La virgen de la cueva.

Los pájaros cantan,

las nubes se levantan,

que si, que no,

que caiga un chaparrón.

El hombre del tiempo ha pronosticado agua. ¡NO! Tú no la vas a ver. En los mapas solo hay soles, alguna nube que hará mas amena la terracita, y calor. La lluvia solo está dentro. Empapando el corazón. Empezó como un sirimiri, un calabobos, un aguachirri que ni si quiera mojaba pero ahora va por tormenta veraniega. De esas que dejan un montón de agua, mucho barro y calles anegadas porque las alcantarillas están obstruidas. Ahora está chorreando desde el hígado a la sesera y el nivel no deja de subir. La tormenta se alarga. Esta iba para Rute pero se quedó en casa. No la vi venir.

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Verdad verdadera.

Ayer  escuché  una frase que me encanta: “Verdad solo hay una”. Y… después de pensarlo un rato tuve que acceder, y reconocer que tenía razón. Por su puesto lo maticé. Normalmente cuando alguien dice frases tan lapidarias como esta suele estar convencido de que la verdad verdadera, la que es irrefutable, es la suya. La que él, o ella, idealiza en su cabeza. Los matices, los diversas variantes, son las de los demás.

Creo que la verdad es mas relativa que una teoría de Einstein. Que las verdades absolutas no existen,, que hay tantos matices como personas, y que las certezas son muy pocas. Si nos preguntan que distancia es un metro lo mas probable es que abramos los brazos e indiquemos una distancia más o menos parecida. Da igual que nuestros brazos midan de punta a punta 194, o 128 centímetros, sabemos lo que es un metro. Y si nos ponemos puntillosos cogeremos una regla y señalaremos desde el cero al cien los centímetros y diremos que eso es un metro. (Oficialmente un metro es la distancia que recorre la luz en el vacío en un intervalo de 1/ 299 792 458 de segundo. ¿Fácil verdad? Se parece mucho a la longitud que hemos marcado con los brazos.)

Vaso de Wilfredo Prieto.

Vaso de Wilfredo Prieto.

Ejemplo práctico:

Para probar su teoría de la relatividad verdadera se levanta de la cama. Coge el vaso vacío que hay en la mesilla de noche y sale. Desde la habitación se oye correr el agua en la cocina. Vuelve con el vaso y desde el dintel de la puerta pregunta:

– ¿Que es esto?

– No me vas a liar. – Le sonríe desde la cama. – Es solo medio vaso de agua. 

– ¿No te atreves a decir si medio lleno o medio vacío?

– ¡No! Es solo medio vaso de agua. Y eso… es una verdad absoluta. 

– Bueno… la verdad… es que son, 115 centímetros cúbicos, los he medido con la coctelera, pero ni siquiera estoy seguro de que sean exactos. Lo que si se es que no es agua, es ginebra. 

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La Cámara.

 

Entro en la tienda. Voy a la sección de fotografía. Una señora habla con un tipo barbudo con polo rojo. Me impiden cruzar a los expositores. Les hago una señal y me franquean el paso. Busco la cámara que quiero. Hay dos o tres modelos parecidos. Miro las especificaciones técnicas, las comparo con la persona que va a usar, con el uso que le va a dar. Elijo una. Creo que es la acertada pero no la encuentro. Solo veo la cámara que está expuesta. En el mismo pasillo el barbudo sigue hablando con la señora. Me doy cuenta que es uno de los dependientes. Me espero a que termine para preguntarle donde se encuentra la cámara que busco, o si solo existe la del expositor. La señora le está enseñando unas fotos que tiene en su cámara. El tipo parece prudente e intenta darle algunas soluciones. Detrás de ellos hay una pareja, no los había visto antes, que también esperan que acabe la explicación de la señora. Van pasando minutos. La mujer no termina de digerir los consejos del barbudo que parece empieza a repetirse con la consiguiente desesperación de la pareja que espera, y la mía. Una chica de verde ha estado también ojeando cámaras. Tiene pinta de que se le acumula el trabajo al dependiente. ¡Por fin! Después de varios resoplidos por parte de la pareja y algún aspaviento por mi parte la señora consigue dejar libre al dependiente. La pareja entonces empieza a atacar al tipo con preguntas.

