Pilar Rojas.

Me falta imaginación. Quiero decir que me falta imaginarme. Que puedo contarte la charla sobre vuelos rasantes que tuvimos el dragón Eliseo y yo el otro día en el aeropuerto, o como perdimos el autobús a la Atlántida por culpa de aquel caimán que se cruzó en la Breña. Pero en cuanto tengo que poner un nombre que tenga algo que ver conmigo la cabeza empieza a silvar y echar humo como si fuese la olla express. Así que el otro día cuando me decidí por enviar un micro al concurso de Santaella y ya tenía todos los datos en su archivo correspondiente solo necesitaba un seudónimo para terminar y enviarlo.

Vamos a ver Fran, pensaba, esto es fácil. Pones cualquier chorrada y ya está. Café del Búho es lo primero que se cruza por mi cabeza, pero ya he enviado alguno que otro con ese seudónimo y me tienen que conocer en media Córdoba. Nada, nada, algo mas original. Targaryan, Kalessi, me cago en la puta que parezco un friki de Juego de Tronos. Nada, nada… un nombre normal. Algo de toda la vida pero que no tenga que ver conmigo.

– A ver Rafa. Dime un nombre y apellido. – Le pido a mi nene que está entretenido con el móvil.

– Pilar Rojas.

– ¿Pilar Rojas? ¿Y esa quien es?

– ¿Pero no me has dicho que te diga un nombre?

– Si, bueno… pero ¿tan rápido? ¿Quien es esa?

– Yo que se. Una que sale con “el Diablo” en instagram.

– ¿Pero de que la conoces?

– ¡Que no la conozco! ¿No me has dicho que te diga un nombre? ¿Y para que lo quieres?

– No… Va… Para nada.

Así que terminé presentado el microrrelato al concurso de Santaella con el seudónimo de Pilar Rojas. Y… oye que así se ha quedado. 

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La ventana.

VentanaEstrellaNoche

Miramos a un lado a otro. Esperamos que llegue pronto.

Pero quizá ya está con nosotros. Puede que esté detrás de la ventana. Lo tenemos tan cerca, ha estado ahí siempre, es tan evidente que ni siquiera nos damos cuenta. Y no miramos detrás.

Mientras seguimos mirando a un lado y  a otro.

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La foto.

Abrir la cuarta carpeta del directorio Imágenes. Buscar la séptima fotografía. Subirla al blog. Empezar a escribir. Esa era la idea.

La cuarta carpeta tiene el título de Semana Santa 2015. Sin embargo las primeras fotografías no tienen nada que ver con esa fecha. Son fotografías en blanco y negro de Córdoba. Una persona conocida y paisajes de parque. La sexta y la séptima son arcos. Esta es la que ha tocado. IMG_0075

Es una birria de foto, lo sé. Pero me gustan los arcos, y quiero pensar que era el único ángulo donde enfilaba cuatro del tirón. El lugar es Guadix. Es la antigua iglesia del Corazón de Jesús. Es una de esas construcciones que duró poco. Se inauguró a finales de 1925 y la bombardearon en la guerra civil varias veces. Después no ha podido ser reconstruida, y lo peor… tampoco la han tirado. Queda ahí, como una de esas innumerables recordatorios de la estupidez humana, en una barriada nueva que florecía con la estación a un lado, la azucarera a otro y una iglesia, por su puesto, nuevecita.

Ni idea de que me llevaría a sacar esa foto pero hoy ha vuelto a salir a la memoria, así, sin venir a cuento, y al final no solo son cuatro arcos mal dispuestos. Es un símbolo de lo imbéciles que somos. No solo aquellos que decidieron bombardear, no hay mas que ver las pintadas, el abandono, para descubrir que seguimos siendo unos imbéciles y las autoridades, no tienen la suficiente lucidez para hacer algo, tirarla o arreglarla. Pero algo.

