Marujismo.

Acabo de sufrir un ataque de marujismo. Estaba tranquilamente en el sofá leyendo el comic de Frank Miller: El regreso del Caballero Oscuro, en la televisión reponían en una cadena Forrest Gump y entonces a ocurrido. He acabado el primer libro del comic, Forrest ha dejado a su nene en el autobús del colegio (si alguien no ha visto la peli siento el spoiler), he subido la persiana, casi no veía las últimas viñetas de Batman y he decidido ir a la cocina. ¡El salmorejo! He pensado cuando abría el frigorífico para beber agua. Ha sido ahí, ha empezado ahí. Yo no me había dado cuenta pero he cogido los tomates que compré ayer y en vez de quitarles la piel a navajazos, como siempre, he decidido meterlos en agua caliente.Mientras tanto he recogido los platos fregados del almuerzo.  Después he ido pelando con un cuidado inusual los tomates calientes, y mucho mejor porque ha sido facilísimo. Su ajito sin la parte central, su poquito de pan rallado, aceite, sal y antes de darle caña con la batidora he puesto un huevo para cocerlo. Al terminar, para no dejar el salmorejo en el mismo vaso de la batidora he ido a coger un tupper. No me he decidido por uno, los he sacado todos, los he ordenado por tamaños y formas (he ganado medio mueble) y una vez decido el formato y el tamaño lo he vaciado y colocado en la nevera. ¡Ya esta! Ahí debería haber acabado y no hubiese pasado nada pero entonces… ¡Coño, una mancha! Cojo una bayeta, le echo un poco de KH7 y empiezo a frotar. A sido rápido. Pero no me conformo. Friego lo poco que he usado, lo seco (cosa que no hago nunca) y lo coloco.  El543226023_small suelo está mojado. Normalmente se cogen dos servilletas, se limpia un poco y fuera. ¡Para nada! Fregona, amoniaco y a darle al suelo. Antes decido meter el huevo en el frigorífico y quitar el cazo. Al ponerlo en el frigo me doy cuenta que la puerta tiene muchas huellas. Es ahí cuando me doy cuenta del ataque de marujismo. ¿Pero que coño hago un sábado limpiando la cocina? ¡Si yo estaba tan tranquilo leyendo! Así que ya que estoy le doy un plisplas a la puerta. Con la fregona escurrida le doy rapidito al suelo y lo dejo escurrido. Cuando llego al baño para tirar el cubo de agua me doy cuenta que al baño no le he dado hoy pero ahora ya si se de mi ataque de marujismo, ahora soy consciente. Ahora puedo combatirlo. Corto un trozo de papel higiénico y lo paso por lavabo y el water. El marujismo se está curando. Cuando vuelvo a la cocina dejo el cubo de la fregona y cojo un helado. Dejo las huellas dactilares en la puerta del congelador. No me impactan. El marujismo está controlado. Un trozo del helado cae al suelo. Lo recojo y  me lo meto en la boca. Me chupo los dedos y empiezo esta entrada.

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Solidaridad con la India.

Esta mañana el periódico viene con una noticia interesante curiosa: Cuatro cordobeses cruzan a nado el Estrecho de Gibraltar en solidaridad con la India. 1079336_1

No quería pronunciarme hasta leerla completa pero una vez hecho… ¡Joder! ¿Pero en que piensa esta gente? A ver, el proyecto solidario se llama “El Mar nos une”. Bueeeeno. Si vemos que cruzas el Mediterreneo, y el Atlántico, que para eso es el estrecho y ellos tienen el Oceano Índico que aquí en Córdoba o en España en general ni nos va ni nos viene pero sigue siendo una masa de agua salada que podemos denominar mar. Pueeees. ¡Vale! Nos une el mar. Pero digo yo, ¿atraviesan el estrecho para recaudar dinero? ¿Quien patrocina a estos? ¿Algún cartel de Marruecos para pasar grifa a nado? Por que si no… ¡Coño! Que en la noticia pone que es una de las travesías mas peligrosas del mundo. ¿Que pedazo de cabrón les ha pagado a estos para que se maten? Por que si les tienes un mínimo aprecio les pagas para que no vayan a nadar.

  • Mira, yo te doy mil euros para quien tu quieras de la India pero no te suicides en el estrecho.

Claro que lo mismo es la suegra, o el jefe que está intentado hacer reducción de plantilla.

  • Aquí tiene  usted Pérez, quinientos euros para que se vaya a nadar al estrecho. Y si consigue llevarse con usted al sr. Calvo de contabilidad y a Vallejo de mantenimiento, le doy ahora mismo otros quinientos.