  • Esta cámara – señalan una cámara bridge – ¿es más buena que esta porque tiene más “pisel”? – y señalan una cámara compacta.

La pregunta me deja a cuadros. Y veo que se van a explayar como la señora de antes. A este ritmo cuando pueda conseguir la cámara ha se ha quedado obsoleta. Me contengo a duras penas. Escuchando la divagación del barbudo.

  • Entonces… Esta cámara que es mas cara es mas buena. ¿Hace mejores fotos, no?

No dejo que el dependiente conteste. Me meto en la conversación y le pregunto al tipo:

  • A ver… ¿Tú para que quieres la cámara? Porque esta cámara te hace las mismas fotos que esta y que aquella. La fotografía la vas a hacer tú.
  • Es que es para un viaje largo…- me dice el tipo como excusándose – y quería una cámara buena.
  • Pues si quieres una cámara buena no mires estás. Mira esas. – Y le señalo las que hay detrás – Y si lo que quieres es hacer fotos. Con cualquiera de aquellas. – Señalo las compactas.- ¿Tú sabes lo que pesa una cámara de esas para llevarla todo el viaje? ¡Que te vas a la playa! Hay que tener cuidado de que no le entre arena. Que te vas por la noche y te apetece bailar, tienes que estar pendiente de la cámara porque no puedes llevarla colgada. Que te vas a la montaña.  Hay que llevarla con la bolsa por que se te cae y la has perdido para siempre, el objetivo es muy frágil.
  • Es que como esa – me señala las compactas- ya tengo una. Y salen regular.

Miro al tipo. Esta gordo, tiene granos, la novia, la amante, o la señora esposa que va con él tampoco es agraciada. Me da que la culpa no es de la cámara, ni del fotógrafo. A ellos va a ser difícil sacarlos bien pero estoy convencido de que se puede hasta con una webcam.

  • Mira tío. Para un viaje, lo mejor es una como la que dices que tienes. Que te la puedes poner en el bolsillo de la chaqueta y no se nota nada. La llevas donde quieras. Haces retratos buenísimos. Que la quieres para la noche… ¡No hay problema! Echas en el otro bolsillo un trípode de esos pequeños y ya tienes cámara para hacer fotos de noche, a las farolas, o al luna reflejándose en la playa. Lo que tienes que hacer es leerte las instrucciones y sacarle el máximo partido a la cámara que tienes. Y si luego se te queda corta te metes en otra.

La chica de verde se ha acercado peligrosamente al barbudo y está preguntándole  algo. No puedo consentirlo.

  • ¡Espera! – Les digo a los dos interrumpiendo su conversación.- Quiero está cámara. – Señalo una- No la encuentro aquí. ¿La teneis, o no?

El barbudo de polo rojo me señala un estante. Compruebo que es la que quiero y me llevo una caja. El tipo aún está mirando una cámara y otra. Consulta con  su amante, novia, esposa, y empiezan a caminar despacio hasta al salida. Creo que he jodido una venta pero he impedido un “foticidio”. La cámara tiene estabilizador pero también sé que un trípode es imprescindible. Me llevo uno. Voy a caja.

Werlisa-Color-(B4)-001P.D. – Leer las instrucciones es primordial para saber que tienes entre manos. Para sacarle el máximo partido y disfrutar las cosas. Si no… es solo gastar por gastar.

P.D 2.- En casa, la Werlisa ha sido la cámara oficial de la familia. Entre la cámara y la funda hay un papel donde viene el diafragma que se debe usar si está nublado o si hace sol. La distancia de la fotografía. (El día que la saqué de la funda y me dio por limpiarla y arreglarle el obturador a mi padre casi le da un patatús.)

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Semana Santa 2015

Me hubiese gustado decir que mi Semana Santa empezó pronto. Que el miércoles fui al cine y pasé una noche muy buena. Que el jueves, después de currar, estuve tomando caracoles y cervecitas echando unas risas, que el viernes quedé con mis hermanas para ver el Viacrucis y solo conseguimos ver una cruz, la Cruzcampo y por partida doble. Pero es que ni siquiera el sábado tenía ambiente de feria. Ni ambiente, ni amigos, porque mira que intenté quedar con algunos de Córdoba y no hubo manera. Y así me pongo en el domingo de ramos sin haber olido el incienso, ni escuchar un tambor, ni ver una levante. Hasta que salgo del curro a las nueve de la noche y ya no aguanto mas.

