Masterchef, televisión y Rafa

Que dice Rafa que ya va siendo hora de hacer una entrada. Una de esas en la que salga él. Me lo dice, cambia dos veces la televisión (con una película medio decente en La 1 y Montalbano en La 2) para terminar poniendo la  final de MasterChef. Mientras tanto se mete un bocata de de lomo con mahonesa y se descojona con las tonterías de los cocineros que, para colmo, ya hemos visto.

Le pregunto que de que quiere que escriba. Me responde que no sabe. Que le da igual, pero que quiere aparecer en la entrada. Lo dice con la boca llena y mahonesa en el bigote. Que podría hablar de Mastercheff, ya que es lo que estamos viendo.

A mi el programa no me gusta. Desde el primer día, que no lo vi pero me enteré de lo que era un león comegambas, sabía que no era mi fuerte. Luego… bueno después de ver los dos últimos programas con Rafa tengo que reconocer que tiene su punto. Que no lo voy a ver en la siguiente edición pero que si a este le gusta y al menos encontramos un tema de conversación… ¡Bienvenido sea el puto programa! (Si no puedes con tu enemigo únete a él.)

Coincidimos los dos en que lo mejor que tiene Sally, la finalista del programa, es su marido. Un tipo que le dice a la pequeñaja que choque la mano con el rival y después le desea suerte al contrario, tiene todos nuestros respetos. Todo lo contrario que la competitiva de su esposa.

También nos gusta la novia de Carlos. Tiene braquets, como Estrella. Aunque nuestra predilección se la lleva Eva González, por completo.  Ahora empieza el problema. No porque empieza la final de MasterCheff en el Clan, si no porque hay que recoger la mesa y todo lo que hay lo ha dejado Rafa. Le toca recoger y ya empieza a desmarcarse. El tío para colmo me pone los dientes largos, así, como el que no quiere la cosa me dice que sigue en instagram, y lo sigue a él también,  la tipa esta, Andrea, la tercera finalista del equipo.

De momento espero que le de el punto y me cambie la televisión aprovechando que ya ha terminado de comer. Me enseña el móvil. Es cierto, Andrea sigue a Rafa en Instagram.

¡Ya empezamos con los problemas! Lee lo que llevo escrito y ya está la censura en marcha.

– ¡Papá, ya! ¡Borra lo de la mahonesa! – Me insiste mientras empieza a escuchar a un youtuber en el móvil. – (Y diráss que que es lo de la mahonesa para tener que borrarlo.  Así que ya sabes quien manda en este blog.  Mando yo que para eso lo he vuelto a editar.)

Creo que mejor dejo la entrada y empiezo con  una película. Este se me acopla al lado y me critica cada linea que voy escribiendo. ¡Un coñazo! Y así no hay quien escriba.

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¡Madre de Cristo!

¡Como unas castañuelas! En el sentido que quieras puede leer esta primera frase. Tan alegre como unas castañuelas, de esas flamencas que van de la mano de un niña gitana y suenan bien. Así estaba ayer cuando salió del templo de San Pedro la imagen de La Soledad de Priego. El vello de punto, como escarpias. La cámara disparando fotos como si fuese una Rock and Roll Star. Desde el Viernes Santo que no estaba así.

Eso si… si quieres también puedes pensar que estaba como unas castañuelas, de esas que el mes de diciembre están calentitas y agradables que pasas de mano en mano para reconfortarte el cuerpo. Con el inconveniente de que ayer era junio. ¡Calor! Una mijita. Hay que ve que huevos valor le echan estos de la cofradía para ir con traje negro a las ocho de la tarde por las calles de la Axerquía de Córdoba.

Soledad a su paso por Plaza del Potro.

Soledad a su paso por Plaza del Potro.

El caso es que ayer con esa historia que se inventó el obispado consiguió hacer felices a muchos cordobeses. Tengo que renconocer que no tenías todas conmigo esa de la Magna Mariana. Que después de como se dio las procesiones de la Fe hace unos años… No sé. Pero desde luego ayer fue uno de esos días grandes que se quedan la retina. Impresionante el paseo de la Soledad. ¡Que gustazo! Con gente de Priego y Córdoba mezclados en la calle Lineros, paseando a su vera, acompañandola hasta la carrera oficial.