El caso es que no entiendo como se puede ser solidario con la India cruzando el Estrecho. Pero oye… Que si les ha salido bien y consiguen que alguien deje de pasarlas canutas por que ellos se han echado unas brazadas… Por mi genial. ¡Que cunda el ejemplo!

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24 de agosto. San Román.

Este había sido un buen año los higos. Mas de lo normal. Pensó. Y mientras conseguía estirazarse todo lo que le daba el cuerpo para llegar a coger uno que estaba en el mejor punto de maduración. Pero al lado había otro y… Otro mas. Los iba echando en una cuba que había cogido de casa. Mañana alguien la echaría en falta y sería una de esas cosas inexplicables que suceden de vez en cuando. El no tenía intención de decir donde había ido a parar aquella cuba que ahora se encontraba algo mas de media con unos higos asombrosamente apetecibles. Miró la higuera por última vez y decidió salir de la huerta. Quedaban pocas horas para que amaneciese y Don Román solía pasear por sus tierras en su onomástica. Hacía años que lo hacía, tantos o mas, de los que llevaba él entrando el mismo día para robarle los mejores higos.

Como cada 24 de agosto, desde que su tío Sebastián le enseñó a saltar la valla del huerto, él volvía para aliviar la higuera. Después, como cada 24 de agosto, desde que murió Sebastian, los dejaba en la puerta del asilo de San Juan de Dios. Nunca le habían gustado los higos. ¿Quién iba a pensar que era él quien los recogía?

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Pepe Pinto.

Por fin se cierra la puerta. Las prisas, las voces, el choque de butacas y sombrillas. mi madre, mi hermana, los niños, todo el stres se va a la playa y me deja el piso en paz. Para disfrutarlo. Mi padre duerme en un sillón del salón ajeno a todo el barullo que se ha formado antes. Pero ahora con el sonido de la puerta abre un ojo, como cerciorandose de que ya puede salir de su letargo, que no hay moros en la costa. Mientras, busco el libro electrónico, la tablet, el móvil, el cuaderno y el bolígrafo. Lo alineo todo en la mesa de la terraza. El ventanal es impresionante. Tengo el faro y medio paseo marítimo a un golpe de vista. Conecto Spotify y empiezo a leer.

  • Cusha… ¿Esa es la radio que pusiste ayer?
  • Si, papa. El Spotify.
  • ¿Y dices que puedes poner lo que quieras?
  • ¡Si! Si lo tienen. ¿Quieres algo?
  • ¿Tú sabes quien es Pepe Torres?
  • ¿Pepe Torres? ¡Ni idea! A mi no me suena. Si es del año la tana lo mismo no está.

Empiezo a buscar en Spotify a Pepe Torres.

  • Pepe Torres, el Pinto, tenía un bar en la Plaza del Buque. – Y entonces hace un gesto con la mano. Como si fuese a arrancarse en un tablao y empieza a cantar.

No aparece Pepe Torres, intento localizar Pepe Pinto y entonces si. Un tipo de los años treinta y cuarenta. Imagino que lo que canta mi padre es una de esas canciones y pulso una que se llama “Menos faltarle a mi mare”. Es la misma. A mi padre se le cambia la cara. La misma que ponen los niños cuando ven al rey Melchor en la cabalgata. Y a partir de ahí encuentro mi perdición.

  • Pues Pepe Pinto estaba casado con “La niña de los peines”. ¡Cantaba bien la niña! Era una gitana grande…
  • ¿Quieres que la busque papá?
  • A ver si está. – Me anima mi padre.

Y despues de “La niña de los peines”, vienen Juan de Mairena, Angelillo, por su puesto, Rafael Farina, La niña de la Puebla, que a mi me encanta, y un montón de flamencos. A algunos los conozco, otros no tengo ni idea. Ni siquiera Spotify tiene tanta variedad como pide mi padre. Parece que ha pasado solo un rato y de nuevo las sombrillas, las butacas que se oyen en la puerta. Vuelven a casa después de playa y va siendo hora de dejar la sesión musical. Pero mañana… mañana seguro que hace un día estupendo para que nos juntemos todos y vayan a la playa.

 

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Walkie-Talkie

  • Esse uno llamando a Esse dos.
  • Dime Esse uno.
  • Esse dos ¿ondestas?
  • Comiendome un bocata calamares. ¿Quequies ahora Essuno?

Tenemos vigilantes nuevos en el curro. Cada vez que pasa eso, el jefecillo de turno pone nombres a los puestos y ya nadie se llama como lo bautizaron. Ahora es una clave con letras y números. Los que no llevamos placa en la pechera esto nos hace gracia los primeros días. Después nos toca bastante los cojones porque lo que queremos es llamar a Jesús, a Lucía, a Marco y no a S-1 o a su puta madre.