Domingo de Ramos.- Le tenía ganas al Cristo de los Faroles. Lo han restaurado y aún no lo había visto. Así que me voy para la Plaza de Capuchinos. En puertas me encuentro con Raquel y toda la troupe que lleva. Hermanas, hijos y algún agregado que no conozco. ¡Mola eso de ver la Semana Santa en familia! Aprovecho para hacer algunas fotos al Cristo. Imposible no pasar por la plaza y tirar la menos una. Y si antes me aguantaba, desde que tengo móvil creo que solo una vez he pasado con tanta prisa como para no parar y fotografiarlo. (Cada uno tiene su manera de rezar.) Al poco tiempo aparece Mariola y Elisa. Terminamos cerca de la calle estrecha y desde allí vemos pasar las Penas y la Esperanza. ¡Está guapa la Esperanza! Y dan ganas de ponerse delante, de acompañarla por las escaleras del Bailío. Pero uno está mayor para tanta bulla. Elisa está pachucha y mejor ir a la Taberna de Góngora para descansar un poco, organizarnos y… mañana será otro día.

Lunes Santo.- El lunes trabajo por la mañana y puedo ir a ver las salidas de algunas procesiones pero tengo tal descontrol en casa (Marzo ha sido complicadillo) que no me queda otra que ponerme a planchar. Eso si… ¡rapidito! A las seis estoy esperando a Irene para irnos a ver La Estrella y la Veracruz de una tacada. El entorno de la Mezquita, perdón Catedral, no quiero que me excomulguen, da para mucho. Tanto, como para tomarnos unos medios con los técnicos del Barcelona de Balonmano que estaban probando todos los palos. Del oloroso, al fino, y al amontillado. Lo peor es que querían probar el rebujito y el camarero los miró raro. Hubo que darles una clase teórico-práctica de vinos en cinco minutos y creo que no se fueron muy convencido. ¿Como quieres que aprecien un buen vino una gente que son del Barça y piden rebujito? ¡Donde no hay, no busques!. El caso es IMG_0201que en Pepe de la Judería vi la procesión de la Estrella. Preciosa enmarcada entre los cuadros de la celosía de la puerta. Después… otro ratito de andar para ver el ViaCrucis casi entrando en carrera oficial. Cambio a la hija por la madre y me voy con Mariola. No sé como queda la cosa pero estoy viendo el Remedio de Ánimas con un bocata. Y lo peor… ¡Crujiente! Todo el mundo en silencio y uno bebiéndose una cerveza y comiendo delante del Cristo. (Si, lo sé, no tengo remedio y se me iba a caer la cara de vergüenza. Pero, coño, es que no había comido en todo el día.) El día siguiente tiene pinta de venir también en plan cansino así que nos vamos pronto para la casa. El problema es que el Mercado Victoria se nos cruza en el camino y… pues que nos encontramos con Virginia que es una nena guapísima y simpática. Voy a tener que estar mas pendiente de las amistades de mi hermana Mariola.

Martes Santo.- El día se presenta fuerte. ¡Me voy a “jartar” de estación! A las nueve entro a trabajar y he tenido que hacer la maleta antes de llegar al curro. A la una, cuando salgo del turno de mañana, me toca ir a por unas gafas que se ha olvidado Lidia. Como algo en casa y me voy de nuevo para empezar el turno de tarde. Cuando salgo a las ocho cae una cervecita con muchas ganas. El viaje a Priego es entretenido. Tenía intención de irme a dormir al final del autobús pero es Benítez quien conduce y me pone delante. Se pasa mas rápido el trayecto charlando. Ni me entero cuando llegamos a El Cañuelo. Y diez minutos mas tarde… ¡Priego!. Tardo poco en soltar la maleta e irme al llano. Desde allí veo pasar la Caridad. Estoy muy cansado. Cuando llego a casa y encuentro un sitio para dormir, me quedo frito en segundos.

