Córdoba sin siesta.

Es curioso como algo que has sabido siempre aparezca un día y te sorprenda. Córdoba es una de esas ciudades, como todas las ciudades entretenidas, que no duermen. Uno se ha acostumbrado a pensar que si, que duerme. Que un domingo por la noche no hay donde ir y la gente se queda en casa, o te levantas a primera hora, vas a trabajar y eres el único gilipollas que anda por la ciudad, si acaso algún pringado corriendo. Ahora nos acostamos un sábado invernal por la noche, con su lluvia, sabiendo que nuestros amigos, nuestra familia, está toda en casa durmiendo o en proceso de hacerlo. Quizá algunos se aventuren hasta altas horas pero terminarán antes de que salga el sol por que ya “nadie” se queda hasta tarde. ¿Quien va a ser el inconsciente que esté de madrugada, lloviendo, con todo cerrado? ¡Nadie! Ya nadie lo hace. Pero… nosotros si lo hicimos una vez. Bueno, mas de una. Y paseábamos sin chubasquero ni paraguas hasta la salida del sol solo por gusto de ver la ciudad. Y conocíamos las garitos que no cerraban, o abrían a las tantas solo para acoger a los que se aventuraban en esos menesteres. También aprendimos que en verano hay sitios que no duermen siesta, que el calor se soporta mejor con un cubata y un tugurio con aire acondicionado. Con gente alrededor con los mismos sinsabores que tú. Pensábamos que nadie en su sano juicio se aventuraría a salir por Córdoba solo para tomar algo, para pasar el rato, para charlas intrascendentes por el placer de charlar y de ver a alguien que, como tú, la casa le viene grande, o solo por callar frente a una barra de bar.

Ayer fue uno de esos días. Uno de esos en los que se sale a una hora intempestiva solo por el gusto de charlar con gente a la que llevas tiempo sin ver. Que frecuentas bares, tugurios, donde sabes que la gente no duerme. (O si lo hace es a unas horas que nada tienen que ver con el resto del cordobés corriente.) Ayer me volvieron a recordar que existen las Jennifer de turno que se sirven cubatas cargados de garrafón y nadie se queja por que el escote hace de se olvide rápidamente el trago. Que no conocer a nadie no es óbice para pegar la hebra y terminar como un amigo de toda la vida siempre que no te diga que lo que no quieres oír. Que las noches se pueden alargar tanto como el final de mes sin nómina y que las tardes de verano, por mucho que nos cueste pensar que no hay mundo cuando el sol se empeña en dejar el asfalto para refugio de diablos, Córdoba es una ciudad que no duerme nunca. Ni siquiera en la hora de la siesta.

 

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Taboo.

Tabú: Palabra polinesia. Designa una conducta moralmente inaceptable por una sociedad, grupo o religión. Prohibición de tocar o comer un objeto. Literalemente es: Lo prohibido.

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Taboo nos cuenta la vuelta del hijo pródigo, James Delaney a la Inglaterra del 1814 después de diez años dado por muerto. Su padre acaba de fallecer y es el heredero de todo. La isla de Nutka, del que los Delaney son propietarios, hacen que tanto el regente de Inglaterra (futuro Rey Jorge IV) como la Compañía Británica de la India Oriental le ponga ojitos al principio para después declararle la guerra.

James viene de vuelta de todo y lo único que lo deja “aplatanado” es su hermana con la que tuvo una relación incestuosa. Ella, casada y siguiendo convenciones sociales, le da calabazas aunque el tipo no se lo pondrá fácil. Se busca una serie de coleguillas, lo mejor de cada casa, que diría Serrat y con ellos se propone salir airoso de todo lo que se le viene encima.

El tipo mola. Con su abrigo entalladado, y abierto en las piernas, su sombrero alto, mas tatuajes que Sergio Ramos, y ningún escrúpulo. Se pasea por Londres sabiendo lo que nadie mas sabe, que le importa un pito todo y que este tiempo le viene de prestado.