 

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Barcelona

Miro el móvil: 62 mensajes en el grupo de la familia. No es sorprendente porque somos un montón en ese grupo pero normal tampoco. Le echo un ojo esperando ver las fotos de las manualidades de alguna prima, las carantoñas infantiles a los últimos agregados familiares, o la discusión sobre algún tema político. Nada de eso. Desde Barcelona una de mis primas avisa sobre las cinco y media que están bien. Que en La Rambla ha habido un atentado con una furgoneta y que hay un muerto y al menos veinte heridos. No hay conversación como otras veces, solo noticias y muchos insultos. Hijos de p*** (mi prima Carmen no dice tacos pero lo piensa, de ahí los asteriscos), cabrones, cobardes, no hay reparo en usar cualquier término para los tipos que han arrasado (iba a escribir arramblado pero no es el momento de gracias) por la avenida con todas las personas que se han encontrado en su paso. Leo los avisos de la policía, la matrícula que buscan, la alerta y las movilizaciones que hay en Barcelona. Leo los mensajes de otro de mis grupos, en él hay un amigo que es guardia civil, está indignado, cabreado, se ve impotente ante la situación. Dan ganas de reconfortarlo por que sabemos que a veces, como a todos los que trabajan en seguridad del estado, les ha llegado una mala experiencia. Una de esas que cambia el concepto que tenías cuando hiciste el examen de oposición para ingresar al “cuerpo”. Otros hablan de no salir, de quedarse en casa, de no andar por sitios transitados. Me niego. Me niego a ir asustado por mi ciudad, por mi pais. Me niego a que unos desalmados me intimiden, a que me hagan aborrecer una raza, o una religión solo por que algunos hijos de puta (yo no soy como mi prima Carmen) intenten meter el miedo a media España, a medio Mundo, porque esto no es cosa de unos pocos, pero desde luego no es de todos.

Ya fuimos victimas de uno de los ataques terroristas mas grandes del mundo aquel 11 de marzo. Hemos visto caer en directo las Torres Gemelas, fuimos Charlie, y el puente de Londres, ahora ha sido Barcelona (esa a la que le hemos dado tanta caña ayer mismo en la Supercopa) la que ha sufrido el ataque y como si fuese una pelea de familia todo lo que la hemos puesto a parir se queda atrás. Barcelona hoy es mi ciudad.

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Ferragosto 2017

Playa, montaña, la feria del pueblo, y por supuesto Italia, Marruecos, New York, o la madre que nos pario (literal), en estos días nos vale cualquier sitio con tal de que no sea donde vamos a estar todo el año. La gente se va a cualquier sitio.  Viajar, conocer mundo, o volver a lo conocido y que tanto nos gusta, lo que sea con tal de salir de la ciudad. Por que la ciudad se vuelve tedio en ferragosto. Calor, asfalto, rutinas de vampiro (a ver quien es el guapo que sale con sol), ir a trabajar y no ver a nadie, ni coches, ni gente, ni siquiera el corredor de turno, ese que madruga mas que la gallinas para hacerse sus siete u ocho kilómetros mañaneros, pues hasta ese se va en estas fechas. Y es que la gente decente, los que han estado trabajando todos los días currandose unas vacaciones son los que salen de la ciudad y abandonan su vida, sus costumbres para instalarse en algo distinto. El resto, los “indecentes” estamos trabajando, aprovechando que nadie nos dice nada, escuchando la radio (que mejora mucho en agosto en vista de los que se van) saludandonos y tomando la ciudad sin peligro. Haciéndonos los amos por unos días cual Lanister en Alto Jardín, lo justo para tomar lo que queremos y decir adios antes de que lleguen las tropas de refuerzo. Sin lucha. Por que en ferragosto no se puede luchar, no por el caracter religioso, que no compartimos, si no por el calor. Una tregua de esas que se hacían antiguamente para cosechar y después seguir guerreando, solo que en este caso es solo por vacaciones.