Miercoles Santo.- Creo que en alguna ocasión he dicho que en mi familia debe haber algún acuerdo tácito con Mercadona del que yo no soy consciente. Pensaba que me iba a salvar de ir al supermercado pero… ¡Para nada! Me voy con Cheli de compras. Pescadería, Frutería, Carnicería y, por su puesto… ¡Mercadona! Terminamos pronto. Es lo que tiene intentar salir a tomar un café al bar Río y de paso empezar con el avituallamiento. Después me voy con Gonzalo y Lola, mis sobris, a recoger a Rafa en Lucena. A la hora de la cerveza estamos de vuelta. Aprovecho para dar un paseo con mi padre y los niños por el Paseillo. Aunque estos…  Cogen sus sillas, se beben los zumos como si fuesen purgantes y seIMG_0266 pierden pronto. Luego mucho plato para limpiar, un poquito de siesta y… ¡Otra vez a la calle! Cojo la cámara y me voy a dar una vuelta. Paso por casa de mi tío Antonio y aprovechamos para dar un paseito por Priego. El Adarve, La Ribera, el Río y a casa que aunque se le ve de puta madre acaba de salir de una operación y no es cosa de ir preparando maratones todavía. Salir con mi padre y con mi tío es una preparación para la noche del Viernes Santo. Pasos lentos, despacio y además con muchas paradas. ¡Van saludando a todo cristo! Se que no vi el Prendimiento, aunque si escuché una parte y que después estuvimos viendo el Mayor Dolor y el Preso desde la calle Alta. Era la primera vez que pasaban por allí y se quedó muy bien. Aunque quien mejor la vio fue Raúl, el nene de mi prima Olga que se enganchó a los hombros y me tuvo como mula de carga toda la noche. Como decía el otro: “Sarna con gusto no pica”. Y a mi los nenes, aunque parezca que no, me gustan mucho. Eso si, parece que el cansancio no remite. Cuando llego a la casa voy a la cama. Duermo con Rafa. Me ha dejado un cachito de colchón. Afortunadamente he perdido peso y masa porque si no allí no hubiese cogido hace tan solo dos meses. A las cuatro de la madrugada le dejo la cama para él solo. Tiro uno de los colchones al suelo y a dormir. ¡Por fin!

Jueves Santo.-El jueves es el día que va llegando todo el que falta. Mariola, MariCarmen, Pablo… Los que estamos en casa vamos preparando comidas, limpiando un poco, y buscando excusas para perdernos. A la una, esa hora tan cervecera, estamos ocupando el Gabana, después y viendo que cada vez va llegando mas familia, El Portillo. La calle Antonio de la Barrera es nuestra. Los Aguilera somos muchos y con pocos que nos juntemos montamos un circo. Unos tienen el don de la pintura, nosotros como dice Cheli: Somos capaces de hacer de una tasca de mierda un bar mas que decente. Y allí, sin salir de la calle, nos tiramos hasta tarde. Un gintonic en el bar Río para acabar la tarde y… ¡Ducha!

Yo tenía un hijo que solía ir dando tumbos de un lado a otro a regañadientes por Priego. Ahora tengo un adolescente que se pierde si me despisto. A Rafa lo vi cuando tuvo hambre, el resto del tiempo… Poco. Quedaba con los primos y ya iba organizándose él.

Antes de que se hiciera de noche mi padre y yo íbamos de camino a la Ribera. El año pasado se dio bien la opción de ver la procesión desde la terracita que montan los del restaurante y este año queríamos repetir experiencia. ¡Muy bien! Preciosa la procesión entera, desde la Cruz de Guía hasta el último bombo de la banda con nuestras cervecitas y tapas. Dos “levantás” de la silla cuando pasaban los pasos y después a seguir con lacruz. ¡Con la Cruzcampo!

Me da tiempo a volver a ver la procesión y estoy dispuesto a ver salir los Dolores. Pero antes para en casa para picar algo. Me siento tranquilamente y… ¡Me quedo frito! Mi sobrina Julia se echa encima de mi hombro, yo pongo la cabeza en la suya y cuando me doy cuenta han salido los Dolores de la iglesia y todo el cansancio acumulado se me está desparramando en el sofá. No puedo con mi cuerpo. Me voy a la cama antes de la una. ¿O de las dos?