El jefecillo dice que la policía les ha solicitado que, ya que nos copian (otro término de seguridad para decir que están en plan cotilla con nuestra emisora) que hablemos con propiedad y según el protocolo de vigilancia. Yo esto lo veo muy bien, (aunque no se que tiene que ver la policía en una comunicación privada) pero como los walkies también los tenemos los que no somos de seguridad, hemos dejado de llamar a los vigilantes por letras y números. Así que ya que hay que hablar medio en clave nos hemos puesto nombres chulos. ¡Que mierda es esa de S-1! El de control, que para eso es el que está arriba y tiene todas las cámaras a su disposición es “Ojo de Aguila”. ¡Donde va a parar! Ojo de Águila es un nombre chulo. Al que está en las dársenas dando pitonazos y mas vueltas que un caballito de feria le hemos puesto “Correcaminos”. Al igual que el mayor cliente de la marca ACME, se quiebra mucho la cabeza para nada. Por su puesto, el que está abajo en el parking es “El Topo”, (pensábamos que “Comadreja” era un nombre acertado pero también tiene connotaciones lingüísticas despectivas y el bichejo medio ciego nos venía mejor). El “Amo del Calabozo” es ese que lleva más llaves que un sereno o al menos sabe donde están. Y para el puesto de información… ¡La “Piñata”! Que para eso es el que recibe mas golpes.

Dentro de unos días el jefecillo de turno está de vacaciones, de nuevo volveremos a tener nuestros nombres: Manolo, Rafa, Fran… pero de momento mientras unos son solo una letra un número, los otros… ¡Los otros molamos más!

 

  • Esse uno llamando a Esse tres. Contesta Esse tres… ¿Esse tres? ¿Me copias Esse tres? ¡Esse tres! ¡MANOLO COÑO! ¿Ondestas?
  • ¡Ahh! ¿Yo soy Ese tres? – contesta Manolo con parsimonia – ¡Joder Ese uno! A ver si te aclaras que el otro día era el Ese dos.
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Margot.

La vi hace unos años y me gustó. Por aquella época yo tenía mi mente ocupada en otras cosas y quedó en un “es guapa la chica”. Pero hace poco volvimos a coincidir. ¡Me encantó! Guapa, con unos ojos claros de esos en los que dicen que eres capaz de perderte (aunque no hay problema que ya te encontrará tu madre), sensual y un estilo de época. Pero en ese momento era ella la que estaba comprometida. Ahora ella ha dejado a su “novio” y anda con una panda de tipos. Ahora… Ahora me tiene loco del todo. Y es que Margot Robbie se ha convertido en símbolo de adoración eterno. (Al menos este mes.) Solo hay un problema… Por primera vez mi hijo y nos hemos puesto de acuerdo y solo hay un poster de Harley Quinn.

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29 de julio.

¡Ni hora y media lleva! No lleva ni hora y media y ya me ha hecho meterme en la cocina y preparar algo de comida, curar una herida mosquitera y limpiar la sangre del sofá. Hay siete juegos esparcidos por el salón, una play conectada (que va a ir fuera en cuanto empiecen las olimpiadas) y la música a medias entre Gabinete que suena en el Spotify y el chinchimpum de Final Fantasy VII que viene del móvil.

Hemos desayunado, bueno… he desayunado tarta de ayer. He perdido la “posturita” en el Chaise Longe y ha habido que organizar la ropa el tiempo que estará en Córdoba. De momento ya no tengo esa sensación de que no esta bien ir descalzo por el suelo. Ahora no soy el único.

Mis 44 llegan con la función padre en ON. A ver lo que dura.

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La leyenda de Tarzán.

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– Un cinco.

– ¿Un cinco a qué?

– Un cinco a la película entera. Y por que salen muchos bichos y el paisaje…

– ¿Un cinco? ¿Me puntúas Tarzán con un cinco? ¡Vamos, ni a las películas de Gordon Scott les daba yo un cinco! Y esta es un películón. ¡Lo menos un ocho!

Y es cierto La leyenda de Tarzán es un peliculón.

¡Vale! A mi es uno de esos personajes que me encantan y , como las aceitunas o el sexo por muy mal que esté, siempre esta bien.

Se luce Alexander Skargard. Primero como Lord Greystoke, después como Tarzán. No es el Tarzán salvaje que hizó Lambert, este asume su nuevo roll como aritócrata inglés pero no olvida que durante años ha sido criado en la selva. No te cuento mas. En cuanto puedas… ¡Ve a verla!.

 

 

(Un cinco, un cinco dice la tía. ¡Ni puta idea de cine tiene! Y es que de Burroughs… hasta los marcianos.)