Luego… Bueno, no puede llover a gusto de todos. Una vez dentro de la Mezquita, perdón Catedral, se les fue la mano a los curas, o el tiempo o lo que sea pero el caso es que parecía que tenían retenidas las procesiones. Lo entiendo, yo hubiese hecho lo mismo. Lo que pasó fue que entre una cosa y otra no empezaron a salir hasta muy tarde, muy, muy tarde. Pensaremos que fue un despiste de organización en vez un gusto que se dieron los que ya estaban dentro. (Nunca me ha cuadrado a mi eso de una carrera oficial en el que fuese obligatorio entrar a un templo donde no puede acceder todo el mundo.)

Cuando el Sol se apagó pareció dar una tregua y entonces si, entre terracitas, procesiones y Córdoba volvía a ser esa ciudad acogedora donde se puede mezclar un gintonic con una marcha procesional.

Un gustazo el día de ayer. Estaría bien eso de repetirlo, a ver si en la próxima les da a los Aracelitanos por apuntarse. Conmigo que cuenten. Aunque por este año… ya esta bien de procesiones.

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De turista en Córdoba.

Creo que fué el primer año que estuve en Córdoba cuando decidimos dar una vuelta por la ciudad en plan turista. A mi la idea me gustaba. Salir y pasear por las calles de la judería sin saber donde te iban a llevar. No andar por los caminos de siempre. Entrar en una calle y no saber si tiene, o no, salida. Si hará una vuelta escandalosa o al final de ella una fuente con un chorrito diminuto es la sorpresa. Pasar un dintel que está abierto buscando que al lado opuesto te comunique con un callejón que desconoces, eso es fácil que pase, o encontrarte en un patio donde una señora te mira con cara de: “¿usted que vende?”. Tener que suplicar unas disculpas y salir de esa casa particular con unas chapetas coloradas. ¡Quien te manda a ti meterte en casa ajena! Pero esas cosas se les perdonan a los turistas. Así que de vez en cuando para conocer Córdoba bien hay que salir de turismo. Ver lo que tiene como si fuese la primera vez.

El otro día Mariola y yo volvimos a salir en plan turista. Nos plantamos en la Mezquita y aparcamos en la puerta del Palacio de Congresos. Después con premeditación y sin alevosía nos dirigimos a la Torre de la Mezquita. (El alminar, aunque de esta estructura queda muy poca cosa.) Nos dieron hora para las diez y media y como nosotros íbamos con tiempo nos dio tiempo a disfrutar de un cafelito en Juda Leví. (Que es muy de guiris, aunque a mi sea uno de los sitios que mas me gustan.)

Ciento noventa y un escalones (191) son los que te llevan hasta la terraza superior de la Mezquita. Con tres paradas. La primera al cupulín barroco, la segunda al cuerpo de campanas y la tercera a la terraza superior. Donde se encuentra la campana gorda de la catedral, esa que se te cae encima si no das el aguinaldo en Navidad. La vista es impresionante, las escaleras no cansan y yo me he propuesto volver a ir en breve. Si no has subido, tardas. La vista es espectacular.

Como no había hartura seguimos hasta la puerta del puente. (El Arco del Triunfo.) Otros poquitos de escalones para subir hasta la sala de exposición que hay en la puerta, esta vez solo sesenta y seis (66). La de historia que se puede encontrar viendo grabados antiguos y dibujos. Lo que nos quejamos por como se hacen las cosas ahora y resulta que no es nada nuevo, que solo hay que tirar de historia para saber que el camerín del puente lleva allí siglos, solo que a  nosotros nos pilló la época en la que no estaba y pensábamos que toda la vida había sido así. Y es cierto. ¡Toda nuestra vida! Que comparada con la vida del puente se queda solo en unas vacaciones de verano.

IMG_20150619_121312Para terminar, nuestra parte de turista se diluyó un poco. Hay horas que apetece un martini y en la plaza del arqueológico están de muerte. Así que esta vez, y volviendo a dudar entre calles, nos dirigimos a Jerónimo Paez para pedir uno de esos vermús que hacen ellos. Morirse un ratito en disfrutando del día y de las copas en una de las plazas de Córdoba está permitido solo a los oriúndos, los turistas tienen que seguir con sus prisas conociendo el lugar. Nosotros entonces nos volvimos cordobeses de nuevo. Nos quedamos tranquilamente viendo crecer las buganvillas de enfrente. Podríamos haber esperado un tiempo pero también sabemos resucitar antes de tres días y volver a casa con tiempo de hacer la comida.

Tengo ganas de volver a ser turista en Córdoba, así que si te das una vuelta por aquí… ¡Llama! Que voy.