Ferragosto en su apogeo. Y después de un breve paréntesis donde también yo me he perdido (ya digo que lo de la madre que nos pario puede ser literal), se vuelve a Córdoba para disfrutar de estos días en una ciudad semidesértica donde lo poco que hay parece que viene solamente a joder en el trabajo.

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Lista de regalos 2017.

A estas alturas uno ya debería saber pedir. Tener claro lo que quiere y lo que no. Pero parece que cada día vamos para atrás. Antes te ponían un plato de cocido en la mesa y sabías que eso no lo querías. Que aquella porquería se la iba a comer tu madre. Luego al final terminabas tragando. No quedaba otra cuando te cerraban la nariz y esa costumbre tan tonta de  respirar te traicionaba abriendo la boca. Momento en el cual aprovechaban para meterte un cucharón, como los que se lleva Italia en el 6 naciones, con garbanzos, judías, medio pollo y caldo. Te lo comías por que aún no se habían inventado las leyes que prohibían el maltrato infantil y estabas desprotegido frente a tus padres. Quizá no tenías claro que es lo que querías pero ya sabías lo que no querías.

Lo que son las cosas. Ahora eres tú quien preparas el cocido y te los comes con ganas. Quizá no en verano pero te gusta. Con lo fácil que es cuando eres pequeño. Y ahora… Lo peor del mundo es traicionarse a uno mismo y desde que empezamos a crecer es lo que mas hacemos. A mi, por ejemplo no me gustas hacer lista de regalos sin embargo he encabezado esta entrada, y hay varias en este blog, con títulos parecidos.

Bueno… vamos a ver que ya desvarío y al final no pido nada, y hoy la gracia está en eso. Si, que le vamos a hacer. Es una pequeña concesión que me hago por eso de que el otro día cumplí 45 tacos. (Madre mía, cuarenta y cinco y con una vida sin encaminar, con mas remiendos que mis vaqueros y menos gracia que un jugador de futbolín bailando sevillanas.) Como necesitar, lo que se dice necesitar… pues poco. Afortunadamente tengo lo básico.Así que voy a pedir solo una cosa. Algo que nunca gasto sin ton ni son, aunque algunos dicen que lo pierdo. Para mi cumpleaños. Lo que quiero es:

  • Tiempo. Eso es lo que quiero. Tiempo para hacer lo que me gusta, para aprender, para disfrutar. Mucho tiempo. Pero no solo tiempo para mi. También quiero el tuyo. Que te pares un día a tomar una cerveza aunque vayas paseando al perro. Que un día podamos coincidir y comer en casa Sanchís, o tapear en algún sitio. Quiero que cuando mires el whatsapp y veas que llevamos tiempo sin hablar me mandes un mensaje aunque sea para decir: cambia la foto de perfil. Quiero tiempo, contigo, con tus hijos, con tu familia o con otros amigos. ¡Me da igual! Pero tiempo.

Tiempo. Tiempo para compartir.

 

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Días de infancia.

Andaría por los once o doce años cuando lo compré. Tenía trescientas pesetas y mi madre, que siempre me insistía en que gastase el dinero en algo que no fuesen tonterías me insistió en que mirase los libros de aquel vendedor ambulante. A mi eso de Club Joven me convencía, me ponía años. Y el título: Días de infancia era como recordar lo que fuiste. Por no hablar del escritor, uno de esos que con nombre ruso pero pronunciable, nada de aquel “dostoryeski” tan complicado. Este se llamaba como mi primo Máximo, lo de Gorki… bueno ya digo, tenía pinta de ruso. El caso es que terminé por comprar el libro. Recuerdo que se me hizo un poco pesado al principio, a aquel tipo le pasaba de todo. Su abuelo era un cabrón, su madre pasaba de él y la única que parecía buena persona era la abuela que aguantaba lo indecible. Las frases eran enormes y había veces en las que las hojas se acumulaban y no pasaba nada. Ni un dialógo que aligerase aquello.