La serie consta de ocho capítulos que saca historias para reventar y no que no vas a conocer. Como Arrow, el tipo vuelve con una sabiduría que vete tú a saber de donde adquiere. ¡Vaya diez años bien aprovechados! Y aunque los finales felices no son el fuerte de la Inglaterra pre-victoriana este al menos lo deja bien cerrado y con idea de que haya otra pero totalmente nueva.

Total… que está bien. Que si te aburres y no sabes que ver en verano mientras termina de salir Juego de Tronos es una buena opción.

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El Toro.

Cuando desperté el toro no estaba allí.
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Abrí los ojos. Seguía con la cabeza descansada en el asiento trasero del ochocientos cincuenta. Desde la ventanilla ya no se veía el cielo, ahora los pisos altos eran los protagonistas. Me incorporé y en ese momento un semáforo se ponía en rojo. El frenazo me hizo adelantar mi cuerpo casi a la altura del conductor.

  • ¿Y el Toro? – Pregunté casi gritando
  • Estamos llegando. Nos lo hemos pasado.
  • ¡Pero te dije que me despertaras! Que quería verlo. – Le dije haciendo mohines a mi padre que ahora me miraba desde el retrovisor.
  • Siéntate bien.
  • ¿Pero por qué no me has llamado?
  • Venga, no te preocupes. En vez de irnos por el centro nos vamos por la ribera y puedes ver las vacas.

¡Como iba a ser lo mismo! Hasta que pasamos por el Guadalquivir no se me diluyó el enfado doble que llevaba. Primero por haberme dormido en el coche y después por que no me despertara. ¿Que le costaría? Un aviso: el toro. Y seguro que me hubiese puesto con los ojos como platos para verlo. Pero no… siguió conduciendo y no dijo nada. O quizá lo hizo pero yo no me enteré. Quizá el cansancio pudo mas que la ilusión.

 

 

Han pasado muchos años desde ese viaje. Ayer el encargado de despertar era yo.

  • Rafa… El encierro. Faltán dos minutos.
  • Ummhhh- Me dice mi nene desde la cama.
  • ¿Te vas a levantar? Si quieres lo vemos aquí en tu habitación.
  • Nnnno…  Afoy.

Entonces voy al salón. Sigo viendo el programa del segundo encierro de San Fermín y a las ocho y cuarenta con legañas y ojillos perezosos empiezan a recriminarme.

  • ¿Por qué no me has despertado?

Y recuerdo que por ahí ya había otro toro. Que destrozamos las ilusiones sin darnos cuenta pensando que sabemos lo que es mejor para las personas que cuidamos. Pero a veces nos equivocamos.

Hoy, con triple despertador, hemos estado viendo el cuarto encierro. En la cama, cantando como cuando era pequeño eso de: “A San Fermín pedimos…” Viendo a los de Fuente Ymbro en una carrera limpia y recordando vía internet aquel otro en el que se los toros se quedaron en la puerta de la plaza. Y es que es mucho mas difícil ilusionarse con algo que  descansar.

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Mascotas.

Siempre he querido un perro. Cuando era pequeño el setter era el favorito, sobre todo porque Aramis era mi mosquetero preferido y cuando salió aquella serie, ya me lo dejó claro. Luego llegó el turno del dálmata, del pastor alemán o belga y, en los últimos años, me decanto por un mastín o un san bernardo. Me gustan los perros grandes pero estoy convencido de que el día que pueda tener uno iré a una perrera, a un centro de acogida, y terminaré con el can que me llegue al alma. (Espero que no sea un chihuahua que son feos de cojones, pero pocas veces elegimos de quien nos enamoramos.) 