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Hablar

Sales una noche de verano de un día cualquiera. Es temprano y no hay prisa. Desde la boca del metro de Lavapies, a la sala Mirador hay unos quinientos metros y muchas historias. Esas historias nos la cuenta Oristrell con una sola cámara. Historias cómicas, trágicas, de amantes y esperanzas, de amistad. Historias donde los personajes  no paran de hablar. Algunos solo una palabra. (Como esa señora que solo dice: Gracias) otros ni siquiera abren la boca, quizá solo para sonreír.  (Como el papel de diva y esposa de Carmen Sampietro.)

Cartel_HABLAR--490x700Son historias de hoy, del día a día. De esas que nos hacen decelerar el paso y escuchar a los que tenemos detrás para enterarnos de que piensan, de que sienten. Joaquim Oristrell coge su cámara y las va siguiendo por Lavapies como las hubiésemos seguido nosotros de tener la oportunidad. Las entrelaza, las esquiva y las vuelve a retomar. Porque las historias no se repiten pero algunas si vuelven para traer mas datos, nos van aportando a medida que avanzamos una claridad de los personajes. De que es lo que buscan, que quieren, a quien temen.

Es curiosa la visión de este verano que trae Oristrell pero muy familiar. Dan ganas de salir una noche por el centro. A un teatro, a un cine de verano. Seguro que vamos a encontrar las mismas historias. Gente que se nos va a repetir en la misma noche. En el autobús al centro, en el bar frente al cine, quizá pidamos un bocata de pimientos con lomo mientras ellos, o ellas ya están a tu lado eligiendo una ginebra para el gintonics. Puede que, con los pocos garitos que quedan abiertos en agosto por Córdoba, vuelvas a coincidir en una pista de baile. Y esa persona que subió tres paradas después de la tuya termine siendo un personaje del que conoces parte de sus gustos. Solo es necesario mirar un poco alrededor y añadir algo tuyo a su historia.

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Papel pinocho.

He escrito mis secretos en papel pinocho. Hay palabras amarillas, algunas tristes, muchas tienen olor de colonia Nenuco y quizá haya varias que sean de fuego. Son palabras que fueron apareciendo sin llamarlas. Hubo que ordenarlas pero también hay palabras rebeldes que se han ido a otro párrafo. Incluso uno no quiere ser escuchada y se ha ocultado tras una nube de tachones.

papel-pinochoEs difícil decidir cuando estás solo. Y estas palabras no quieren ser testigo de una rendición. Aparecen mas pero es complicado encontrarles el hueco que necesitan. Se empiezan a amontonar. Casi no dicen nada. Y los secretos se van perdiendo como aquellas canicas infantiles. De poco a poco.

Quizá no fue buena idea escribir en un papel que tiene nombre de muñeco embustero.

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Feria Córdoba 2015

¡No! No me voy a quejar esta vez de Feria. Hacía tiempo que no pisaba tantos días el Arenal. Empecé temprano.

El sábado coincidió que después de un paseo con Rafa por el centro estuvimos un rato en la calle del Infierno. Algún disparo en casetillas de tiro, este niño tiene mejor puntería que yo, alguna caseta vista en tiempo record y poco mas. No me ha salido el vástago muy feriante y yo con un ratito me quité el gusanillo.

El martes si que caía y como a mi me gusta. Salir por la tarde con Mariola, dimos una vuelta, tomamos unas cervecitas y a las diez ya estábamos dispuestos para volver a casa. Luego quizá nos retrasamos algo mas pero nada importante. Un saludo a la gente de la estación que entraban mas tarde en el turno de noche de feria, un concierto de los Tabernícolas y llegar a casa siendo persona.

feria-de-crdoba-2015El miércoles tocaba el Canijo de Jerez en la caseta municipal. Después de una tapita con Estrella fui con hora al Arenal para ver al tipo. Allí había quedado con la familia y se me cruzó una caseta por medio. La Becerrá. Encontré a media familia allí. De nuevo los Tabernícolas y como además conocíamos el repertorio hasta que no acabaron no salimos para la municipal. El Canijo había empezado y estuvo bien aunque ya veníamos cansados. Cuando acabó el concierto ni lo pensamos. Directos al bus. Directos a casa. Directos a la cama.

El jueves era el día indicado para salir. Desde medio día hasta que el cuerpo aguantase. Mucha gente en la feria, encuentros con personas que llevas años de no ver, charlas de esas trascendentales que se dan precisamente cuando decides irte y… te alargan la jornada. Fue un buen jueves de feria. A mi solo me faltó ErDani.

