Vacaciones unami.

            Era cuestión de tiempo y algún día tenía que volver a aparecer. Podría decir que la vida es insulsa pero después de probar algún sinsabor nada más lejos de la realidad. A veces se antoja dulce, otras amarga, quizá un poquito salada o agria, incluso podría inventarse ese sabor unami de los japoneses, cualquier cosa menos insulsa. Pero reconozco que últimamente me está costando actualizar este blog. Me pierdo. Nada de jaraneos ni desvaríos varios. Yo diría que incluso estoy algo más centrado, además no me queda otra, con Rafa en Córdoba o me centro o termino despeñándome por la sierra. El caso es que yo quería contar las vacaciones, que no han sido nada del otro mundo. Más bien algo insul unami, han sido unami. De estas vacaciones que sirven para estar con la familia, para descansar y leer, de estas que… bueno, básicamente lo que son unas vacaciones con niños. Así que te cuento:

Para los primeros días me hubiera gustado ir a Granada, algo imposible viendo el estado lamentable de la cuenta corriente. Me quedé con las ganas de ver la exposición de Ángela. Terminé en Lucena el viernes haciéndole de enfermero a Mari Pepa para después recoger a Rafa y salir pitando a Priego. Visita relámpago al pueblo de los progenitores para encontrarnos que estábamos sin agua en el lugar que más hay. Mi hermana Cheli estaba “contentísima”, bailando, cantando, una boda gitana parecía aquello. Al día siguiente a Lucena de nuevo, que Rafalete salía en la función del colegio. Vaya mierda de barra que tiene el cole del peque, no la abrieron hasta las nueve y pico de la tarde. Lo deje con su madre y volví a Córdoba. Menos mal que el sábado se salvo con el Festival de la Noche Blanca. Último concierto que he visto y teniendo en cuenta que estamos metidos de lleno en el Festival de la Guitarra… una pena. El domingo, al menos, lo arregló Estrella.

Me voy pa´laplaya. Pero nada de dar envidia. Me voy en plan infantil. Y mis días de playa, excepto la noche de San Juan, han sido muy, muy, muy tranquilos. Entre los peques, porque no solo estaba el mío sino que después vino mi sobrina Julia, comer todos los días, y tres veces, que yo eso llevaba tiempo de no hacerlo, dormir más de ocho horas, y leer, que gusto eso de leer tanto, como lo echaba de menos, pues eso… unas vacaciones unami.

El día uno, con las vacaciones cumplidas pero días que me debían por medio, llegaron los sabores. Tengo que reconocer que uno es de secano, que me gusta la playa pero en otro plan, que… vamos que fue bajar la cuesta del Espino y caerse dos lagrimones mirando Córdoba y eso que venía acojonado porque el coche hacía unas cosas muy raras. Las cuatro ruedas le cambiaron el otro día Después de un fin de semana en condiciones me puse a limpiar como la Blancanieves del anterior post, eso si… sin bichos que me ayudaran. Ni siquiera Rafalete, que me da que viene muy mal acostumbrado, este no da un palo al agua y después se rebota conmigo cuando lo mando a hacer cosas, me ayudó algo.  A partir del seis estoy en la estación. Entre el trabajo, el niño, la casa, la no casa, por que para no levantarlo a las seis de la mañana dormimos en casa de mi madre, la piscina, la play, la wii y su puta madre… creo que necesito otras vacaciones. Pero esta vez… solo.

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