Darío, ¿o era al revés?

08/12/11. Jueves. No son las siete de la mañana y estoy nervioso. ¡Manda huevos! Llevo seis días de vacaciones y no me he acostumbrado a levantarme tarde. Hoy de todas formas es de esos días que esperas con ganas. Hoy toca salir a la calle y hacer un viaje. Nada de en plan Ulises, ni Frodo Bolsón, ni siquiera ochenta días como el tipo ese, Rigodón, ese, el que acompañaba al sr. Fogg. Nada, lo mío es mucho más simple. Me voy de viaje. Hace mucho tiempo que le tengo ganas, y me lo volvió a recordar Dani, después de encontrarme un chollo por internet lo tenía claro. ¡Me voy al Chorro a pegar mochilazos!

Los días anteriores han sido pesaditos, no en plan de coñazo, ¡no! Han sido pesados de comida, de bebida, de ponerme de grana y oro, así que ahora entre la naturaleza y los bichitos me voy a depurar un poco el cuerpo. (O eso pensaba yo.) El caso es que empecé regular. En Ardales un tipo con cara de venir “mismamente” de matanza, con sus chapetas colorás y su anís mañanero, me pone media tostada que parece la suela de la zapatilla de Pau Gasol. Esto tengo que empezar a bajarlo de alguna manera y como ya estoy viendo más pinos de la cuenta, con sus montañas y esa señal tan típica de las carreteras asquerosas que te señalan curvas a tres kilómetros y antes de que llegues a los dos kilómetros y medio tienes otra igualita con otros tres… vamos que los nervios de la mañana se me van juntado con la tostada y las curvas y como no llegue pronto a “La posada del Conde”, que es donde voy,  termino echando hasta las migas del martes. Al final no estaba tan lejos, parecía peor, solo mil doscientas setenta y cuatro curvas a la izquierda y otras tantas  a la derecha, siete puentes, dos lagos, y se ve el sitio.

– ¿Y si nos vamos a explorar? – Me dice Estrella.

– ¡Venga! Para eso hemos venido ¿Noo?

Total que dejamos las cosas en la habitación, y nos vamos mochila a la espalda a andar por esos caminos de dios, digo… de la Junta. No llevábamos un kilómetro y vemos un túnel excavado en la roca. Lo menos cien metros. Sin una bombilla entre medias, sin nadie que dijera “tiraporaquíchaval”, solo una luz al final, como eso que dicen que pasa cuando te vas a morir y uno ve el túnel y lo ve precioso hasta que a Estrella se le ocurre decir las palabras mágicas: “No hay huevos de cruzarlo”.

¿Que no hay huevos? ¡No! No hay, pero a ver. Así que empezamos a meternos por el agujero ese, que nos lleva a los dos con la cabeza muy junta y agachada, por que el puto túnel lo tuvo que hacer el hermano pequeño de los Bolsón. Nada más entrar nos damos cuenta que no tenemos linterna, ¿para qué? ni mechero, joder ni unas putas cerillas que llevan en el bolsillo hace lo menos cuatro días y no me llevo porque no me voy a poner a hacer fuego en el monte ¿no? Pues nada, a seguir andando por el gruta, con los pies tanteando cada paso. Cuando salimos y vi luz… ¡joder! ¡Que a gusto me quedé!

Después un poquito más de andurriales y… pues no que tengo hambre. Así que de vuelta a la posada, a ver que nos dan de comer. Para empezar inapetentes desde primara hora no fue cosa de pedir mucho, un peaso de chuletón y una botellita de ribera para acompañar, ¿que tiene postre casero? Bueno… no es cosa de hacerle el feo, habrá que probarlo. Total que no te das cuenta y entre una tontería y otra el sol dice que va a fichar, que él se va. Así que nosotros nos dirigimos a Ardales de nuevo, con sus mil cuatrocientas y pico curvas a izquierda y derecha, más que nada por ver el pueblo, por eso de confraternizar con los vecinos, para comprar cuatro pegos y no tener que entretenernos al día siguiente que es el día “mochilero” por excelencia. Lo mejor fue a la vuelta, aún no era muy tarde y  en el camino un zorro se nos quedó mirando, así un poco en plan chulo, como, “a mi no me eches las largas que te meto una hostia”, como si me quería dar dos. Es de las pocas veces que veo un zorro en libertad, y… ¿que quieres? Me hizo mucha ilusión.

09/12/11. Viernes. El día comienza precioso. Estrella se había pedido para amanecer un juego de luces rojas y nubes para despertarse sin sobresaltos y se lo habían concedido. Con la ventana empañada, la calefacción en la habitación y ese juego de colores uno puede levantarse, incluso un lunes, sin sentirse mal. Total que después de desperezarnos y despedirnos del personal de “La Posada” nos vamos en plan serio por esos andurriales. El sendero de los Gaitanes, completo, cayó antes de las doce de la mañana. ¡Impresionante! Cualquiera que nos hubiera visto por esos caminos habría pensado: mira los enamorados. Y no, es que con la tontería del río, de los saltos de agua,  los tajos, las piedras altas y esos peligros que ponen ahí pues… acojona un poco y cuando no era uno era el otro el que buscaba la mano del otro, en plan… “simematovienestuconmigo”.