Bonus Track. El viernes no era un día en el que tuviese pensado pisar el Arenal pero… Que mejor excusa para hacerlo que acompañar a gente que viene de fuera para tomar al menos una cerveza. Fue un día extraño. Una forma distinta de ir a la Feria. El recorrido habitual al Arenal se hizo un poco mas largo. Los Vallecillos, Estrella y Cristina, tienen una visión diferente de feria de la que tengo yo. No tienen ese “ansia” por llegar, ni se emocionan al pisar el albero, pero una vez puestas son capaces de bailar con la “mano arriba” y disfrutar de una caseta como el que más. Lo del viernes fue un ratito, con lluvia incluida, pero una sensación agradable. A mi la feria, ya digo, me gusta en todas las versiones. (Hasta cuando he tenido que ir a montar casetas.) Fue mi último día.

Se nos acabó la Feria. Se acaba mayo. Y si me apuras… creo que también se acaba una etapa. Una de esas en las que toca organizar un poco la vida, centrarse, o simplemente… ordenar la cabeza. Limpiar el piso, tirar trastos, dejar solo para las fotografías antiguas las  ideas de hace años. Para no olvidar lo que fuimos pero sabiendo que ahora somos mas, o menos, pero otros.

Pufff… Me estoy poniendo melodramático y solo se acaba un mes. Acabo la historia. Queda todo el verano por delante y aunque no traiga promesas de diversión sin límite… no pienso desaprovecharlo.

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La virgen de la cueva.

Los pájaros cantan,

las nubes se levantan,

que si, que no,

que caiga un chaparrón.

El hombre del tiempo ha pronosticado agua. ¡NO! Tú no la vas a ver. En los mapas solo hay soles, alguna nube que hará mas amena la terracita, y calor. La lluvia solo está dentro. Empapando el corazón. Empezó como un sirimiri, un calabobos, un aguachirri que ni si quiera mojaba pero ahora va por tormenta veraniega. De esas que dejan un montón de agua, mucho barro y calles anegadas porque las alcantarillas están obstruidas. Ahora está chorreando desde el hígado a la sesera y el nivel no deja de subir. La tormenta se alarga. Esta iba para Rute pero se quedó en casa. No la vi venir.

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Verdad verdadera.

Ayer  escuché  una frase que me encanta: “Verdad solo hay una”. Y… después de pensarlo un rato tuve que acceder, y reconocer que tenía razón. Por su puesto lo maticé. Normalmente cuando alguien dice frases tan lapidarias como esta suele estar convencido de que la verdad verdadera, la que es irrefutable, es la suya. La que él, o ella, idealiza en su cabeza. Los matices, los diversas variantes, son las de los demás.

Creo que la verdad es mas relativa que una teoría de Einstein. Que las verdades absolutas no existen,, que hay tantos matices como personas, y que las certezas son muy pocas. Si nos preguntan que distancia es un metro lo mas probable es que abramos los brazos e indiquemos una distancia más o menos parecida. Da igual que nuestros brazos midan de punta a punta 194, o 128 centímetros, sabemos lo que es un metro. Y si nos ponemos puntillosos cogeremos una regla y señalaremos desde el cero al cien los centímetros y diremos que eso es un metro. (Oficialmente un metro es la distancia que recorre la luz en el vacío en un intervalo de 1/ 299 792 458 de segundo. ¿Fácil verdad? Se parece mucho a la longitud que hemos marcado con los brazos.)

Vaso de Wilfredo Prieto.

Vaso de Wilfredo Prieto.

Ejemplo práctico:

Para probar su teoría de la relatividad verdadera se levanta de la cama. Coge el vaso vacío que hay en la mesilla de noche y sale. Desde la habitación se oye correr el agua en la cocina. Vuelve con el vaso y desde el dintel de la puerta pregunta:

– ¿Que es esto?

– No me vas a liar. – Le sonríe desde la cama. – Es solo medio vaso de agua. 

– ¿No te atreves a decir si medio lleno o medio vacío?

– ¡No! Es solo medio vaso de agua. Y eso… es una verdad absoluta. 

– Bueno… la verdad… es que son, 115 centímetros cúbicos, los he medido con la coctelera, pero ni siquiera estoy seguro de que sean exactos. Lo que si se es que no es agua, es ginebra. 

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La Cámara.

