Un paseíto.

            Unos dicen que es el desierto de La Muerte, en Arizona, otros que un lugar de Etipía donde al parecer ni hay lagartos que se chamusquen en las piedras, pero la verdad es que en estos últimos días lo de Farenheit 451 deja de ser un libro para convertirse en la temperatura que alcanza la feria de Córdoba. No es solo porque se quemen los billetes, que también, es porque de caseta en caseta sientes como el suelo  te va calentando la suela del zapato hasta que se te funde con el albero.

Menos mal que existen casetas con aire acondicionado y con la historia de que son todas públicas, eso al parecer se nos acaba pronto, te permiten cobijarte de una a otra y tiro porque me toca. Por la mañana, quiero decir… por la tarde, uno nunca queda en el Rincón Cubano por muchas ganas que tenga de tomarse un mojito. No. Hay que ir haciendo una ruta hasta llegar allí. A ver quién es el guapo que se mete toda la calle del Guadalquivir, sin una sombra, hasta el final sin tomarse una cervecita en alguna caseta. Por eso, para ir a la feria, entre otras cosas, hay que saber quedar. Lo suyo es hacerlo en la Peña Fosforito, o en la casa Galicia. Vamos que nada más entrar en por la portada con el pie derecho (esta es una tontería como cualquiera de las miles que tiene uno) te encuentras con la caseta donde se supone que vas a ver a los amigos. Lo más lejos, en Aspa o en Juan XXIII. Luego, a partir de la primera cervecita, o vino, según gustos, no se debe andar más de dos calles sin hacer la oportuna parada casetil. A ser posible ir andado por la calle transversal que es la que tiene instalado el microclima. El albero mejor no pisarlo. Más que nada porque las niñas suelen hacer que te disloques el cuello mirándolas y cuando te vuelves te encuentras otra jaca, esta vez en versión cuadrúpeta y con cara alargada que lo mismo te da un lametón que una coz. El susto no te lo quita nadie, y es que en Córdoba se está cogiendo la costumbre sevillana de pensar que la feria de mañana es solo para los caballistas. (La de por la noche desde luego es más de camellos y yonquis.Ya sabes, el albero: Territorio ecuestre.) Así que cuando os digan: vamos a darnos un paseo a la Feria, es mentira. ¿Quién se llega al Sáhara para dar un paseo? Nadie. Te vas al Sahara de aventura, por descubrir un mundo diferente o por conocer un sistema de vida que es completamente distinto a lo que promulga Hannah Montana y Bob Esponja. Pero no para darte un paseíto. Pues en la feria pasa lo mismo, uno se va con ganas de aventura, de encontrarse lo que no ve el resto del año, o al menos para quitarse de en medio las tonterías del canal Disney o de la puta cancioncita del “malo, malo… “ esa que canta el triceratops nuevo de la estación. Pero nada de paseítos, para eso aprovecha estos días y da un vuelta por los jardines de Veterinaria, por Colón, y si te metes por el parque Cruz Conde que no me entere que pises el césped. Por cierto… si te llamo para decirte: Vente a la feria, a dar un paseíto solo. ¡No me lo vayas a negar!

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