Cuando lo acabé me dejó un regusto amargo que se fue cuando mi madre se leyó el libro y pude comentarlo con ella. A Gorki lo volví a leer un poco mas tarde, en el colegio, cuando podías elegir un libro y el tipo ya me sonaba, entonces cogí: La madre. No es Alexei Pechov un tipo recomendable para un preadolescente pero ya había leído dos libros suyos. Luego vendría “El hombre”, “Valenka Olesova” y “Pequeños burgueses”, mas que nada para tirarme el moco delante de aquella tía que aún creía en la revolución y fumaba canutos al lado de la sede del Partido Comunista.

diasdeinfanciaEste mes he terminado de releer el libro. Era una de las propuestas de este año: Volver a releer cinco libros. Y desde luego ha sido un acierto completo. Si no conoces a Alexei… ¡tardas!

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Córdoba sin siesta.

Es curioso como algo que has sabido siempre aparezca un día y te sorprenda. Córdoba es una de esas ciudades, como todas las ciudades entretenidas, que no duermen. Uno se ha acostumbrado a pensar que si, que duerme. Que un domingo por la noche no hay donde ir y la gente se queda en casa, o te levantas a primera hora, vas a trabajar y eres el único gilipollas que anda por la ciudad, si acaso algún pringado corriendo. Ahora nos acostamos un sábado invernal por la noche, con su lluvia, sabiendo que nuestros amigos, nuestra familia, está toda en casa durmiendo o en proceso de hacerlo. Quizá algunos se aventuren hasta altas horas pero terminarán antes de que salga el sol por que ya “nadie” se queda hasta tarde. ¿Quien va a ser el inconsciente que esté de madrugada, lloviendo, con todo cerrado? ¡Nadie! Ya nadie lo hace. Pero… nosotros si lo hicimos una vez. Bueno, mas de una. Y paseábamos sin chubasquero ni paraguas hasta la salida del sol solo por gusto de ver la ciudad. Y conocíamos las garitos que no cerraban, o abrían a las tantas solo para acoger a los que se aventuraban en esos menesteres. También aprendimos que en verano hay sitios que no duermen siesta, que el calor se soporta mejor con un cubata y un tugurio con aire acondicionado. Con gente alrededor con los mismos sinsabores que tú. Pensábamos que nadie en su sano juicio se aventuraría a salir por Córdoba solo para tomar algo, para pasar el rato, para charlas intrascendentes por el placer de charlar y de ver a alguien que, como tú, la casa le viene grande, o solo por callar frente a una barra de bar.

Ayer fue uno de esos días. Uno de esos en los que se sale a una hora intempestiva solo por el gusto de charlar con gente a la que llevas tiempo sin ver. Que frecuentas bares, tugurios, donde sabes que la gente no duerme. (O si lo hace es a unas horas que nada tienen que ver con el resto del cordobés corriente.) Ayer me volvieron a recordar que existen las Jennifer de turno que se sirven cubatas cargados de garrafón y nadie se queja por que el escote hace de se olvide rápidamente el trago. Que no conocer a nadie no es óbice para pegar la hebra y terminar como un amigo de toda la vida siempre que no te diga que lo que no quieres oír. Que las noches se pueden alargar tanto como el final de mes sin nómina y que las tardes de verano, por mucho que nos cueste pensar que no hay mundo cuando el sol se empeña en dejar el asfalto para refugio de diablos, Córdoba es una ciudad que no duerme nunca. Ni siquiera en la hora de la siesta.

 

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Taboo.

Tabú: Palabra polinesia. Designa una conducta moralmente inaceptable por una sociedad, grupo o religión. Prohibición de tocar o comer un objeto. Literalemente es: Lo prohibido.

taboo

Taboo nos cuenta la vuelta del hijo pródigo, James Delaney a la Inglaterra del 1814 después de diez años dado por muerto. Su padre acaba de fallecer y es el heredero de todo. La isla de Nutka, del que los Delaney son propietarios, hacen que tanto el regente de Inglaterra (futuro Rey Jorge IV) como la Compañía Británica de la India Oriental le ponga ojitos al principio para después declararle la guerra.