Ya digo que me encantaría tener un perro. Pero claro… mi piso es una caja de cerillas y para cuidar bien a un animal hay que tener el sitio adecuado. ¡Vamos, como mínimo un chalet con jardín! Un jardín amplio, porque no vas a tener al pobre perro encerrado todo el día, y si lo tienes que al menos tenga espacio. Para eso lo mejor es vivir en un chalet con al menos quinientos metros de jardín, y si puede ser una casa de campo mejor. Aunque para tener una casa en el campo necesitaría un coche, un land rover de esos que hay ahora. Que lo mismo se meten en un garaje con más columnas que un jueves santo que te cruza el Amazonas sin cambiar de marcha. Además tendrá que entrar el bicho y ya digo que me gustan los perros grandes. Y… bien alimentados. Vamos que un perro de estos lo mismo puede comer tanto o mas que yo. ¡Que coño! Un mastín come mas que yo seguro. Otra cosa es que me vaya a un restaurante y pida novillo argentino que seguro que sale por un pico pero vamos que come y mucho. Así que sería necesario tener una nómina mas que decente o en su defecto una cuenta corriente muy bien saneada para tanto gasto.

A mi los perros me encantan. Que si, que cada día tengo mas ganas de tener uno, pero eso si… ¡Como debe ser! (O como yo creo que debe cuidarse un animal.)

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De árboles caídos.

A mi me sacas del jaramago y distingo poco mas. Mi vena botánica solo se fortalece durante las dos semanas del concurso de patios en mayo y es justita como para regar jardineras el resto del año. Lo que no quita que lleve mosqueado desde hace tiempo por como se están tratando los árboles en la ciudad.

Bastante me ha fastidiado ir sorteando naranjas todo el año por el carril bici, y por las aceras, fruto del … (¡vale! fruto del naranjo y después del chiste…) abandono que en los dos últimos años ha habido con los árboles en Córdoba,  para que encima, en el último mes, haya visto tres árboles caídos sin un temporal excesivamente fuerte como para que terminasen de esa guisa. Eso por no hablar de las innumerables ramas que  han terminado en el suelo. O las que deberían haber acabado, con una poda en condiciones, para evitar andar tranquilamente y comerte las ramas.

El caso es que es un lástima el abandono botánico que tiene Córdoba en árboles ornamentales. Y me refiero a estos por que son los que veo día a día en la calle, los que me dan sombra, los que me alegran la primavera con sus hojas nuevas, con su azahar. Me refiero a estos por que son los que me dan ganas de intentar arreglar  como están, por que si me refiero a todo lo que está ardiendo… Primero me dan ganas de llorar pero cuando desaparecen las lagrimas aparece otras de eliminador de pirómanos que hablan muy mal de mi instinto asesino.

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Vuelta.

Ahora, que es cuando el resto está pensando en vacaciones, yo vuelvo. Si, como Chenoa, cuando tú vas yo vengo de allí.

Unos días en Priego, otros en Torre del Mar y los últimos en Córdoba. Para limpiar el piso, que tenía mono, y enjabonar la cocina. Me ha dado tiempo a ver ganar la XII Copa de Europa del Real Madrid, el X Roland Garrós de Nadal, a maldecir a los valencianos que nos ganaron la liga ACB, a poner muchas lavadoras, a coger moreno terraza (de subir a tender y de esas que molan con sus cervecitas) y playero, a ver procesiones, a pasear, a hacer senderismo, a limpiar, no es que lo haya dicho ya lo que pasa es que parecía que me esperaban para eso. A nadar y a leer, que gustazo el tiempo de vacaciones para intentar hartarte de leer, a escribir, poco pero algo, a reirme, a coger dos kilos mas entre tapas y esa manía que tienen algunos de no saltarse ninguna comida y yo de no perdonar una tarde sin helado. A dormir, que parece que uno con seis horitas está mas que listo pero en cuanto tiene el tiempo a favor esas seis horitas son capaces de llegar solo en la siesta. Unas vacaciones entretenidas. Compartidas principalmente con mi hermana Cheli (es la instigadora de la limpieza y de mi moreno, el de las dos terrazas y el de playa), con Estrella y también unos días con mi nene. (Que ese va por su cuenta y está ahora de viaje.) Total… Bien aprovechadas.

Y ahora, que acabo de ver que no he aparecido por aquí el mes de Junio, podría poner alguno de los relatos que han salido entre terraza y playa pero… otro día. Hoy es el día internacional del Martini y tengo que dedicarle unos minutos en su honor. Hasta el miércoles no estoy completamente operativo.