 

Entro en la tienda. Voy a la sección de fotografía. Una señora habla con un tipo barbudo con polo rojo. Me impiden cruzar a los expositores. Les hago una señal y me franquean el paso. Busco la cámara que quiero. Hay dos o tres modelos parecidos. Miro las especificaciones técnicas, las comparo con la persona que va a usar, con el uso que le va a dar. Elijo una. Creo que es la acertada pero no la encuentro. Solo veo la cámara que está expuesta. En el mismo pasillo el barbudo sigue hablando con la señora. Me doy cuenta que es uno de los dependientes. Me espero a que termine para preguntarle donde se encuentra la cámara que busco, o si solo existe la del expositor. La señora le está enseñando unas fotos que tiene en su cámara. El tipo parece prudente e intenta darle algunas soluciones. Detrás de ellos hay una pareja, no los había visto antes, que también esperan que acabe la explicación de la señora. Van pasando minutos. La mujer no termina de digerir los consejos del barbudo que parece empieza a repetirse con la consiguiente desesperación de la pareja que espera, y la mía. Una chica de verde ha estado también ojeando cámaras. Tiene pinta de que se le acumula el trabajo al dependiente. ¡Por fin! Después de varios resoplidos por parte de la pareja y algún aspaviento por mi parte la señora consigue dejar libre al dependiente. La pareja entonces empieza a atacar al tipo con preguntas.

  • Esta cámara – señalan una cámara bridge – ¿es más buena que esta porque tiene más “pisel”? – y señalan una cámara compacta.

La pregunta me deja a cuadros. Y veo que se van a explayar como la señora de antes. A este ritmo cuando pueda conseguir la cámara ha se ha quedado obsoleta. Me contengo a duras penas. Escuchando la divagación del barbudo.

  • Entonces… Esta cámara que es mas cara es mas buena. ¿Hace mejores fotos, no?

No dejo que el dependiente conteste. Me meto en la conversación y le pregunto al tipo:

  • A ver… ¿Tú para que quieres la cámara? Porque esta cámara te hace las mismas fotos que esta y que aquella. La fotografía la vas a hacer tú.
  • Es que es para un viaje largo…- me dice el tipo como excusándose – y quería una cámara buena.
  • Pues si quieres una cámara buena no mires estás. Mira esas. – Y le señalo las que hay detrás – Y si lo que quieres es hacer fotos. Con cualquiera de aquellas. – Señalo las compactas.- ¿Tú sabes lo que pesa una cámara de esas para llevarla todo el viaje? ¡Que te vas a la playa! Hay que tener cuidado de que no le entre arena. Que te vas por la noche y te apetece bailar, tienes que estar pendiente de la cámara porque no puedes llevarla colgada. Que te vas a la montaña.  Hay que llevarla con la bolsa por que se te cae y la has perdido para siempre, el objetivo es muy frágil.
  • Es que como esa – me señala las compactas- ya tengo una. Y salen regular.

Miro al tipo. Esta gordo, tiene granos, la novia, la amante, o la señora esposa que va con él tampoco es agraciada. Me da que la culpa no es de la cámara, ni del fotógrafo. A ellos va a ser difícil sacarlos bien pero estoy convencido de que se puede hasta con una webcam.

  • Mira tío. Para un viaje, lo mejor es una como la que dices que tienes. Que te la puedes poner en el bolsillo de la chaqueta y no se nota nada. La llevas donde quieras. Haces retratos buenísimos. Que la quieres para la noche… ¡No hay problema! Echas en el otro bolsillo un trípode de esos pequeños y ya tienes cámara para hacer fotos de noche, a las farolas, o al luna reflejándose en la playa. Lo que tienes que hacer es leerte las instrucciones y sacarle el máximo partido a la cámara que tienes. Y si luego se te queda corta te metes en otra.

La chica de verde se ha acercado peligrosamente al barbudo y está preguntándole  algo. No puedo consentirlo.

  • ¡Espera! – Les digo a los dos interrumpiendo su conversación.- Quiero está cámara. – Señalo una- No la encuentro aquí. ¿La teneis, o no?

El barbudo de polo rojo me señala un estante. Compruebo que es la que quiero y me llevo una caja. El tipo aún está mirando una cámara y otra. Consulta con  su amante, novia, esposa, y empiezan a caminar despacio hasta al salida. Creo que he jodido una venta pero he impedido un “foticidio”. La cámara tiene estabilizador pero también sé que un trípode es imprescindible. Me llevo uno. Voy a caja.

Werlisa-Color-(B4)-001P.D. – Leer las instrucciones es primordial para saber que tienes entre manos. Para sacarle el máximo partido y disfrutar las cosas. Si no… es solo gastar por gastar.

P.D 2.- En casa, la Werlisa ha sido la cámara oficial de la familia. Entre la cámara y la funda hay un papel donde viene el diafragma que se debe usar si está nublado o si hace sol. La distancia de la fotografía. (El día que la saqué de la funda y me dio por limpiarla y arreglarle el obturador a mi padre casi le da un patatús.)

