ELITE

Elite es una serie mas o menos entretenida. La historia trata sobre unos niños pijos que tienen que interactuar en su colegio con unos becados. Niños ricos, niños pobres con los mismos problemas y distintas soluciones. Algún crimen o caso oscuro como base para toda la serie. Sexo, drogas y música. Y de vez en cuando algún que otro atisbo de coherencia, poca.

Lo mejor que tiene esta serie es el chaise longe de casa. Un sofá que solemos compartir Rafa y yo que se llena de predicciones de guión, busquedas de otros trabajos de los actores y algún insulto a los personajes de la serie. A veces, si nos despistamos también de pizza o cáscaras de pipas.

Ya digo que  ELITE, como serie, va justita, pero compartirlo en casa y las risas que nos echamos… ¡No tiene precio!

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Cuentas y cuentos.

Tenía tanto que contarle. Tanto que el número mil le llegó en segundos. Y ahí sigue, mas o menos por el 285758939.

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Lilyhammer.

A mi me dices un año olímpico y te digo la sede pero tengo que reconocer que con los juegos de invierno fallo. Recuerdo Sarajevo, de cuando era pequeño, Calgary y el logotipo de copo de nieve rojo, muy canandiende, Albertville, Salt Lake City y una de las últimas, Sochi en Rusia. El caso es que no recordaba Lillehammer y desde hace unas semanas no voy a poder olvidarlo, como tampoco lo hizo Frank Tagliano, alias “El Mediador”.

Frank es un mafioso que después de ver como su jefe se alquila un último pisito en el cementerio de New York espera heredar el título de Capo di tutti Capi. Aunque se encuentra con que el sobrino de este ya se ha aposentado en el despacho del Padrino y entre otras cosas decide enviarlo con el anterior Jefe. Tagliano, que de suerte va sobrado, se salva de que le den matarile y decide pasar de la omertá y contarle al FBI lo necesario para que los metan en testigos protegidos. Y ¿cual es el destino elegido? Nada de un lugar perdido en los Estados Unidos, ningún Springfield de Minnesota o el medio oeste, a él lo que de verdad le llamó la atención fueron los Juegos Olimpicos de Invierno del 94 y esos se celebraron en Lillehammer. Una ciudad noruega que va a ser el próximo hogar del nuevo Gionanny Henriksen, alias Johnny.

Este es el punto de partida de la serie Lilyhammer, donde Little Steven (si el guitarrista de Springsteen que solemos escuchar en RockFM) hace un papel magistral como mafioso. Si alguna vez pensaste que los noruegos no podían hacer nada con sentido del humor esta es la mejor manera de comprobar que te equivocas. Es una de las series mas divertidas que he visto en los últimos años.

 

Así que si tienes Netlix, ni te lo plantees. Dale una oportunidad a Steven Van Zandt, a Lilyhammer y a los noruegos que se lo han currado.

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Playa de Motril.

Cierro los ojos

y vuelvo a clavarme

aquellas incómodos chinarros

de Motril.

Cuando las olas rompen

frente a una botella de Cutty Sark.

Cuando nos despedíamos

de las fiestas. Y pensábamos

dejar atrás la juventud.

Esta será la última fiesta,

te dije convencido.

Como si mañana empezase

un libro nuevo.

Cierro los ojos

y el whisky me ronronea

en la garganta de nuevo.

Con aquella charla de risas

sin prisa y donde

alguna lágrima quedó en el mar.

Esta es la última fiesta,

me repetía como un mantra.

Mañana llegarán las facturas,

los pañales, la crema antiestrías

y quizá un plus de cervezas.

Esta es la última

te dije.

Tambaleándo nos levantamos

de aquella playa de Motril y

fuimos a buscarla.

Mañana será otro día.

O quizá no.

 

 

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Jueves de Feria, sin feria.

A estas alturas de año, cuando el 2020 nos lo hemos pasado mas en casa que en la calle. Cuando hemos descubierto (redescubierto) que se puede estar con la familia vía online tanto o mas que antes, que descubrimos el ejercicio en casa y somos aprendices de panadero, botánicos en ciernes, que incluiso a la tortilla le echamos algo mas que un huevo o dos. Ahora que los bares vuelven a poner sus mesas en la calle y las conversaciones de los vecinos no nos incomodan por lejos, que pasó la Semana Santa sin Santa y sin Semana y los patios se quedaron solo para los de casa. Ahora, que ya deberíamos estar mas que acostumbrados resulta que estamos en esa fecha en la que la Feria de la Salud se aparece en fotografías vía twitter, facebook, periódicos y la madre que los pario. Que la congoja se instala en la garganta y un vestido de lunares, aunque sea el de la Pretty Woman en los caballos, hace que se te caigan dos lagrimones.

