Me meo.

Le pego fuego a todos los botones. Primero a los del teléfono que no ha parado hoy, después a los del portero automático, a los del parking y por último… a los putos botones de los calzoncillos. ¡Me cago en la hostia! Después de llevar en control siete horas largas no puedo más. ¡Tengo que ir al servicio! ¡Coño! ¡Que me estoy meando! Llamo a información:

– Miguelito, sube rápido.

– ¿Qué quieeeeres?

– ¡Coño que subas! ¿Te lo tengo que explicar todo?

– ¡¡Aaaahhhhh!! Es que… ahora no puedo. Estoy mirando una cosa del Ipod.

– ¡O subes en cerocomados, o te hostio!

– Bueno… ya voy.

Tarda. El tío… tarda. Primero no encuentra el letrero de “Vuelvo en unos minutos”. Que suele estar a la vista de todos menos para él. Después se para en el stand de los libros para preguntarle a Toñi por uno, no ha tenido tiempo antes. En el vestíbulo, el yonki de turno, le pide dinero y le suelta que salió de la cárcel esta mañana y no tiene un duro para ir a ver a su madre. Lleva aquí siete días con la misma cantinela. El tío va, se para, lo escucha y para colmo empieza a contarle que…

– ¡¡MIGUEEEL!! – Le grito desde control.

Miguelito tarda siete minutos en un trayecto que, cuando lo hace para salir del curro, solo le dura veinticuatro segundos, ¡de reloj! Cuando llega me reprimo una bofetada por no tener mal ambiente en el trabajo que si no… ¡Joder si se la ha ganado!

En el servicio hay overbooking. ¿Qué pasa aquí? ¡Parece El Correo en hora feliz! Dos conductores de Carrera esperando. ¡Yo no aguanto! Me meto en el de las tías. ¡Cuatro botones tienen los Levi’s! Pero esos los tengo controlados, con un dedo los desabrocho todos, el problema viene después. Tengo abrochado el botón del boxer y no hay manera de abrirlo. ¡Coño, que no puedo! ¿Pero porqué cojones me da a mí por cerrar los botones cuando recojo la ropa? Mentalización, Fran. ¡Mentalización! Piensa. Me digo, porque ya tengo las piernas cruzadas  y  termino meándome encima. Aspiro, inspiro, y entonces, más concentrado, empiezo a mirar el botón. ¿Cómo puede ser que cuando más cerca te encuentres del baño menos aguantas? ¡No hay manera! Pero parece que… Se apaga la luz. Desde que a Emilio le dio por cambiar las luces del baño tenemos que hacer un baile inaugural y otro cada medio minuto para no quedarnos a oscuras. Para eso estaba yo, para acordarme del baile. Llaman a la puerta.

– ¿Qué pasa? Que no estáis contentos con vuestro servicio y venís a guarrear el nuestro ¿no? – Es Inma. La taquillera de Carrera. A un mes de romper aguas se pasa medio turno en el baño.

– Tardo , Inma.

Inma se corta. El vocinazo lo ha dado pensando que es uno de sus conductores y a mi se me pone rojo hasta los cordones de los zapatos.

– Bueno, venga… te espero fuera.

La luz vuelve al baño en una de las convulsiones pero ya no puedo más. Le doy un tirón a la bragueta, se abre. El hojal está roto, el botón en el fondo water y ahora si, por fin…

– ¡¡Uuuuuffffffssss!!!

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Entretenimiento, Relatos. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s