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Semana Santa 2015

Me hubiese gustado decir que mi Semana Santa empezó pronto. Que el miércoles fui al cine y pasé una noche muy buena. Que el jueves, después de currar, estuve tomando caracoles y cervecitas echando unas risas, que el viernes quedé con mis hermanas para ver el Viacrucis y solo conseguimos ver una cruz, la Cruzcampo y por partida doble. Pero es que ni siquiera el sábado tenía ambiente de feria. Ni ambiente, ni amigos, porque mira que intenté quedar con algunos de Córdoba y no hubo manera. Y así me pongo en el domingo de ramos sin haber olido el incienso, ni escuchar un tambor, ni ver una levante. Hasta que salgo del curro a las nueve de la noche y ya no aguanto mas.

Domingo de Ramos.- Le tenía ganas al Cristo de los Faroles. Lo han restaurado y aún no lo había visto. Así que me voy para la Plaza de Capuchinos. En puertas me encuentro con Raquel y toda la troupe que lleva. Hermanas, hijos y algún agregado que no conozco. ¡Mola eso de ver la Semana Santa en familia! Aprovecho para hacer algunas fotos al Cristo. Imposible no pasar por la plaza y tirar la menos una. Y si antes me aguantaba, desde que tengo móvil creo que solo una vez he pasado con tanta prisa como para no parar y fotografiarlo. (Cada uno tiene su manera de rezar.) Al poco tiempo aparece Mariola y Elisa. Terminamos cerca de la calle estrecha y desde allí vemos pasar las Penas y la Esperanza. ¡Está guapa la Esperanza! Y dan ganas de ponerse delante, de acompañarla por las escaleras del Bailío. Pero uno está mayor para tanta bulla. Elisa está pachucha y mejor ir a la Taberna de Góngora para descansar un poco, organizarnos y… mañana será otro día.

Lunes Santo.- El lunes trabajo por la mañana y puedo ir a ver las salidas de algunas procesiones pero tengo tal descontrol en casa (Marzo ha sido complicadillo) que no me queda otra que ponerme a planchar. Eso si… ¡rapidito! A las seis estoy esperando a Irene para irnos a ver La Estrella y la Veracruz de una tacada. El entorno de la Mezquita, perdón Catedral, no quiero que me excomulguen, da para mucho. Tanto, como para tomarnos unos medios con los técnicos del Barcelona de Balonmano que estaban probando todos los palos. Del oloroso, al fino, y al amontillado. Lo peor es que querían probar el rebujito y el camarero los miró raro. Hubo que darles una clase teórico-práctica de vinos en cinco minutos y creo que no se fueron muy convencido. ¿Como quieres que aprecien un buen vino una gente que son del Barça y piden rebujito? ¡Donde no hay, no busques!. El caso es IMG_0201que en Pepe de la Judería vi la procesión de la Estrella. Preciosa enmarcada entre los cuadros de la celosía de la puerta. Después… otro ratito de andar para ver el ViaCrucis casi entrando en carrera oficial. Cambio a la hija por la madre y me voy con Mariola. No sé como queda la cosa pero estoy viendo el Remedio de Ánimas con un bocata. Y lo peor… ¡Crujiente! Todo el mundo en silencio y uno bebiéndose una cerveza y comiendo delante del Cristo. (Si, lo sé, no tengo remedio y se me iba a caer la cara de vergüenza. Pero, coño, es que no había comido en todo el día.) El día siguiente tiene pinta de venir también en plan cansino así que nos vamos pronto para la casa. El problema es que el Mercado Victoria se nos cruza en el camino y… pues que nos encontramos con Virginia que es una nena guapísima y simpática. Voy a tener que estar mas pendiente de las amistades de mi hermana Mariola.

Martes Santo.- El día se presenta fuerte. ¡Me voy a “jartar” de estación! A las nueve entro a trabajar y he tenido que hacer la maleta antes de llegar al curro. A la una, cuando salgo del turno de mañana, me toca ir a por unas gafas que se ha olvidado Lidia. Como algo en casa y me voy de nuevo para empezar el turno de tarde. Cuando salgo a las ocho cae una cervecita con muchas ganas. El viaje a Priego es entretenido. Tenía intención de irme a dormir al final del autobús pero es Benítez quien conduce y me pone delante. Se pasa mas rápido el trayecto charlando. Ni me entero cuando llegamos a El Cañuelo. Y diez minutos mas tarde… ¡Priego!. Tardo poco en soltar la maleta e irme al llano. Desde allí veo pasar la Caridad. Estoy muy cansado. Cuando llego a casa y encuentro un sitio para dormir, me quedo frito en segundos.