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Mayo(r).

Hace mucho tiempo que no me cuesta despertar. Al contrario, lo agradezco.  A mi lado duerme alguien a quien las mañanas aún le llegan como cuando el colegio te esperaba y te hacía separarte de tus padres. Mientras refunfuña y se pinta me da tiempo a vestirme, a tomar un café, hoy a sido un batido, y a hacer la cama. Aún me queda mucho tiempo para entrar a trabajar y la espero en la puerta del baño como se retoca el rabillo del ojo.

En frente hay un espejo grande. Me devuelve a un tipo alto, con entradas pronunciadas y el pelo rapado, vaqueros rotos, polo blanco y zapatillas naranjas de esparto. Tiene un aire juvenil pero solo lo parece. Es un hombre mayor. La mirada caída, los hombros anchos, algo de barriga y un mal afeitado de una perilla ridícula. Es uno de esos hombres que cuando eres joven le dices señor aunque lleve camiseta, de esos a los que le pides la hora y sabes que la tiene, y si no la tiene sabe como encontrarla, de esos que viajan en el autobús y se levantan solo porque ya no quedan sitios libres, da igual quien entre. Sigo mirando al tipo que me devuelve el espejo. ¡Si! Ya va para mayor. Y me sorprendo pensando que le caen mas años de los que le deberían tocar. Sigo ensimismado y entonces… ¡Plum! Un palmetazo en el culo me saca del trance, me cogen la cara con una mano y me plantan un beso con un extra de carmín.

– ¡Venga que llego tarde!

El entonces tipo del espejo, el de la mirada caída tiene ahora los ojos como un dibujo manga. Los labios rojos y una sonrisa de chaval de veinte años, como si hubiese estado todo el mes de mayo en la calle.

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La dieta.

Hace años, muchos años, a mi me gustaba escuchar una cinta que había en casa de Pepe da Rosa. El hombre, a este no soy capaz de escribir “tipo”, hablaba de como hacer una dieta comiendo lentejas. Para eso había que limpiar las lentajas y ¿como? ¡Pues fácil! Había que tirarla en el suelo y poner la olla en una estantería alta. Las lentejas había que cogerlas de una en una y echarlas en la olla. Así que mientras te acachabas, te subías en la silla y echabas la lenteja en la olla hacías un ejercicio bestial. No recuerdo como acababa la historia de Pepe pero desde luego, o adelgazaba, o aborrecías las lentejas o mandabas la dieta a tomar por culo y te ibas al restaurante de al lado a por un solomillos con roquefort.

El caso es que hoy me he propuesto no picar entre comidas. Cosa harto complicada porque no he desayunado, ni cené ayer decentemente, y a estas horas (14:37) solo llevo dos cervecitas con tapa (generosa) de Baldomero. Me lo he propuesto pero además con fuerza de voluntad. Vamos que he ido al Willy a compara avellanas y solo he cogido dos, después he vuelto a cerrar la bolsa con un nudo del tipo gordiano para no coger ninguna mas. Solo que… que he vuelto a abrir la bolsa haciendo acopio de todos mis conocimientos adquiridos en la marina de San Fernando y he complicado el nudo. Otras dos avellanas mas y ni una más. Mi voluntad a durado menos que Fernando Alonso en carrera, de nuevo abrir y cerrar la bolsa. Cada vez mas fuerte, más dificil y solo dos avellanas por apertura.

Tiene pinta de ser dura esta dieta. No sé si la seguiré, o … 

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Lovesick

Desde aquellos cubatas que cayeron en Mixology que no me había enganchado tanto una serie. Las dos temporadas de Lovesick han caído del tirón. En mi defensa y para no tildarme de friki irredento hay que decir que solo hay ocho episodios por cada una y no llegan a la media hora de duración.

