En recuperación.

Tengo que cambiar la música del despertador. Eso es lo primero que pienso en cuanto suena  el puto móvil a las seis de la mañana. Es el día de nochebuena y me permito cinco minutos más en la cama.

Tengo que cambiar la música del despertador. ¡Coño! ¿Cinco minutos? Esta es la segunda alarma. La alarma de “levantate que llegas tarde”. Puedo esperarme otros cinco minutos pero como  vuelva a escuchar la música hortera que tengo me levanto de mala leche. Así que… una ducha rápida y un rato quitando escarcha del parabrisas me terminan despejando. Aún no era consciente de mis limitaciones.  Fue poco antes de pasar por Montilla cuando llegó de golpe. Me hundí en el asiento del coche, los ojos se cerraban y me obligaba a abrirlos todo lo que podía, la radio a todo volumen para no dormirme y empecé a contar los kilómetros por metros. El nueve, otra valla, el siete, otra, el cinco… ¿Qué pasa con el tres? ¿Se ha roto ese punto? ¡El kilómetro! Ya mismo llega el kilómetro. Y en azul con sus números blancos reluciendo en la noche… ¡el kilómetro 18! Me falta ná. Ya llego, el nueve, otra valla, el siete… Así llegué a Córdoba, así llegue a la estación. Temprano, como de costumbre, y sin ganas. Ni café tome ayer. Y es que fue sentarme y, ahora si, empezar a ser consciente. Estaba muy cansado, no era resaca, bueno… quizá un poco, pero es  como cuando tienes frío y ves un termómetro con menos siete grados, es entonces cuando sabes que te vas a congelar. Y yo en los últimos tres días había dormido solo once horas, no había parado y lo estaba notando. Raquel me miró a la cara y ni siquiera hizo un chiste. Solo le salió un: ¡Joooooder, que cara! Menos mal que uno lo del trabajo lo tiene controlado y entre refuerzos, coches, lecturas y pegos varios… la una, ¡¡por fin fuera!!

¡A casa! ¡Me voy a casa a dormir! Pero claro, primero tocó una cervecita con Raquel y Rafa, por eso del espíritu navideño y cosas así. Juan Pablo se quedó en pendientes, se pasó por la estación pero un ratito antes, lo justo para escojonarse a mi costa. No fue el único. Estrella cuando me vio pedirme una Coca Cola quería grabarlo con el móvil. Decía que nadie la creería. Porque esa es otra. Lo de la casa se quedó ahí en el aire hasta las cinco que me quedé frito en la cama. Me despertó una llamada. La música de los ZZ me mola más. Media hora de sueño conseguían cambiarme la cara. Después… ajetreos, llamadas, felicitaciones, paseos… lo típico de una nochebuena tranquila. Porque la de ayer, exceptuando un rato de tarde fue de las tranquilas.

Hoy es Navidad. Hace frío y en la estacion, entre la resaca y el ambientillo que no gastaron ayer, suele venir apaciguados. Es un sábado extraño y echo de menos a alguna gente. A otros los tengo aquí cerca,  muy cerca y esta tarde habrá que disfrutarlos.

Nos vemos pronto, aún queda nochevieja, reyes y ganas… muchas ganas.

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