Uno, uno, dos.

            Para  mi, que los móviles no me gustan, en Feria
los veo imprescindibles. Desde primera hora de la mañana empiezas a llamar a la
gente con la que tienes intención de quedar. Como estoy en Priego toca turno
familiar. Llamo a mi prima Raquel, no lo coge. Llamo a su herman, Olga,
tampoco. ¡Me cago en la leche! Bueno pues entonces llamo a Rafa que está
todavía durmiendo en el piso de arriba y a ver si baja pronto y desayunamos
temprano. Tampoco lo coge, tiene el móvil en el salón. Empezamos bien. Me voy a
por pan y así me doy una vuelta por el pueblo. ¡Chungo! La panadería está
cerrada con la historia de las fiestas. Ante esta serie de contradicciones
llamo al 112.

        
¿Mamá? ¡Que guapa estás hoy! Esto…¿Dónde hay una panadería
en este pueblo?

Solucionado el problema
alimenticio el día parece que se desarrolla sin contratiempo. Se acerca la hora
de la cervecita, ahora si. Ahora el móvil suena y quedo con mis primas para
irnos todos a la Feria. Las niñas de gitana, los niños de pokemon y oro y
nosotros con la batería del móvil cargada y dos cervezas de espera en bar Río.
Nada más montarnos en el autobús, llamadas de rigor:

        
Voy a llamar a mi marido para decirle que me voy a la Feria.

        
Uysss pues yo tambien. – Dice Olga.

Y claro lo de la Feria es que hay
que contarlo. Pero como vamos todos con niño se cuenta con la boca pequeña. En
plan de “me llevo a tus hijos a darles picaero, que yo no quiero, que solo
me voy con los niños para que se diviertan, te lo juro por Dios, y esto te lo
digo para que cuando los veas me los quites de en medio lo menos una hora
”.
Así que esa es una de las primeras quinientas mil llamadas que se hacen en la
Feria. El autobús está parando. ¿Estará aquí José? Segunda llamada para quedar
con la gente que llegado antes que tú. ¿Que hemos quedado? ¿Dónde? Pues… como
no es cosa de pararse en la primera caseta que parece que llegamos ansiosos… en
la segunda. Entramos en la caseta y sentamos a los niños en una mesa. Nosotros ni
nos acercamos. Jose ya tiene preparada una jarrita de cerveza que empieza a
distribuir. Lo primero son los niños, eso si. Flamenquines para todos. Tenemos influencia en la barra, en cuanto se despista el camarero se le da un toque al
móvil y que espabile. Esto va bien.

– Bueno niño y ¿que es de tu
vida?- le pregunto a Jose.

– Pues tengo un móvil nuevo.

– Pero… ¿no te habías ido a
Oviedo?

– Si, pero con los niños, con mi
mujer, con todo Cristo. El móvil es mío, gasta menos y entretiene más. ¡Tiene
de todo!

Así que después de varias jarras
de cerveza, darle de comer a los niños y ponernos al día en tecnología y
familia cambiamos de caseta. Esto se merece un cubatita ¿no?

Se me ha pasado la hora de la
siesta y ni me entero. Llevo un ambientazo y en la caseta me ponen musiquita
que me gusta. ¡Coño, esta canción la he bailado hace poco!  Sin cortarme
un pelo marco un número.

        
¡¡Ireneeeee!! ¿Te suena? – Le digo poniendo el móvil en el
altavoz.

        
¡Que cabrón! ¿De Feria, nooo?

Después de unas risas y
otro whisky dejo el teléfono un rato. Entonces llega la hora de pasar al 
nivel de cantos populares. Niña, activa el blutus que te mando el himno
del Córdoba. Y empezamos  a cantar lo de
para bien o para mal mi corazón siempre
será blanco y verde, blanco y verde, Cordobaaaaa
”.

            Los niños,
después de despecharse en los columpios, de cambiarse los pokemon y perder dos
pendientes y tres peinetas se están hartando de casetas. Como dicen los
inhumanos: ¡No hay problema! Ponte a reir. Además los peques son la excusa para
venir a la Feria, así que…a montarnos en el tren de la bruja, en el barco vikingo
y su puta madre. Jose tirale tú que a mi me da la risa con tanto tiovivo y voy
a terminar echando la pota si sigo dando tumbos. Después me pasas las fotos que
le has sacado a los niños con el supermóvil mientras se caían del búfalo loco.
Por que esa es otra, vaya nombres que le ponen a los cacharritos. Ahora tu preocupación
es otra. Bastante tienes con pelearte con la de los tickets, con el tipo que
vende gafas extragrandes, o con el camarero que se empeña en emborracharte
cuando tu los cubatas los pides cortitos, cortitos.

Va siendo hora de irse. Me doy
cuenta por que el sol no está, los niños en el bordillo hablan tranquilamente, síntoma inequívoco de que están rebentaos,  y
un señor me  pone una cara rara por que llevo comiéndole la oreja a su esposa
media hora.

        
Uysss ¡que tarde! Anda venga, recogiendo que nos vamos todos.

Miras el móvil para asegurarte de que es tarde de verdad, y te encuentras siete llamadas perdidas. ¡Coño,
siete! Pero si yo no conozco a tanta gente. Piensas que no estás en condiciones de llamara a nadie, pero bueno… a mi hermana Mario si que la llamo. Así que
entre el traqueteo del autobús, los niños y yo que a estas horas no me entero,
busco el número.

– ¡Niña! ¿Qué pasa? ¿Qué quieres?

– Fran. Que estoy en Belen.

¿En Belén? ¡Coño! ¿Y eso que es? ¿Un
bareto nuevo? No son las diez y ya está en la calle.

        
Bueno y que quieres.

        
Que soy Belen… que no se puede poner.

O sea que no estoy hablando con
mi hermana. Que es una amiga, que no conozco y que con esta familiaridad, ella
si me conoce a mi. Debe ser una compañera de trabajo por que siempre que coincido con ellos
termino mareado y sin acordarme de
nadie. Así que sigo hablando un rato con Belén que parece simpática,  hasta que me doy cuenta de donde he llamado.
Entre MariO y MariP, solo una letra. Me he equivocado y este teléfono no es el
de mi hermana. ¡La puta de oros! Bueno, bueno… pues nada, ya sé quien es Belén,
¡Ea niña! ¡Nada! ¡A divertirse!. Y entonces ya si llamó a Mariola para enterarme
que no quiere nada, que me lo pase muy bien en la Feria y poco más. ¡Me cago en
la leche! Por hoy… mejor lo apago, pero tengo un hambre, y habrá que cenar ¿no? ¿Cuál era el número del
telepizza? ¡Joder! Llamaré al 112.

          

– ¡Mamááá! …

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Relatos. Guarda el enlace permanente.

3 respuestas a Uno, uno, dos.

  1. Teresa dijo:

    Estamos abducidos por los móviles.Y por la Feria.

  2. Irene dijo:

    Jajajajajajajajajajjaa Belén… EMPANAO!!

  3. Julia dijo:

    Lo de las equivocaciones no es nuevo. A mi me llamaste un día, a las siete de la mañana, para decir que llegabas tarde al trabajo. Y todavía tengo un mensaje tuyo que desde luego no era para mi. Juuass, ese estuvo muy bien.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s