El baño perdido.

Mi jefe nos ha cerrado uno de los aseos. Concretamente el que teníamos mas cerca. Ya antes, mucho tiempo antes, nos cerraron los que teníamos, en plan privado, para los curritos de la estación. ¡Que tiempos aquellos en los que podías ducharte cuando salías de trabajar! También  cerraron otros que había en el parking y en el sótano. Al trabajo se viene cagado y meado de casa, es lo que deben pensar estos mandatarios que, además , solo aparecen unas horitas cada quince días. En este caso han sido varios días seguidos pero es que tienen la manía de cagarla mucho, no en el baño del trabajo por su puesto, y luego pasa lo que pasa. Que si una inspección de trabajo, que si ahora vienen los de la Junta con la vara de medir, que si los de transportes te pregonan…  El caso es que en estos días que ha estado por aquí, ha creído conveniente cerrar el baño que mas usamos. Ha pensado en reducir el servicio de limpieza, precisamente en esta pandemia no es la decisión más acertada pero… Donde manda patrón…  

No es que nos hayamos quedado sin opciones para miccionar, claro que no. Lo que pasa es que los servicios que tenemos que usar ahora, anulados todos los anteriores, se nos quedan un poco lejos. Ahora, cada vez que vamos al baño tenemos que pedir a algún compañero que nos sustituya, con lo que se ralentiza su trabajo, pero es que con la distancia que hay y el tiempo que tardamos, no se puede quedar solo el puesto principal. Asi que tenemos que despedirnos de todos, lo de los dos besos no lo hacemos por eso de la distancia social , antes de emigrar hasta la parte oeste de la estación. Ahora para ir al baño  hay que llevarse una cantimplora, por si en el camino te da sed, y  también algunas avellanillas o pistachos. Dicen los senderistas que para largas caminatas es lo mínimo y nosotros no vamos a ser menos con todo lo que hay que andar. Frodo llego a Mordor en menos tiempo del que podemos tardar nosotros.

Ya hemos propuesto que, aprovechando que estamos en transporte, se ponga alguno para facilitar la ida y vuelta hasta los servicios. Las propuestas son varias,, desde un patinete a una moto eléctrica de alquiler, o, incluso, un servicio de postas para amenizar el largo trayecto, que de momento es el que tiene mas adeptos.   

Esperamos que se vaya normalizando la situación y volvamos a recuperar nuestro baño, ese que se hacía tan cercano. Ahora mismo, en mi trabajo, está peor visto una cistitis o una diarrea que pillar el COVID.

Mi compañera Raquel en la travesia al baño.
Raquel en una de las travesías.
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La Paloma.

Las palomas entran en el vestíbulo. Se colocan en la escultura que precisamente tiene su nombre y, con el gracejo de los niños pequeños, levantan el culo para cagar. Ellas no son conscientes del odio que provocan. Si el servicio de limpieza ya les tiene ojeriza, las personas que se encuentran bajo techo con el cagarro en la solapa, o peor aun en el pelo, no dejan ningún insulto o improperio en la recamara del pensamiento. El sosiego que trae una lista de tacos es abrumador. 

Equipo 57. Formato pequeño, la grande esta en EAC.
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Viaje a ninguna parte.

Ll evo caminando tanto tiempo que me parece que estoy perdido. Me parece es un eufemismo. Tengo que reconocer que lo que veo no me suena de nada. No estoy lejos, de eso estoy seguro, pero no conozco este lugar. Viajar es lo que tiene, que a veces te aventuras por curiosidad, por el gusto de descubrir un atajo, y pierdes la referencia. Es difícil encontrar un espacio distinto . ¡Como aquel relieve de toro en una calle sin salida! Pero no, no parece el caso. Aquí no hay estridencias, todo es uniforme, ni un puto letrero para indicar una salida,  un lugar para parar y preguntar. ¡Juro que esta vez preguntaría! Pero… tengo que reconocer que mejor seguir por cuenta. Que preferible es no ver a nadie. Por que en estos viajes lo mejor es hacerlos solo, seguir andando, encontrar lo que haya que encontrar sin buscar nada. Al fin y al cabo, es un viaje a ninguna parte, uno interior. ¿O que esperas con tanto cierre perimetral?  