En el sendero hay aviso de animales, pero claro, los caminos, ya digo, son de la Junta. Vamos que como funcionarios que son los bichejos allí no se vio ni siquiera un conejillo saltando matorrales. Estarían todos de puente, como nosotros. Nos fuimos de la zona de Ardales sin ver nada más que al zorro nocturno del día anterior. Ahora tocaba descubrir la parte contraria, la parte baja de el Desfiladero de los Gaitanes. Y para allá nos fuimos, al Chorro, pasando por el yacimiento arqueológico de Bobastro. Vamos que si no habíamos subido y bajado cuestas en el sendero ahora tocaban otras pocas más.

Lo que hay que ver es la de inconscientes que tiene esa parte del río. Si en el otro lado la gente era más de senderismo y montañismo, en la parte baja lo que hay son un montón de locarrias tirándose por una pared vertical.  Pa´habersematao. Después de alguna

Desfiladero de los Gaitanes.

fotografía más turística, y es que hay que reconocer que el desfiladero por su parte baja, asusta menos pero es más impresionante, tiramos para Granada. Por carreteras secundarias. El Valle de Abdalajís me encantó. Eso si… ¡curvas, de cojones!

Duchita para ponernos guapos y quitarnos el plan mochilero y a la calle. Tapitas y cervezas.  Algo tranquilo, pensaba yo pero Estrella tenía un visita pendiente. Fuimos al “Brasilia” no al de la plaza de toros, el otro que es del hijo, en la Plaza de San Lázaro, eso. Así que todo lo que habíamos perdido por esos senderos lo recuperamos de una sentada. ¡La virgen santísima! ¡Como se come allí! El sitio está genial, pero salimos de allí como las palomas de la vieja. (Si no lo has visto te dejo el enlace, el corto es buenísimo mira desde el minuto 2:51 hasta el 3 y pico y te enteras como están los pajarracos.) Después un paseito por Pedro Antonio, una partidas de futbolín (Los Vallecillos no saben jugar), y un besazo a Mari Pepa que se llego a tomarse algo con nosotros. Pero tengo que reconocer que estaba hecho polvo, estoy mayor, prontito a la cama.

10/12/11. Sábado. Mañana tranquila. Los excesos del día anterior se notan y la noche va a ser larga. Hoy es el día del concierto de Marea. En Granada no hay Dios que aparque, el coche se queda en el quinto pino y nos vamos al centro en autobús, a esa deducción tardamos en llegar. Más o menos… una hora y media dando vueltas por Granada. ¡Anda y que le den! Total que al final y como no puede ser de otra manera, tapas y cervez… ¡ah no! Esta vez no fue cerveza. Hay que cuidar todos los sectores de la alimentación y me decanté por la manzanilla de Sanlucar, y es que en Granada lo del fino lo llevan regular. Para terminar la tarde de gintonics y billar en uno de los baretos del paseo del Darro. Había que descansar un poco porque no era normal tanto viaje. Camino a Armilla nos compramos un pizza, algo de pan y tres o cuatro pegos más. Se me fue la mano con la pizza y el bocata de salchichón, las birras, el chocolate y el siestón en el sofá porque cuando me tuve que levantar para ir a la “Industrial Copera” a ver el concierto yo me quería morir.

¡Madre mía! ¿Como le digo yo a Estrella que me voy a morir? No fue necesario. Fue, salir del coche, y empezar a echar la pota. ¿Que mejor manera de empezar un concierto? A los conciertos hay que ir con todo hecho para volver a empezar allí dentro.

– ¿Estás mal Fran? – Me preguntaba la niña. – ¿Quieres que nos volvamos?

– Regular. – Le miento – Pero ya voy mejor. – Le digo antes de echar un trozo de pizza cuatro quesos. (Por cierto, del salchichón, de las cervezas y del chocolate no me salio nada. Hay que ver que es selectivo el cabrón del estómago.)

Así que una vez con el estómago completamente en blanco, tiramos para ver a “Los Marea” en concierto. Para gustos… los colores como dice Dani. A mi me gustaron pero vamos… que ya los he visto.

11/12/12. Domingo. Quien me diga que Armilla es un pueblo dormitorio de Granada lo mando a la mierda. ¡Me cago en la leche! La de gente que se arremolina en una calle a las nueve de la mañana. Vamos que nos despertamos temprano, nos organizamos un poco y a desayunar. Porque la costumbre del ayuno la tengo perdida por completo en los últimos días. Nos despedimos de la rama Vallecillos granadina y carretera hasta Córdoba pero… ¿Y si nos paramos por ahí? ¡Ya está! La Nava de Cabra. Un sendero corto, podemos dejar el coche hasta el final y además es llano. El sitio ideal hasta que pasamos por Alcalá la Real.

-¿Tu has visto el Castillo de la Mota?

Y ahí la volvimos a cagar. Pues no tiene escaleras un castillo. Más que un cuadro de Escher. Cuando terminamos la visita teníamos claro una cosa. Al piso, sin salir en dos días…

Y ahí sigo.

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Una respuesta a Darío, ¿o era al revés?

  1. Erdani dijo:

    Como tú dices mucho… así me gusta, que te diviertas!!

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