Miercoles Santo.- Creo que en alguna ocasión he dicho que en mi familia debe haber algún acuerdo tácito con Mercadona del que yo no soy consciente. Pensaba que me iba a salvar de ir al supermercado pero… ¡Para nada! Me voy con Cheli de compras. Pescadería, Frutería, Carnicería y, por su puesto… ¡Mercadona! Terminamos pronto. Es lo que tiene intentar salir a tomar un café al bar Río y de paso empezar con el avituallamiento. Después me voy con Gonzalo y Lola, mis sobris, a recoger a Rafa en Lucena. A la hora de la cerveza estamos de vuelta. Aprovecho para dar un paseo con mi padre y los niños por el Paseillo. Aunque estos…  Cogen sus sillas, se beben los zumos como si fuesen purgantes y seIMG_0266 pierden pronto. Luego mucho plato para limpiar, un poquito de siesta y… ¡Otra vez a la calle! Cojo la cámara y me voy a dar una vuelta. Paso por casa de mi tío Antonio y aprovechamos para dar un paseito por Priego. El Adarve, La Ribera, el Río y a casa que aunque se le ve de puta madre acaba de salir de una operación y no es cosa de ir preparando maratones todavía. Salir con mi padre y con mi tío es una preparación para la noche del Viernes Santo. Pasos lentos, despacio y además con muchas paradas. ¡Van saludando a todo cristo! Se que no vi el Prendimiento, aunque si escuché una parte y que después estuvimos viendo el Mayor Dolor y el Preso desde la calle Alta. Era la primera vez que pasaban por allí y se quedó muy bien. Aunque quien mejor la vio fue Raúl, el nene de mi prima Olga que se enganchó a los hombros y me tuvo como mula de carga toda la noche. Como decía el otro: “Sarna con gusto no pica”. Y a mi los nenes, aunque parezca que no, me gustan mucho. Eso si, parece que el cansancio no remite. Cuando llego a la casa voy a la cama. Duermo con Rafa. Me ha dejado un cachito de colchón. Afortunadamente he perdido peso y masa porque si no allí no hubiese cogido hace tan solo dos meses. A las cuatro de la madrugada le dejo la cama para él solo. Tiro uno de los colchones al suelo y a dormir. ¡Por fin!

Jueves Santo.-El jueves es el día que va llegando todo el que falta. Mariola, MariCarmen, Pablo… Los que estamos en casa vamos preparando comidas, limpiando un poco, y buscando excusas para perdernos. A la una, esa hora tan cervecera, estamos ocupando el Gabana, después y viendo que cada vez va llegando mas familia, El Portillo. La calle Antonio de la Barrera es nuestra. Los Aguilera somos muchos y con pocos que nos juntemos montamos un circo. Unos tienen el don de la pintura, nosotros como dice Cheli: Somos capaces de hacer de una tasca de mierda un bar mas que decente. Y allí, sin salir de la calle, nos tiramos hasta tarde. Un gintonic en el bar Río para acabar la tarde y… ¡Ducha!

Yo tenía un hijo que solía ir dando tumbos de un lado a otro a regañadientes por Priego. Ahora tengo un adolescente que se pierde si me despisto. A Rafa lo vi cuando tuvo hambre, el resto del tiempo… Poco. Quedaba con los primos y ya iba organizándose él.

Antes de que se hiciera de noche mi padre y yo íbamos de camino a la Ribera. El año pasado se dio bien la opción de ver la procesión desde la terracita que montan los del restaurante y este año queríamos repetir experiencia. ¡Muy bien! Preciosa la procesión entera, desde la Cruz de Guía hasta el último bombo de la banda con nuestras cervecitas y tapas. Dos “levantás” de la silla cuando pasaban los pasos y después a seguir con lacruz. ¡Con la Cruzcampo!

Me da tiempo a volver a ver la procesión y estoy dispuesto a ver salir los Dolores. Pero antes para en casa para picar algo. Me siento tranquilamente y… ¡Me quedo frito! Mi sobrina Julia se echa encima de mi hombro, yo pongo la cabeza en la suya y cuando me doy cuenta han salido los Dolores de la iglesia y todo el cansancio acumulado se me está desparramando en el sofá. No puedo con mi cuerpo. Me voy a la cama antes de la una. ¿O de las dos?