Por cierto… Este puto teclado no me deja poner tildes.

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¡Empezamos bien!

Que si, que si, que esta vez va en serio. ¡Que hemos empezado bien! ¡Que coño! Hemos empezado de puta madre. Pero a ver… que la satisfacción me embarga y quiero empezar por el principio. Y es que después del 6 naciones del último año, con tres victorias y despedirnos de la Calcuta, este se las prometía medio regulero.

Desde hacía lo menos treinta años que Escocia no ganaba a Inglaterra en su campo. Son años ¿eh? Y además el primer partido. A ver… es como si el Sevilla – Betis se juega el primer partido de liga, da igual que quedes con puestos de Champions que si lo pierdes ya tienes la temporada chafada. Así que la moral para empezar no estaba todo lo bien que debería. Sin tener en cuenta problemas de Covid, estadios sin público, liga de rugby con muchos altibajos… Pero ahí estaban los del Cardo, con ganas, cantando a voz en grito Flowers of Scotland a metro y medio de separación antes de empezar. (Que vaya gilipollez esto del metro y medio de separación en la presentación de selecciones para hacer una melé dos minutos mas tarde.) Un partido currado, de los de pico y pala, con sus sustos y el rabillo del ojo mirando el tiempo porque los de la Rosa eran capaces de hacerte un ensayo si te despistabas (cosa que no hizo Escocia en ningún momento) y llevarse la Calcuta.

Sea como sea, el partido terminó con un resultado de lo mas ajustado (6-11) pero que nos permite recuperar la Copa Calcuta, estar entre los tres primeros ganadores, y tener esperanzas con respecto a partidos contra Gales e Irlanda. Lo de Francia, después de la somanta de palos que le dio a Italia, hay que volver a mirarlo. Aunque el año pasado ya le ganamos y no es descartable para este.

Habrá que ponerse la camiseta y sufrir. Pero se sufre de otra manera después de partidos como el último. Así que… ¡Vamos Escocia!

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Kingdom Come

El vástago pide como si le hubiese hecho la boca un fraile. Pero de vez en cuando se marca algún detalle y se curra un regalo. Esta vez, sabiendo que el Súper es uno de mis favoritos, se ha mareado buscando Kinggom Come. Me lo presenta como regalo de reyes y por lo bajini me recuerda que tengo que terminarlo pronto para poder leerlo él (A partir de ese momento, tendré que volver a pedirse por tiempo limitado y verlo solo en sus estantería.)

El caso es que el cómic es espectacular. Imagina que tienes una novela tipo La Iliada, La Eneida, Cyrano, Los tres mosqueteros, una de esas que te han marcado. En la que deseas con pasión convertirte en el personaje. De las que sabes que la cosa puede acabar muy mal pero no tienes mas remedio que seguir leyendo. Algo de esto pasa con Kingom Come. Pero además es como si al lado tuvieses uno de esos catálogos del museo del Prado o del Louvre. (Quizá exagero). Y es que cada página del cómic es una obra de arte. (Ahí si que no exagero.)

El caso es que me he encontrado con lujo de edición. Ya me han preguntado dos o tres veces si lo he acabado. ¡Por su puesto que lo he acabado! Ahora lo difícil será decirle adiós durante un tiempo. (Mucho tiempo me imagino.) Pero me da  comba para volver a la estantería de los comics del primogénito y arramblar también con los tres o cuatro nuevos que se ha conseguido de Dardevil.

Quid pro quo. 

