más es que el viernes… ¡ah, no! Eso tampoco.

Pues poco más. No tengo nada que contar. Para ser siete de feb… ¡Hostia! Siete de Febrero. El cumpleaños de mis dos hermanas y yo

todavía no las he llamado.  ¡Me cago en la leche! De eso podría haber escrito, de mis superhermanas. Pero ya… como que no tengo tiempo, que voy a llamarlas por lo menos antes de que se me haga tarde. ¡Madre mía! ¡Que bulla me van a dar por no haberme acordado!

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