Viernes Santo.- Con un poco de regomello escucho tambores en el Calvario desde el colchón. Están encerrando al Cristos de la Buena Muerte y a los Dolores. Sigo durmiendo. Empieza el movimiento en la casa. Algunos en la casa se levantan y van a ver poner al Nazareno en su trono. Yo no puedo. ¡Me doy por tonto! Bajo a la cocina y me tomo un café y medio mollete con aceite y bacalao. Llegan Daniel y mi prima Chelota. Los niños ya están organizándose entre ellos, nosotros tres nos vamos a ver la salida del Nazareno. ¡Nada de bullas! No estoy para meterme en ninguna. (El compás de San Francisco no cuenta, no es bulla.) Después vamos coincidiendo con parte de la familia, con gente que sueles encontrarte en la procesión. Nos da tiempo de volver a verlo otra vez y vamos para el Palenque. Allí si que está toda la familia. Veo a Rafa que está subido en una reja. (Mi nene en una reja viendo la procesión, esto es nuevo. Desde luego este año me ha dado muchas satisfacciones y eso que lo he visto poco.) A partir de ahí… La bulla del “paso redoblao”, el vello de punta, la cervecita en Reyes, y… ¡Coño! Pues que va muy bien el Nazareno. Si nos despistamos nos lo perdemos en la Virgen de la Cabeza. Yo no estaba para bullas pero me meto para verlo subir. Daniel, Irene, Rafa Martín (que su madre es una inconsciente y nos deja llevarnoslo) y yo subimos con Jesús hasta que da la Bendición. Es curioso la de sentimientos que se mezclan en la calle que sube al Calvario. Un… un no sé qué… Pues eso.

Después de la Bendición toca otra cervecita en La Peña Flamenca. Poca cosa. Tanto Daniel como Cheli tienen que coger el coche y no está tráfico como para andarle con tonterías. Vamos a comer a casa y desde allí ya empiezan a desperdigarse. Yo cojo la cámara y me voy a ver el Nazareno de nuevo. Para terminar de encerrarse no me da el cuerpo. Así que lo veo desde casa, que eso de tener el TelePriego mola un montón.

IMG_0551 Un poquito de siesta que me sienta divinamente, un café y empiezo a prepararme para salir en El Entierro.

Después de tres años sin salir y una salida corta el año pasado la procesión se paso en un suspiro. Esta vez ha costado mas. Se me rompió un correaje y terminé cansado. Eso si, como le dije a mi padre cuando llegué a casa, el año que viene no me vuelve a pasar. Que no vas a salir, ¿no?. Me preguntó mi padre. ¡No! Que arreglo el correaje antes del viernes. Uno es de contradicciones y a veces yo mismo me pregunto que hago un Viernes Santo procesionando. Pero se te van esas dudas, y muchas mas cuando se abre la puerta de San Pedro y empiezas a salir. Toda la bulla del viernes se pierde por la noche. Da igual la gente que haya alrededor. Estás tú, tu penitencia, tus ideas y tu Cristo. Terminó siendo muy cansada la salida del viernes, pero esclarecedora como ella sola.

Sábado Santo.- Lidia me deja el coche así que no tengo que madrugar tanto para ir a coger el bus. Me da tiempo a disfrutar de un café, Priego a las ocho y media está desierto pero existen oasis como el Aguila. Es día 4 de abril. (Acabo de darme cuenta que pasó el día 2 y no eché cuentas a la difunta.) Es el cumpleaños de Lola. Nos vamos pronto a Córdoba. MariCarmen, Julia, Rafa se queda en Lucena y yo… ¡A trabajar a Córdoba! A la salida intento quedar con los amigos. ¡Imposible! No hay manera de quedar y me voy a casa a ver Montalbano. ¡Tampoco! No queda otra que acostarse temprano. Lo de temprano es una forma de hablar. Siempre hay libros pendientes.

Domingo de Resurreción.- Resucitar se hace difícil pero si despierto temprano. Vuelta a la estación donde empieza el movimiento de gente. Había quedado con Estrella para comer pero llega tarde de Granada. No hay problema. Los Izquierdo Gil están en casa y tengo que dejarles su coche. Después un paseo por la Asomadilla y una cocacola en Santa Rosa. Parece que a unos nos cuesta mas trabajo eso de resucitar, yo lo conseguí por la noche, a base de besos.

Esta Semana Santa se ha presentado algo rara. Tenía muchas dudas en la cabeza y aclararme era una prioridad. Me ha costado pero tengo que reconocer que se hace mucho más fácil hacerlo en estas fechas. Entre familia, gente que te quiere, y costumbres tan arraigadas que no las cuestionas. Siempre nos vamos encontrando con cosas nuevas con las que nos enfrentamos pero es mejora hacerlo en casa. En nuestro campo.

 

 

 

 

 

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