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Mi Jaca galopa y corta el viento…

Este año ha empezado bien. Al menos el úlitimo fin de semana ha sido un fin de semana de verdad. No un reality de cuarentena preparando pan o haciendo maratones de series. Un fin de semana de los de antes. De esos que planeas poco y sale bien. Empezamos como se debe empezar un sábado, sin prisas. Un desayuno decente y un poco de limpieza, pero sin excesos que no había tiempo para tonterías. Lo importante era disfrutarlo. Así que salimos a la calle, mascarilla en ristre, eso si, y nos dimos una vuelta por el casco histórico. Pasear por Córdoba es un lujo, y si un sábado por la mañana encima te hace solecito pues… pocas cosas tan agradables vas a encontrar en la vida.

Ni recuerdo que comimos después pero si que fue pronto por que antes de las cuatro habíamos quedado en La Carlota. La Navidad nos había traído un paseo a caballo. Tengo que reconocer que algo de miedo llevaba, la última vez que había montado un caballo fue en la feria. ¡En el tiovivo, vamos! (Mi hermana me recordó que, en la feria, también “reventaba” caballitos pony de tanto dar la castaña para que me subiesen.) Pero también me hacía mucha ilusión. El regalo ni si quiera era mío, era de Estrella y el día que se de cuenta que no es obligatorio que vayamos los dos en los regalos que caen se me acaba el chollo. El caso es que salimos los dos por la N-IV cantando eso de “mi jaca galopa y corta el viento…”

Practicando el paso español.

El tipo del picadero, Diego, es un santo varón. Tuvo paciencia infinita para enseñarnos lo básico de la equitación. Nos puso el volante en la mano y nos dijo como había que moverlo. Luego el volante se lo puso al caballo y nos enseñó a meter primera, a colocar los pies en el acelerador y… bueno, lo fundamental para no armar un pifostio con el caballo y que los dos estuviésemos cómodos. Él me llevaba a mi y yo no gritaba como una histérica si empezaba a trotar. Lo peor fue… ¡Que me encantó! Una tarde preciosa, un paseo muy agradable por la campiña y Las Pinedas. El sol curioseando el camino y las indicaciones y la charla que tuvimos con Diego fueron entretenidas.

Después de esto, el sábado no dio mas que para hablar del evento. Que si el caballo hizo esto o aquello, que el tuyo era fácil de llevar y la mi Granaina (nombre de la yegua de Estrella) se ha tirado merendando todo el camino, que si la bajada aquella y la otra subida…. total que te quedan ganas de mas y, por su puesto, nos  llevamos el número de Diego para repetir en otra ocasión. Nos acostamo pronto y aún coleaba un sonsonete que empezba así como “Mi jaca…”.

El domingo empezó temprano. Habíamos quedado en el centro de visitantes de El Torcal de Antequera. ¡Si! ¿Qué pasa? Otros quedan en el bar de la esquina pero tiene menos gracia. Así que a las diez de la mañana con – 1º, estábamos andando con mucho cuidado por la ruta de bandoleros. Andar, lo que se dice andar…. andamos poco. Nos acurrucamos en la terraza del bar con el sol como brasero y allí apuramos cafés y anisetes varios. Quedar con la familia es lo que tiene. Donde uno ve una disposición geológica impresionante, otros ven piedras. Si ves una catedral megalítica que ha llegado a nuestros días con algo de salero después de cuatro o cinco mil años, otros ven mas piedras. Y claro… No se puede tener contento a todo el mundo. Así que entre bares y restaurantes nos dio tiempo a poco mas que ver piedras por un lado y agua y piedras por otro. Por que después del Torcal fuimos a ver la Fuente del los 100 caños en Villanueva del Trabuco. ¡Lo que son las cosas! Desconocía esa fuente y en menos de año y medio he ido tres veces. La primera, en verano, desilusionante. Las otras dos, en invierno… ¡Impresionante!

¡Si señor! Un rato muy agradable en familia, a la que va a ser difícil volver a ver cara a cara en mucho tiempo, para terminar comiendo en “El Ventero del Trabuco”. Restaurante donde nos agasajaron la mar de bien. Para no ser de mucho comer no dejé ni sopas. 

