Tía Micaela

Mi tía Micaela fue, desde siempre, devota de San Antonio. De joven, cuando sus amigas ya iban por el primer o segundo hijo, ella seguía trabajando en la oficina del Monte de Piedad.

         Cuando me case dejo el trabajo, pero mientras ¿qué voy a hacer yo? – decía cuando le insistían.

Fue al nacer el hijo de Angustias, su mejor amiga, cuando fue de nuevo a ver a San Antonio y se lo pidió:

         Por Dios, San Antonio bendito, haz que conozca a un hombre bueno que me quiera y al que quiera toda la vida y cásame pronto.

Así fue como al salir de la iglesia, pensando en otras cosas, tropezó con Don Fermín, el nuevo párroco, al que quiso y la quiso durante toda su vida.

Pero San Antonio, que es el santo más milagroso, también le concedió el otro deseo y la caso al poco tiempo con mi tío Julián, al que le dio un hijo que lleva su nombre pero siguió la trayectoria de su padre haciéndose seminarista.

 

——————————————————————————————————————————————

 

 

Su nueva esposa le había pedido que trajese a Julia, su amiga más íntima. Los dos estaban trabajando, y al salir, cada viernes, la recogía para llevarla el fin de semana hasta Siles, en la sierra de Segura. La casa, un chalet heredado antes de su primer matrimonio, era la residencia de verano donde se encontraba mientras conocía a sus hijos que volvían con él siempre por estas fechas. Durante varios fines de semana recogió a Julia, tres horas de viaje de ida, otras tres de vuelta y alguna salida entre semana para ir juntos al cine o tomar alguna cerveza, los dos estaban solos en la ciudad. Por eso la única que se sorprendió cuando le pidió el divorcio fue su esposa.

Dos años más tarde es su antigua esposa la que viaja a Siles a ver a Julia, la amiga más intima que tiene. Los que nos quedamos en verano en la ciudad, ya sabemos que va a pasar.

 

——————————————————————————————————————————————-

 

14/02/07

 

El autobús se le escapó por segundos. Se sentó en la parada mientras miraba como pasaba la gente de vuelta a sus casas. Era tarde, intentó pedir un taxi pero su móvil estaba sin batería.

Cinco minutos más tarde llegaban dos tipos. Las cazadoras de cuero, los piercing, y unas muñequeras con tachuelas, junto con un peinado nada convencional en el que la diversidad cromática era amplia,  hizo que abandonase su posición central en la parada para sentarse en una de las esquinas. Los punkis lo miraron y antes de sentarse echaron otra ojeada a la calle, solo dos personas caminaban a toda prisa antes de que se quedara desierta complemente. Desde su rincón recogió la bolsa que le caía por un hombro y se la colocó en el regazo, así acurrucado volvió a mirar el reloj. Un reloj que ahora desentonaba con el ambiente en el que se encontraba, faltaba poco para la medianoche. Al ver que sus vecinos de asiento también tenían la vista clavada en el reloj se alargó la manga para ocultarlo. La calle se encontraba completamente desierta, un ruido sordo empezó a escucharse. Un reloj lejano anunciaba que entraba un nuevo día.

Como por inercia los dos punkis se levantan a la vez y mientras, encogido sobre sus  rodillas, sostiene la bolsa en su regazo esperando un golpe seguro, y oye:

         Felicidades!!

Se gira lentamente mientras los dos se besan amorosamente.

 

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Relatos. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s