Lovesick cuanta la historia de Dylan, un tipo enamoradizo que se encuentra con una enfermedad venerea, clamidia, y le recomiendan avisar a las personas con las que haya tenido sexo. A partir de ahí, una listas de mujeres va dando nombre a los episodios que entre flashback van contando las historia de Dylan, Luke y Evi. Tres compañeros de piso que se nos hacen entrañables. En la segunda temporada un personaje secundario, y amigo de los anteriores, Angus, cobra protagonismo y se hace un hueco entre los protagonistas.

unnamedLa serie tiene unos planos muy trabajados, sobre todo en primerísimos primer plano, nada usual en tv, y una fotografía espectacular. La música que acompaña los créditos es variable así que si tienes oportunidad y no hay prisa escucha todo lo que te ofrece.

Lovesick es de esas cosas que te encuentras por ahí y te alegra el año. Una de esas series que recomiendas por que sabes que es el complemento ideal para un día aburrido o triste, sin tiempo para nada, de esas que ves comiendo antes de acostarte y te dejan un mejor sabor de boca que el bocata. Así que si tienes tiempo, y Netflix, no la dejes pasar.

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Semana Santa 2017

Tengo que reconocer que este año terminar esta entrada es mas una cabezonería que ganas de escribir. Desde hace años cae un post de Semana Santa en este blog. Unos con mas pena que gloria pero casi todos con un poco de ilusión. Este año no es el caso. Este año he ido recopilando, mas o menos, lo que he hecho durante esos días de procesiones y debería ser mucho mas fácil. Pero parece que no. Que no lo es. El caso es que este mes de abril empezó fatal. El Viernes de Dolores, después de una larga convalecencia, falleció mi tío. Aunque las cosa pintaban mal desde hacía unas semanas la esperanza nunca termina de perderse. Y piensas que este año no toca pero el que viene seguro que nos volvemos a encontrar todos, como muy tarde, en el Palenque esperando el paso redoblao. Pero no. Ni este ni ninguno más. Quizá por eso también me ha costado asumir que mis padres se quedaban en Córdoba. Creo que desde que nació mi sobrina Lola no habían faltado. El caso es que se presentaba una Semana Santa que no traía las ganas de otros años.

Sábado 8.- La mañana me la paso trabajando, por la tarde mis hermanas y mis padres volverán del entierro en Priego. Antes me da tiempo a llevar la túnica a casa de mi hermana. (Este año ha tocado limpiarla y plancharla en Córdoba.) Llegan cansados del viaje. A mi padre el anuncio del fallecimiento de mi tío le sienta fatal. Hace años que le afecta de manera considerable el fallecimiento de los demás. Como si todo el tiempo que hubiese pasado con ellos se lo arrebataran y pierde una cantidad de horas, de días, que lo hacen parecer mas mayor aún. Mi madre pregunta de vez en cuando. Hay algo que no le cuadra, pero no da con ello. Tiene la sensación de que ha sido un allegado y te pregunta ¿quién ha muerto? Le respondes. Entonces traga saliva, se le humedecen los ojos y mueve la cabeza. A mi madre las defunciones no se le notan tanto como a mi padre. Ella lo lleva mas escondido, pocas veces la he visto soltar una lágrima en un entierro. Luego lo olvida pero sabe que algo no está como debería y al poco vuelve a preguntar. Y ella vuelve a recordarlo, y tú también. Y mi padre, que está al lado y se hace el dormido, también. Cuando salgo de su casa voy a ver a mis hermanas. Terminamos con una tacita de caracoles reparadora, que no quita el mal sabor de boca. TAnManAzul