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Reclamación.

Estoy esperando en una ventanilla. No estoy de acuerdo con el precio que se cobra y quiero hacer una reclamación pero el tipo me dice que no tiene hojas. Entonces cierra y se va.  Llamo a la policía local y espero que vengan.Hay dos personas esperando detrás de mi que han escuchado toda la conversación. Quince minutos después el tipo vuelve a su puesto. La policía local está llegando,  yo sigo esperando.  

  • ¿Todavía está usted aquí?
  • ¡Si! Pensaba que había ido a por un libro de reclamaciones. 
  • Pues no. No tengo, ya se lo he dicho. Puede pasar el siguiente. 

Es entonces cuando la policía se presenta en la ventanilla. Empiezan a interesarse por la situación. En la cola hay mas de seis o siete personas. Las dos que había antes les han informado de la situación. La policía habla con el tipo, les dice que él no tiene la culpa, que no hay hojas de reclamaciones y que no puede hacer nada. En la cola la gente empieza a desesperarse. Me gritan que soy un “pejigueras”. Que reclamar no sirve de nada. Que me aguante y que pague lo que tenga que pagar pero que los deje irse pronto. Yo estoy a un lado de la ventanilla, la policía es la que trata ahora con el tipo , les reconoce que tengo razón pero que toda la vida se ha hecho así. Que él solo hace lo que hacen otros. Pero que me dejará el precio que reclamo. Mientras la policía trata de convencerme de que es justo, el tipo está cobrando a los que había detrás de mi. Les cobra correctamente bajo la mirada de uno de los locales que comprueban que es lo correcto. La gente sale mas contenta de no haber pagado el precio que tenían pensado y ahorrarse parte pero cuando pasan a mi lado me miran como si fuese yo quien les hubiese robado.

Me despierto. Vaya mierda de sueño que tengo. Creo que voy a dejar de acostarme tarde y olvidar durante un tiempo la televisión y los programas post electorales.

Sigo en la cama. Tengo una sensación de ahogo. Aún con el sueño en la cabeza no dejo de pensar que hay cosas que están mal. Muchas cosas. A veces tonterías que nos putean de una manera u otra. Puedo vivir con eso. No es lo que mas me duele. Lo que mas me duele es ver como una persona intenta que esa situación cambie y el resto son capaces de agredirlo solo por no querer perder dos minutos de su tiempo mientras eso ocurre. Queremos que las cosas cambien pero no queremos ser parte de ese cambio, no queremos motivarlo, y mucho menos tener que trabajar por ese cambio o ser participes de él de una u otra manera. Es mas fácil dar caña al que lo intenta que ayudarle.

 

 

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Asientos habituales.

Ella.

Él se sube una parada después de la mía. Da igual que llueva o haga sol, siempre está esperando. Se adelanta y alza el brazo mostrando la tarjeta verde del consorcio para parar el autobús. Suele ser la única persona que hay en la parada pero cuando hay alguien mas con él le cede el paso. Saluda a Manuel, el conductor del autobús, como si fuese un viejo amigo. Después en varias zancadas recorre el pasillo y sonríe dando los buenos días a los viajeros que esperamos sentados que el autobús reanude su marcha. Lleva auriculares rojos y mueve la cabeza al compás de la música. Tiene el pelo alborotado. Se entretiene con el móvil durante el recorrido y parece muy tímido. Cuando llego a mi parada salgo por la puerta de atrás. Él parece mirarme atentamente desde los últimos asientos.

Él.

Es guapa. Es muy guapa. Cuando subo, ella ya está sentada en los primeros asientos. No la había visto antes en la linea. Suele llevar un libro y a veces mira el móvil. De vez en cuando gira la cabeza y mira al final del autobús. Entonces me ruborizo y comienzo a mirar mi móvil como si me entretuviese mas que su pelo. Ella se baja una parada antes que yo. Lo hace por la puerta de atrás. Se despide de Manuel, el conductor, y entonces es cuando la veo pasar. Sonríe y saluda a los viajeros que continuamos. Cuando el autobús sigue su recorrido yo miro por la luna trasera como se aleja.

Manuel.

Ella se llama Marta. Este año ha cambiado su horario, empieza antes las clases, y coge pronto el autobús. Le encanta leer y solía sentarse en los primeros asientos.

Él se llama Carlos. Lleva varios años trabajando y es un habitual a primera hora. Los asientos corridos del autobús han sido su espacio particular desde que empezó a usar la linea.

Hasta que empezó a coincidir con Marta.

Los chicos son simpáticos, jóvenes, y desde hace una semana los dos se sientan juntos en mitad del autobús.

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