la plancha

            De hoy no pasa, me dije. Y para hacer hincapié en la decisión di un salto de la cama. Subí la ventana y miré el cielo. Nublado. La procastinación se encuentra entre mis defectos y empezaba a hacer mella. Me meto de nuevo en la cama. ¡Coño, que mañana es jueves! ¡Que no! ¡Que me levanto ya! Otro salto de la cama. No eran las ocho y ya me había levantado dos veces. Voy a prepararme un café y empiezo. ¡Que no joder! Que ni café ni nada. Así que esta vez, totalmente decidido al ochenta por ciento, me dirijo al armario y saco la plancha. Detrás cae un montón de ropa acumulada en varias semanas. ¿Tanta? Dejo la plancha en el comedor, busco la tabla que debe estar en el otro armario. Se me cae en el pie. ¡Cagoenla…! Mi tabla de planchar estaba fatal pero le compré un funda chulísima y después de apretarle los machos se quedó genial. Total que la pongo al lado de la ventana para ver si de paso veía a mi vecina la viuda, o a las niñas de tercero.

            Busco un pañuelo. Tengo la manía de empezar por algo facilito. Luego, los cubrecamas, no se si eso se llama así pero por aquí no aparece ningún subrayado rojo. Primero el de Rafa, que lo controlo mejor. Hay gente que dice que esto no se plancha, pero es que me da mucho coraje hacer una cama limpia y que tenga arrugas. Mi plancha es buenísima y con poco que la enseñes, la ropa se queda lisa. Luego el mío. El azul de lunares. Ese es el que más me gusta. Eso sí, dificilillo, que tienes que hacer una de movimientos para que aquello se quede solo regular, que es como se queda, por que bien, como que no. Después, las sábanas, y algunos cojines, venga, ya que me pongo, también caen. Termino esto y es entonces cuando aparece mi vecina. Mi vecina no es una tía espectacular, para nada, es una señora de unos cincuenta y algo que suele entretenerse saliendo a la ventana y charlando con las madres que llevan a los niños al cole pero es que suele llevar una bata negra, ella es muy morena, y con la costumbre de inclinarse en la ventana, el pecho se le sube, y tiene un escote que merece todos mis respetos. (Los que crecieron soñando con la estanquera de Amarcord lo entenderán).

            Ahora sí. Me pongo un café, me fumo un cigarro y miro el sofá. Sigue quedando mucha ropa y lo peor es que ahora vienen las camisas.

            ¡La puta de oros! ¿Pero cuantas camisas tengo yo? He contado siete azules y se que me faltan tres que están repartidas entre la casa de mi madre y Priego, además de las azules de rayas, otras tres de lino, o de hilo, no sé, unas que se arrugan mucho, pero que me encantan. (En cuanto llegó el buen tiempo cayeron). La de cuadros rojos, la de cuadros verde, otra azul marino, dos blancas. ¿Cuanto tiempo llevaba yo sin tocar la plancha? Venga, vamos al lío. Primero las azules, que son más fáciles, excepto la de Cortefiel que tengo que meterle caña al vapor de la plancha para que se quede bien. ¡Mola esto del vapor! Con las de hilo, las que se arrugan con mirarlas, da gusto verlas después de terminar. Se quedan genial. Menos mal que ya acabo. Acabo las camisas, ahora me tocan los polos. Con estos soy menos escrupuloso. Además no suelo ponerme muchos en invierno, el azul clarito, el marrón de manga larga, el de Escocia, el polo de rayas de rugby, y ¡ya está! Solo dos camisetas quedan en el sofá, a estas les enseño la plancha ligeramente y se doblan solas.

            ¡Alá! A tomar por culo. Las tanta y media, ¡la leche! Pues si que he tardado. Y todavía me toca colocarlas y todo para que mañana, cuando me ponga a hacer la bolsa, se vuelvan a arrugar. Por que yo sigo con el mismo cuidado de siempre para hacer el equipaje, ninguno. Siempre me dijeron que cuando yo planchara se me quitaba la manía de preparar la ropa de esa manera, pero no se me quita. Uno es de costumbres.

            La estación. Llego tarde. Para colmo traigo el coche de Cheli. ¿Dónde aparqué ayer? Esta pregunta, que llevaba tiempo de no hacerme, vuelve a rondarme. Le devuelvo el coche a mi hermana ¡ya! Después de dar vuelta y media lo encuentro. Estaba bajo un árbol que lo ha dejado sembrado a lunares. Se quedaba bien, pero en cuanto lo he puesto en marcha se ha desecho de todos. El piloto de la gasolina se ha encendido. Regreso en bicicleta aunque me caigan chuzos de punta.

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2 respuestas a la plancha

  1. Teresa dijo:

    Te veo muy organizaoYo tengo una torre ahí en el salón, preparada a que alguien se haga con ella …que penita que andas tan lejos, planchaor

  2. Lidia dijo:

    ¡¡ay mi niño como sabe ganarse a las féminas!! anda que si además supieran que eres un monstruo pintando

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