Domingo 9, domingo de Ramos.- Salgo a las tres de trabajar y me voy a comer con mis padres. Por la tarde mas de lo mismo. Mi madre sigue preguntando, mi padre durmiendo, o haciéndose el dormido para no hablar. Nos vamos a misa y llegamos pronto, estar sentado dentro de la iglesia mientras van llegando feligreses te da un poco de paz. . Tardamos en volver a casa. Mi padre deja de tomar cocacolas y se pide una copa de vino. Yo le acompaño. Me habla de sus hermanos, de  mis tíos, de gente que ya no está y lo hace con la voz rota, con los ojos vidriosos. Después de cenar vuelvo a casa.  Tengo la intención de ver la Esperanza y cuando me dirijo al Bailío tengo una llamada. ¡Las pastillas! He olvidado reponer todo el pastillero de los dos y regreso a casa de mis padres. Cuando vuelvo a salir del piso es tarde. Me voy a casa despacio, con ese paso de dolorosa semanasantera que se hace eterno pero intentando disfrutar de la noche. Solo al pasar por la espalda del cementerio de la Salud, cerca de casa, es cuando recupero presencia y miro los árboles, los cipreses como si fuese la primera vez.

Lunes 10, Lunes Santo.-  Aunque sea santo, el lunes es un puto lunes. Me toca en información, hay gente, mucha gente. Un ratito para comer a la carrera y voy a casa de mis padres. Nos vamos de paseo y mi padre se empeña en ir a misa. ¿Otra vez? Si, otra vez. Lo tiene claro. Vuelve a recordar a sus hermanos, a mis otros tíos y quiere volver a escuchar una misa por ellos. Mi madre no lo contradice, pero se extraña. ¿Se ha muerto la tita Servanda, no? Si, mamá pero en enero. El tito Antonio fue quien murió el viernes. ¿Y a mi por qué no me habéis dicho nada? Mamá si tú has estado en el tanatorio y en la misa. ¿Yo? ¡Anda, anda! Las preguntas de mi madre duelen solo las veinte primeras veces, luego ya tienes la respuesta adecuada y solo hay que repetirlas una vez y otra. De todas esas veces que las repites ya ni molestan pero a veces, sin venir a cuento, el corazón te da un pellizco y la punzada de la respuesta molesta mucho. Es de noche cerrada cuando me voy a casa y me encuentro con Diego. Veo la puerta abierta para tomar una cerveza pero no está por la labor. Antes de volver a coger la bicicleta y seguir rumbo a casa recibo una llamada. En San Pedro parte de la familia están en una terracita. ¿Casa, terraza? ¡Bah! Me voy a ver la Estrella a San Fernando con mi hermana. El lunes se arregla a última hora.

Martes 11, Martes Santo.- Mal día. La tarde se vuelve tediosa. Me encanta el calor pero…¡Coño, que estamos en abril! ¿30º? Mi padre está en “plena forma” el paseo se alarga y somos capaces de hacer tres kilómetros en hora y media. Después de estos paseos me veo en plenitud de facultades para aguantar una procesión con paso corto, para aguantar el ritmo lento de las Angustias. (Aunque este año no vayamos detrás de ellos. ) En casa hay varias películas para ver, no hay ganas. Aún así termino acostándome a las tantas. Voy acumulando mucho sueño.

Miércoles 12, Miércoles Santo.- Sigo con la rutina. NO hay semana santa. Del curro a casa y de nuevo a ver a los padres. Cambio las procesiones del miércoles por hacer la maleta. El sueño se hace el dueño en el piso pero sigo sin poder dormir antes de las doce y media.

Jueves 13, Jueves Santo.- Es fiesta. La bicicleta se queda en casa. El autobús tarda en llegar y la maleta va ligera de ropa pero pesa como si llevase el cansancio, el sueño y IMG_0496todo el malestar de los últimos días. Una mañana en el curro y cuando llego a casa de mis padres Mariola tiene preparado un salmorejo que “quita el sentío”. Después de ver Rey de Reyes en el Canal Sur nos vamos a ver La Santa Cena desde el balcón de Cheli. Mi madre sigue preguntando: ¿Y este año no vamos a Priego? No, mama. Le miento, aunque ya no duele tanto.

A las nueve sale mi autobús para Priego. Irene y Hugo me acompañan. Todo el cansancio se va quedando en las curvas de la carretera. Llegamos y las primeras procesiones nos las encontramos en la calle. Aprovecho que aún quedan algunas horas para el viernes y me dedico en cuerpo y alma a asaltar la nevera.