Viernes Santo.- Con un poco de regomello escucho tambores en el Calvario desde el colchón. Están encerrando al Cristos de la Buena Muerte y a los Dolores. Sigo durmiendo. Empieza el movimiento en la casa. Algunos en la casa se levantan y van a ver poner al Nazareno en su trono. Yo no puedo. ¡Me doy por tonto! Bajo a la cocina y me tomo un café y medio mollete con aceite y bacalao. Llegan Daniel y mi prima Chelota. Los niños ya están organizándose entre ellos, nosotros tres nos vamos a ver la salida del Nazareno. ¡Nada de bullas! No estoy para meterme en ninguna. (El compás de San Francisco no cuenta, no es bulla.) Después vamos coincidiendo con parte de la familia, con gente que sueles encontrarte en la procesión. Nos da tiempo de volver a verlo otra vez y vamos para el Palenque. Allí si que está toda la familia. Veo a Rafa que está subido en una reja. (Mi nene en una reja viendo la procesión, esto es nuevo. Desde luego este año me ha dado muchas satisfacciones y eso que lo he visto poco.) A partir de ahí… La bulla del “paso redoblao”, el vello de punta, la cervecita en Reyes, y… ¡Coño! Pues que va muy bien el Nazareno. Si nos despistamos nos lo perdemos en la Virgen de la Cabeza. Yo no estaba para bullas pero me meto para verlo subir. Daniel, Irene, Rafa Martín (que su madre es una inconsciente y nos deja llevarnoslo) y yo subimos con Jesús hasta que da la Bendición. Es curioso la de sentimientos que se mezclan en la calle que sube al Calvario. Un… un no sé qué… Pues eso.

Después de la Bendición toca otra cervecita en La Peña Flamenca. Poca cosa. Tanto Daniel como Cheli tienen que coger el coche y no está tráfico como para andarle con tonterías. Vamos a comer a casa y desde allí ya empiezan a desperdigarse. Yo cojo la cámara y me voy a ver el Nazareno de nuevo. Para terminar de encerrarse no me da el cuerpo. Así que lo veo desde casa, que eso de tener el TelePriego mola un montón.

IMG_0551 Un poquito de siesta que me sienta divinamente, un café y empiezo a prepararme para salir en El Entierro.

Después de tres años sin salir y una salida corta el año pasado la procesión se paso en un suspiro. Esta vez ha costado mas. Se me rompió un correaje y terminé cansado. Eso si, como le dije a mi padre cuando llegué a casa, el año que viene no me vuelve a pasar. Que no vas a salir, ¿no?. Me preguntó mi padre. ¡No! Que arreglo el correaje antes del viernes. Uno es de contradicciones y a veces yo mismo me pregunto que hago un Viernes Santo procesionando. Pero se te van esas dudas, y muchas mas cuando se abre la puerta de San Pedro y empiezas a salir. Toda la bulla del viernes se pierde por la noche. Da igual la gente que haya alrededor. Estás tú, tu penitencia, tus ideas y tu Cristo. Terminó siendo muy cansada la salida del viernes, pero esclarecedora como ella sola.

Sábado Santo.- Lidia me deja el coche así que no tengo que madrugar tanto para ir a coger el bus. Me da tiempo a disfrutar de un café, Priego a las ocho y media está desierto pero existen oasis como el Aguila. Es día 4 de abril. (Acabo de darme cuenta que pasó el día 2 y no eché cuentas a la difunta.) Es el cumpleaños de Lola. Nos vamos pronto a Córdoba. MariCarmen, Julia, Rafa se queda en Lucena y yo… ¡A trabajar a Córdoba! A la salida intento quedar con los amigos. ¡Imposible! No hay manera de quedar y me voy a casa a ver Montalbano. ¡Tampoco! No queda otra que acostarse temprano. Lo de temprano es una forma de hablar. Siempre hay libros pendientes.

Domingo de Resurreción.- Resucitar se hace difícil pero si despierto temprano. Vuelta a la estación donde empieza el movimiento de gente. Había quedado con Estrella para comer pero llega tarde de Granada. No hay problema. Los Izquierdo Gil están en casa y tengo que dejarles su coche. Después un paseo por la Asomadilla y una cocacola en Santa Rosa. Parece que a unos nos cuesta mas trabajo eso de resucitar, yo lo conseguí por la noche, a base de besos.