Pero todo no podía ser tan bonito. Los planes de la tarde, ser trucaron al darnos una mala noticia. Así que, con mas pena que gloria, volvimos a Córdoba pasando antes por Montilla para dar el último adiós a un amigo. Quizá esta forma de terminar el fin de semana es una manera de ver la importancia que tienen estos ratos. De disfrutar de algo tan fácil como unas piedras o un solomillo al roquefort. De disfrutar, sobre todo, de la Familia.  

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5 series de 2020

Este año ha sido prolífico en series, como casi todo el mundo. La mayoría son de Netflix y Amazon. Aunque también hay de otras plataformas o de las que ya se hcieron en su momento y las salté. Para mi, las cinco mejores que he visto este año han sido:

1.- The Wire. (La escucha). Una de esas series de culto cuando había que ver los episodios uno a uno o descargandoles en e-mule. La tienen en HBO y fue amor a primera vista. Si bien Dominic West no es de mis actores favoritos, en las siguientes temporadas va dejando el protagonismo a los demás participantes. Entre ellos hay uno que me encantó Michael K. Williams. Un tipo con la cara rajada que se come la pantalla en cada actuación como Omar. 

2.- LilyHammer. Una de las sorpresa del año. Tuve que verla subtitulada por que no está traducida pero, sin lugar a dudas, es de los mas divertido de este año. El mafioso Frank Tagliano (Steven Van Zandt, alias Little Steven, ¡si! El guitarrista) después de saltarse la Omertá se va al quinto pinto. En este caso a una ciudad noruega donde se hicieron los Juegos Olimpicos de Inverno en el 94. “El arreglador” no puede dejar de lado su fama de ganarse la vida y empieza a organizar junto con otros noruegos una pequeña banda que no defrauda.

3.- Dogs of Berlín. Quizá eso de encontrar serie es una de las cosas mas divertidas que hay. Esta también empecé a verla sin tener ni idea de como iba y me sorprendió. Dogs of Berlín es una crónica del oportunismo de un policía berlines con poca pericia y mucha suerte.  

4.- You. Una de las pocas que me recomendaron y me ha encantado. Un tipo que te situa desde su punto de vista y nos justifica lo injustificable. Un amor a prueba de contratiempos quiera o no la otra parte. Lo peor es que la segunda temporada tampoco desmerece. 

5.- Gambito de dama. Esta serie ha sido una de las mas vistas en los últimos meses. A mi me ha gustado, me ha vuelto a reencontrar con el ajedrez y la protagonista me tiene enamorado. Además eso de ponerse de tripis coo un maquinero en un festival me encanta. 

Bonus: Infieles. Una serie en Amazon que me ha gustado por su sencillez, que habla de las mujeres y los problemas que se van encontrando en sus relaciones. Eso si, hay que verla en catalán por que no está traducida. 

Pero no solo estas, también han caido unas pocas mas. Dejo en negrita las que me han gustado mucho y no he metido arriba, las cursivas son para las recomendables si tiene tiempo y quieres pasar un rato entretenido.  Las otra… ahí están, si tienes interés en conocer mi opinión pregunta, estaré encantado de valorarla.

Justified (T3). Criminal (Española, Alemana e Inglesa). London Spy. Sex Education (T2). Sabrina (T3). The Office (T1 a 9). The good doctor (T2). Crisis in Six Scenes. Esta mierda me supera. El pueblo (T2). Diablero (T2). Mrs Maiselle (T3). Siempre bruja (T2). Luna nova. Castelvania (T3). The night manager. Erase una vez… Unorthodox. La casa de las flores (T3). Last Kingdown (T4). Caronte. Pequeñas coincidencias (T2). Vikingos (T5 y 6). Control Z.  Orzak (T1 a 3). Homeland (T6 u 7). Space Force. Madres trabajadoras (T1 a 4). Élite (T2 y 3). Community (T1). Vivir sin permiso (T1). Maldita. La monja guerrera. Hab and Leonard. Umbral Academy (T2). Arcangel. Gentified. Lucifer (T1 a 5). Los crímenes del Valhalla. Cobra Kai (T1 y 2). Sinner (T2). Zelda. The Boys (T2). Varg Verum (T1). Emily en Paris. El joven Wallander. Arrested Development (T1 a 5). Family Business. Sangre de Zeus. Barbaros. El desastre que dejas. Outlander (T2 a 4). 100 díaspara enamorarse. El Cid. Alice in Borderland. McMafia.