James viene de vuelta de todo y lo único que lo deja “aplatanado” es su hermana con la que tuvo una relación incestuosa. Ella, casada y siguiendo convenciones sociales, le da calabazas aunque el tipo no se lo pondrá fácil. Se busca una serie de coleguillas, lo mejor de cada casa, que diría Serrat y con ellos se propone salir airoso de todo lo que se le viene encima.

El tipo mola. Con su abrigo entalladado, y abierto en las piernas, su sombrero alto, mas tatuajes que Sergio Ramos, y ningún escrúpulo. Se pasea por Londres sabiendo lo que nadie mas sabe, que le importa un pito todo y que este tiempo le viene de prestado.

La serie consta de ocho capítulos que saca historias para reventar y no que no vas a conocer. Como Arrow, el tipo vuelve con una sabiduría que vete tú a saber de donde adquiere. ¡Vaya diez años bien aprovechados! Y aunque los finales felices no son el fuerte de la Inglaterra pre-victoriana este al menos lo deja bien cerrado y con idea de que haya otra pero totalmente nueva.

Total… que está bien. Que si te aburres y no sabes que ver en verano mientras termina de salir Juego de Tronos es una buena opción.

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El Toro.

Cuando desperté el toro no estaba allí.
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Abrí los ojos. Seguía con la cabeza descansada en el asiento trasero del ochocientos cincuenta. Desde la ventanilla ya no se veía el cielo, ahora los pisos altos eran los protagonistas. Me incorporé y en ese momento un semáforo se ponía en rojo. El frenazo me hizo adelantar mi cuerpo casi a la altura del conductor.

  • ¿Y el Toro? – Pregunté casi gritando
  • Estamos llegando. Nos lo hemos pasado.
  • ¡Pero te dije que me despertaras! Que quería verlo. – Le dije haciendo mohines a mi padre que ahora me miraba desde el retrovisor.
  • Siéntate bien.
  • ¿Pero por qué no me has llamado?
  • Venga, no te preocupes. En vez de irnos por el centro nos vamos por la ribera y puedes ver las vacas.

¡Como iba a ser lo mismo! Hasta que pasamos por el Guadalquivir no se me diluyó el enfado doble que llevaba. Primero por haberme dormido en el coche y después por que no me despertara. ¿Que le costaría? Un aviso: el toro. Y seguro que me hubiese puesto con los ojos como platos para verlo. Pero no… siguió conduciendo y no dijo nada. O quizá lo hizo pero yo no me enteré. Quizá el cansancio pudo mas que la ilusión.

 

 

Han pasado muchos años desde ese viaje. Ayer el encargado de despertar era yo.

  • Rafa… El encierro. Faltán dos minutos.
  • Ummhhh- Me dice mi nene desde la cama.
  • ¿Te vas a levantar? Si quieres lo vemos aquí en tu habitación.
  • Nnnno…  Afoy.

Entonces voy al salón. Sigo viendo el programa del segundo encierro de San Fermín y a las ocho y cuarenta con legañas y ojillos perezosos empiezan a recriminarme.

  • ¿Por qué no me has despertado?

Y recuerdo que por ahí ya había otro toro. Que destrozamos las ilusiones sin darnos cuenta pensando que sabemos lo que es mejor para las personas que cuidamos. Pero a veces nos equivocamos.

Hoy, con triple despertador, hemos estado viendo el cuarto encierro. En la cama, cantando como cuando era pequeño eso de: “A San Fermín pedimos…” Viendo a los de Fuente Ymbro en una carrera limpia y recordando vía internet aquel otro en el que se los toros se quedaron en la puerta de la plaza. Y es que es mucho mas difícil ilusionarse con algo que  descansar.

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