Esta Semana Santa se ha presentado algo rara. Tenía muchas dudas en la cabeza y aclararme era una prioridad. Me ha costado pero tengo que reconocer que se hace mucho más fácil hacerlo en estas fechas. Entre familia, gente que te quiere, y costumbres tan arraigadas que no las cuestionas. Siempre nos vamos encontrando con cosas nuevas con las que nos enfrentamos pero es mejora hacerlo en casa. En nuestro campo.

 

 

 

 

 

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Max Payne.

De New Jersey a Lucena

va Max Payne matando gente,

dispara sin tener pena

pero sabemos que miente.

maxpayne

Fandango lucentino. 

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Mimetizarse con la Semana Santa.

No vamos a empezar antes de tiempo pero hay que reconocer que si ya hemos estado esperando durante cuarenta días que llegue la Semana Santa no queda otra que celebrar el Domingo de Ramos como fuese la final de Champions de tu equipo. ¡Con muchas ganas! Así que salimos a la calle a celebrar. ¡Que para eso son las palmas y los ramos!

Después tenemos una etapa de transición, las procesiones del huerto, la sentencia, el preso… todo eso es ir fustigándonos un poco para lo que se avecina. Salidas hasta tarde y al día siguiente trabajar a primera hora. Hasta que llega el Jueves Santo. La última cena. Ahí nos vestimos de bonito, aprovechamos que es descanso para ver a la familia, para tomar unas cervezas de media mañana y por la noche y mas procesiones. Si antes nos acostabamos tarde ahora lo hacemos de madrugá.

Y llega el Viernes Santo. Ahí hay que darlo todo, el calvario lo vivimos  con el Nazareno. Subidas, bajadas, apretones y terminamos tan cansados que estamos para que nos entierren. La noche del viernes, quien mas quien menos está muerto. Algunos, los mas valientes, o inconscientes, son capaces de encerrar a La Soledad y tomarse un gintonic pero los que han seguido las procesiones están deseando llegar a casa. Darle un tiento al salchichó, que ya se ha pasaso la vigilia, y acostarse lo antes posible.

El sábado es un día de relax. Un día tranquilo para descansar, para ir amoldándonos a la rutina de nuevo pero antes… Domingo de Resurrección. Volvemos a levantarnos temprano con ganas de ver las última procesión. Si el sábado ha tocado recoger, limpiar, y organizar un poco la vida, el domingo vuelve a ser ese día festivo en el que salimos a la calle, nos ponemos guapos como el domingo anterior y nos arreglamos como si nunca hubiesemos visto la calle. Este domingo es el adelanto de las romerias, de las ferias importantes, de la primavera, de la vida.

La ventaja de morirse… es que uno después resucita. Oye… y si no… la gloria eterna. ¡Tampoco está tan mal!

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Andar en Semana Santa.

Quizá son los “hados del destino”, o el vecino del cuarto, un coche rojo o la persona que duerme a tu lado. El caso es que a veces, algo o alguien, le mete un zamarreo a tu vida que no sabes donde agarrarte. Vas dando tumbos buscando asideros que ya no están. Puntos de referencia que se han borrado. Han desaparecido de tu entorno, quizá para siempre.

Tú te dedicas a no perder el equilibrio. Trastabilleas de un lado a otro con tu vida a cuesta, echando de menos la estabilidad perdida. Y entonces… llega Semana Santa.

Vienen días tan dispares que lo mas fácil es caer. Pero a mi me gustan, me gustan mucho. Me gustan las prisas, donde corres por calles que no sueles pasar para encontrar una procesión, los preparativos de última hora, el salir pitando a casa ida y vuelta por que alguien olvidó la papeleta de sitio. Me gustan las pausas, las esperas eternas entre penitentes, las charlas bulliciosas esos minutos mientras llega el paso y el silencio cuando está frente a ti, las copas sin fondo en bares donde los camareros tienen el privilegio de santiguarse junto  a una ventana que les trae a su virgen. Me gustan las bullas. El fervor o la estupidez, de bajar unas escaleras apoyando a unos costaleros. El vello de punta cuando un redoble marca un paso redoblado. O el silencio sepulcral de una trompeta en la madrugada. Me gusta la soledad. Esa en la que te envuelves acompañando tu Cristo. Donde varias horas de penitencia te muestran caminos que olvidaste. Tú, rodeado de gente, y estás solo. Solo con tu cofradía. Con tus penas, con tus glorias, con tu procesión. Me gustan los días de Semana Santa por que vienen llenos de familia, de amigos, de desconocidos que tienen los mismos gustos que tú.