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Libros del 2020

“Los libros es el único lugar de la casa donde todavía se puede estar tranquilo”.

Julio Cortázar.

Como otras entradas de enero me dispongo a hacer el listado de los libros que me he leído en el último año. Esta vez no me veo con ganas para hacer crítica de todos pero alguno no podré dejarlo pasar. Así que… ¡empiezo!

Hoy no puedo. Un libro de relatos de Juan F. Plaza que me prestó Irene y es entretenido. ¡Si! Creo que este es de los que dejaré en negrita como recomendación. Si alguien se decide puede echarme la culpa después si no le gusta.

Ella o el sueño de nadie, de Mauricio Wazquez, de la Sonrisa Vertical, de los que ya no tenían tanta gracia. Si esto no es una mujer, de Lorenzo Silva y Noemí Trapiello. El maestro y Margarita, de Mijael Bulgakov, venía recomendado por Olga Malyukova, creo que este libro es una sobreestimación rusa. Chotis en adobo, otro de Julio Muñoz Gijón. El almuerzo desnudo, de Williams Burroughs, es de esos libros complicados que no sabes si debería ser de obligada lectura o retirarlos por completo. Cara Pan, de Sara Mesa, venía incluido en el Club Virtual de Córdoba, no está mal pero tampoco como para recomendarlo. Loba negra, de Juan Gómez Jurado, por su puesto, aunque sabía que algo me sonaba de este libro, es bueno opción leerse Cicatriz del mismo tipo, también ha caído, aunque casi a final de año, Rey Blanco. El olvido que seremos, de Hector Abad Franciolince, otro del Club de Lectura, creo que este año no aciertan. Lo mejor de ir es volver, de Albert Espinoza. Las cosas que perdimos en el fuego, relatos de ¿terror? de Mariana Enriquez, otro del Club.

La novia gitana, de Carmen Mola, está muy bien. Mas inspectores y asesinatos. (Creo que deberé cambiar el registro para el próximo año.) Buscaré los siguientes de la trilogía.

Mil cretinos. De Quim Monzó. Es una relectura o sea que si me encanta como para volver a leerlo te puedes imaginar. (Otro libro de relatos).

El Vigía, de Diego Marín Galisteo. Microrelatos.

El enigma del convento, de Jorge Eduardo Benvavides, aburrido.

Reunión tumultuosa, de Tom Sharpe. Con lo que me gusta este tipo escribiendo aquí no llegó a cuadrarme.

La química del odio, de Carme Chaparro, el segundo de la inspectora Ana Arén. No está mal pero prefiero el primero.

Los ritos del agua, de Eva García Saenz de Urturi. La saga de “La ciudad blanca” está bien. Aunque al final parece que todos son primos.

Una palabra tuya, de Elvira Lindo. El sentimiento cautivo, de Salvador Gutierrez Solís (relectura). En los zapatos de Valeria, de Elisabeth Benavent (aprovechando que ponían la serie). El juego del Angel de Ruiz Zafón, este libro no está mal pero los que nos entusiasmamos con Angel Heart ya sabíamos el final. El día que se perdió la cordura, de Javier Castillejo, recomendación de Ana Mohedano. Un hombre lobo en el Rocío, de Julio Muñoz Gijón, (de este todo lo que saque, aunque solo recomendía a forofos sevillanos y similares, en la casa nos encanta a todos). Cmino de Los Ángeles, de John Fante, me falta el tercero de Bandini, este no es tan bueno como el otro.

