Nessuno (5)

   Paseaban despacio por la ribera. El aire les hacía retener sus sombreros mientras hablaban. La avenida se acortaba a cada paso.
   – … un acebuche – decía el padre.
   – ¿Que da? – Le preguntó el hijo.
   – Disgustos, solo dá disgustos.
   – ¿Y se comen?
   – Se comen, pero es difícil de tragar.
   – ¿Y a que saben papá?
   – Son amargos. Muy amargos.
   El pequeño se acercó al arbol, miró hacia arriba. Fue entonces cuando su sombrero voló. Lo siguió con la mirada hasta que se perdió en el río. Comenzó a llorar.
 
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