Vienen días en el que los pasos se dan despacio, o rápido, pero todos seguros. Donde vuelven a aparecer asideros para sujetarse de los vaivenes. Días de Semana Santa, donde es tan fácil caminar.

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Eclipse de Sol.

Del observatorio astronómico nacional.

Del observatorio astronómico nacional.

Todo el mundo conoce la historia del tipo que dijo que el Sol se apagaría si lo quemaba en la hoguera. Creo que fue Mark Twain quien dejó por inútiles a los ingleses de la Corte del Rey Arturo. (Que conste que no digo sajones o normandos sino ingleses.) También Ridder Hagar se las da de listo en “Las minas del rey Salomón” y les mete la bacalá a unos oriundos africanos que iban a sacrificar a la chica de turno. (Aunque creo que ese eclipse era de luna.) Cuando Tintín se presenta en ante los Incas anunciando un eclipse solar… ¡Bueno! Eso ya no se lo cree nadie. Lo de Tintín digo. Los Incas de Hergé si que se lo creen. Aunque sabemos que si ya predecían el fin del mundo en aquellas latitudes… ¡Lo de Sol lo tenían más que trillado!

El caso es que hoy tenemos uno de esos fenómenos que se pueden ver de cuando en cuando. Un eclipse es como un concierto de los Rolling, no pasa todos los días pero no ocurre nada si te lo pierdes,  ya vendrán otra vez.  Para colmo si llueve… pues desluce mucho. Eso sí, el eclipse no se puede aplazar pero tiene la ventaja de ser mucho más barato.

Sabemos que los las tragedias, los malos augurios, las historias terribles no vienen con los eclipses de sol, ni de luna. (Ojalá solo las trajesen ellos.)  Así que un fenómeno de estos, tan predecible y avisado, no causa revuelo hoy en día. Solo una insana curiosidad. Y digo insana porque mirar el sol es perjudicial siempre, pero… ¿quién es es guapo que no le echa un ojo hoy a media mañana?

Nihil novum sub sole.

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Día del Padre.

Crecimos con con La Casa de la Pradera, con Tom Bradford, viudo que sacaba adelante a ocho hijos, con Bill Cosby. Queríamos lo mejor para nuestros futuros vástagos. Ser los padres geniales, tolerantes, amables, y comunicativos que veíamos en la televisión. ¡La hostia íbamos a ser! Nacho Martín, el cabrón de Nacho Martín, ese medico de familia que era Emilio Aragón nos puso el listón muy alto. (Aunque se nos fue quedando claro que para ser un padre ejemplar había que estar viudo.) Afortunadamente después llegaron otros padres que se parecían mas a los nuestros. Diego Serrano amenazando con la escobilla del water o el Sr. Soprano que mantenía a su familia a base de extorsiones y asesinatos, nos hicieron reconciliarnos con los nuestros.

Eric Stonestreet

Cameron. Modern Family

Al final nos estamos convirtiendo en un Cameron de la vida, y nuestros hijos nos ven como si fuesemos Homer Simpson.

 

¡Feliz Día del Padre!

 

 

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Jornada.

La alegría mañanera se diluye como el azúcar.

Después, el café va presentándonos gente.

Gente que deslustra el ánimo,

como los peregrinos ansiosos,

que besando al santo,

lo manosean

y se unen en un abrazo laaaargo

quitándole el color.

Mientras aguanta, estoico, arremetidas de amor.

Peregrinos contentos que huyen

encontrando salvaciones.

 

Así va llegando la gente,

quitándome el color.

Dejándome gris.

 

Pero el trabajo acaba.

Y el sol me baña de oro

para devolverme el color.

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