Viernes 14, Viernes Santo.- El viernes es muy largo. Sobre todo si empezamos a contar desde la una de madrugada que salen los Dolores. Mi nene es mas listo que yo y a esa hora ya está durmiendo en la casa, yo no, yo me voy con mis sobrinos a la calle. ¡Por fin Semana Santa! Algo bueno tiene por fin tanta calor. A las cinco de la madrugada en el Calvario no hace falta ni rebequita. Antes de dormir pasamos por San Francisco para ver al Nazareno.

No son las ocho y ya hay movimiento en casa. Los niños se van a ver poner el Nazareno en el trono, los humanos como yo seguimos durmiendo dos horitas mas. Para ser tan “peculiar”, mi nene se ha amoldado muy bien a las rutinas de Priego. Vamos a ver salir el Nazareno y después seguimos el recorrido. De vez en cuando ves a alguien que te suena, algunas veces lo saludas, otras… otras te has equivocado y esa persona que creiste ver, la _MG_3474que te deja con la mano casi levantada ya no está. No es ella. Paso redoblao, cerveza en Reyes, subida del Nazareno por la “vereillas”, Calvario, cerveza en la Peña, calle Amargura, calle El Río… El viernes santo y sus costumbres que este año han pasado un poco de soslayo. Sin la motivación de otros. Quizá sabiendo que las etapas se acaban y esta está llegando a su final. Dos, cinco, siete años… pero sin la ilusión de antes.

Mi procesión cambia el recorrido este año. Me acompaña Hugo que tiene la túnica de Mariola. Ni siquiera la forma que tiene de mirar, todo es nuevo para él, me hacen fijarme en otras cosas. Es “curioso” el recorrido de este año. Tiene imágenes preciosas en la Cruz de la Aurora, al lado del castillo, y por supuesto la calle Tercia, perdón, Virgen de la Soledad. El viernes Santo se acaba con un poco de polémica en el cruce con la procesión del Descendimiento pero casi mejor… un poco de vidilla. (Quizá no habría estado mal unos cirios volando hacía las cabezas.)

Sábado 15, Sábado Santo.- El día que todo el mundo recoge. La casa termina quedándose solo para Cheli y para mí. Ni Rafa decide quedarse. (Cosa que me jode pero entiendo. ¡Con 16 años, que quiero?) Por la tarde nos da por curiosear y vamos al hotel nuevo, cae un café en el Águila y… ¿vamos a ver si está Emilio o Chari el de Concha? Y nos vamos para allá. Lo menos dos horas de charla con Chari y su marido. Yo no he tenido mucha relación con ella, ni con los hijos de Concha. Son todos mas mayores que mis hermanas y solo sé que en casa se les tiene mucho cariño. Me entero que cuando mi madre estaba embarazada de mi estaba deseando tener un hijo. ¡No me lo esperaba! Mi madre siempre nos ha tratado a todos por igual, quizá a veces se le ha visto el plumero y a alguna mas igual que a otra, pero desde luego no podía pensar que mi madre estuviese deseando tener un nene. Luego lo ha disimulado muy bien. (O será que no salí como ella esperaba.) Quedamos con mi prima Charo, que los tres formamos el reducto de lo que queda de Semana Santa, y nos vamos a cenar por ahí.

Domingo 16, Domingo de Ramos.- Mi intención era ir a ver la “Pascua de los moraos” en Carcabuey pero terminamos por decidirnos y ver el Resucitado en Priego. Terminar las sobras de toda la comida que hay de estos últimos días y volver a Córdoba el domingo _MG_3511por la tarde. Sin prisas nos despedimos de Charo. En la solapa de la camisa blanca, este año la ropa iba justita, llevo el clavel de Las Angustias. (Que ha terminado secándose junto al libro de Whitman.)

Me ha costado terminar esta entrada así que no voy a darle mas vueltas. Si encuentras muchas incoherencias, y te pierdes, que será lo más fácil no me lo tengas muy en cuenta. Al fin y al cabo, esta entrada no es para ti, es para mi.

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