Tierra de mujeres, de María Sánchez. Un libro que recomendé a las mujeres de mi familia. Sobre todo a mis primas que seguramente se sentirán mas identificadas no solo por el entorno rural.

El problema de los tres cuerpos, de Ciu Lin, es uno de esos libros que debes estudiar mas que leer. Ese pícaro mundo, de Ana María Shua, no es lo mejor de ella. La maravillosa vida breve de Oscar Wao, de Junot Díaz, no llegué a cogerle el punto aunque el tema no está mal.

Las mentiras de Locke Lamora, de Scott Lynch, es un tochaco que me recomendó Mónica Sánchez y me encantó. Precisamente el otro día conseguí el segundo. En una ciudad mas o menos ficticia, Lamora comienza como un raterillo de poco aguante y se irá inventando con amigos e historias que entretienen.

Demian, de Herman Hess. ¿Qué quieres que diga? De este hombre me sorpende lo que llevo leído. No es una lectura fácil pero es de esas que después tienes que meditar durante un largo tiempo. Con Demián tampoco defrauda.

Y como bonus extra (lo acabé el día 1 de enero de este año): Dolmen, de Manuel Pimentel, con Artafi de protagonista. Es un libro que casi da coraje, te habla de los restos megalíticos en Andalucía, son tan protagonistas como la arqueóloga y sientes que es una parte del pasado que se ha perdido, que no se valora, que… ¡que falta! Eso si, no te decidas a leer este libro si antes no has leído “Puerta de Indias” y “La ruta de las caravanas”.

Se nos acumuló el trabajo infinito.

Bonus extra 2:

No debería olvidar, aunque lo hago por que no suelo apuntarlos en el listado de libros, algunos cómics de este año, entre otros: Nördumani, de Rafael Jiménez y María Dolores Reyes. Alter Ego o Apocalipsis de San Juan, la relectura de Lobezno Noir, Renacimiento de Darevil, o El Relampago cae dos veces de Flah. Pero el que si que recomiendo encarecidamente es “El Largo Halloween“, de Jeph Loeb (guion) y Tim Sale.

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Nochebuena.

Nunca la cola del naciemiento había sido tan larga. Cada dos metros un pastor, una lavandera, el centurión romano con la mascarilla puesta, esperando acercarse al portal para entregar sus regalos. El ángel, que los otros años guardaba desde el tejado, está abajo ofreciendo gel hidrológico y limpiando los presentes. El zurrón está impoluto este año y una pantalla protegue al niño. El calor de los animales es inexistente, todo abierto para que se ventile el ambiente. José y María con manoplas y unas mantas de borreguito último modelo, regalo del posadero. (El mismo que no les quiso dar cobijo por la mañana. ¡Manda huevos!)

Total… una Navidad diferente pero con las mismas ganas. Espero que la vuestra tenga todo eso que se supone que hemos aprendido este año: solidaridad, amor, empatía… y todas eso que no deberíamos haber olvidado nunca. Sea como sea…

¡Feliz Navidad!

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Avellanas.

La dependienta del horno me dijo que pasase dentro y entonces empecé a salivar. El olor tostado se mezclaba con el de de las magdalenas recien hechas y donde mirase se encontraban bandejas son dulces. Las avellanas estaban a punto de salir pero ella cogió unas pocas de un saco y me las puso en la mano. Después llevó el saco pequeño a la tienda mientras la seguía.

Mamá me esperaba detrás del mostrador y miró sonriendo como le enseñaba las avellanas recién hechas. Cogió una y se la echó a la boca, la miré enfadado pero se me olvidó cuando se acachó para darme un beso en la frente. Ella llevaba medio kilo de avellanas que le había entregado la dependienta. Cuando salimos me obligó a decir a adios y volver a dar las gracias por el puñado que llevaba en la mano.

Ahora, mas de cuarenta años después, sigo cogiendo un puñado de avellanas y me las voy echando a la boca una a una. Y recuerdo el olor tostado del horno y las botas altas de mamá, con cada crujido que dan las avellanas al comerlas.

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