Hace unos días puse sevillanas alegres, del tipo de los Mojinos, la de agujeritos… en ese plan. No sé como coño cambió la cosa que al final los Amigos de Gines, Los romeros de la puebla  y otros por el estilo empezaron a salir en el Spoti y me jodieron el día. ¡Me cago en la leche que tristeza! Pues hoy vamos por el estilo. Yo, a estas horas, tendría que estar en una caseta de flamenqueo, de jarana, de Feria. ¡Coño!

Pero… no pasa nada. Resignación. Responsabilidad para con los demás. Mascarillas y casa. Y… ¡Su puta madre!

Me voy a comer. Voy a hacerme una hamburguesa que ni los de Uranga.

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25/14

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Me había propuesto escribir sin cambiar la fotografía. Había elegido un número, el 25, como directorio y la fotografía número 4 para colocarla en esta entrada y hablar de ella. ¡Lo tenía clarísimo, no iba a cambiar bajo ningún concepto! Hasta que he visto a mi padre con una copa de vino brindando con la cámara y se me ha quedado un nudo en la garganta, se han ido las ganas de escribir y durante diez o quince minutos he estado mirando la foto.

Lo mejor de jugar con uno mismo es que puedes hacerte trampas y te disculpas rápidamente. Al final siempre ganas y siempre pierdes. Al menos que lo hagas con un mínimo de dignidad. El caso es que donde digo digo, digo Diego y donde había un 4 he querido poner 14. Y entonces si. Ha salido esta fotografía en la que mi padre y mi hermana abandonan la Fuente del Rey y enfilan la calle del Río en Priego. El blanco y negro no es desaturación de color, es el original, aunque me he permitido recortar la foto y centrar la acción en ellos. Fue un 23 de abril del 2016, un año que Córdoba debía ser Ciudad Cultural Europea y ya solo queda de aquello un avión cerca de la feria y muchas camisetas azules que los cordobeses guardamos al fondo de los cajones. Supongo que yo iría detrás con mi madre. No lo supongo, lo sé porque en ese directorio que está marcado como C130511 hay alguna fotografía de mi madre también y, extrañamente y sonriendo, de mi hermana Cheli.

Creo que alguna vez me centré en esta foto, es de esas que me gustan donde no se ve la cara de los fotografiados pero son capaces de mostrar todo el cariño y la ternura que hay en esa pose. Se puede notar el paso lento de mi padre, Cheli un poco mas adelantada animando a una prisa, que por la hora de la fotografía, 14:40, sería para ir a casa a comer.

Si. Creo que esta es mas acertada que la número 4, con esa… No me veo con ganas de escribir.

 

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Me gustaría…

Me gustaría ver a los adolescentes besándose en los bancos, ruborizándose y temerosos de los vecinos curiosos.

Me gustaría tocar la nuca de Rafa cuando llega recién pelado. Cuando llega a Córdoba y caen dos besos y un abrazo de dos o tres segundos. Y me echa la cabeza a un lado mientras se apoya en mi hombro e intenta romperme las costillas con sus brazos.

Me gustaría comer los pestiños de casa, recién hechos. Con el olor del aceite frito en la cocina y el calor de toda la familia que terminamos con manga corta. Con Cheli haciendo que los probemos unos y otros porque su diabetes no la deja mas que comer nada mas que un poco.

Me gustaría recibir un beso con sabor a café. De esos,  donde llegas a saborear hasta la marca y al respirar sientes en la nariz el aroma de la mañana.

Me gustaría escuchar a mi hermana Mariola y a Daniel riendo con sevillanas de fondo mientras los lunares pasan a los lados y saludamos a gente que no conocemos como si fuesen íntimos.

Me gustaría salir a la calle y pasear sin prisas mirando calles como si fuese la primera vez. Sin cámara. Solo por le gusto de saber que siguen en el mismo sitio de siempre.

Que Córdoba es eterna.

 

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Hap y Leonard

Buscaba una serie sin pretensiones, mas que para entretener. Ligera y rápida. Nada de quince o veinte capítulos por cada temporada y en algún lugar de Prime apareció “Hap and Leonard”. Seis episodios con cuarenta y pocos minutos me convencieron sin necesidad de buscar mucho mas. Los personajes en la carátula no me sonaban y empecé a verla.
Hap y Leonard son amigos de la infancia. De esos amigos que se conocen nuestra vida mejor que nosotros mismos. Que están para lo malo y lo peor, por que en este serie de perdedores los personajes encuentran poco bueno. Aunque lo hay.
Hap es un tipo que estuvo en prisión por hacerse objetor de conciencia en la guerra de Vietnam mientras que Leonard se fue voluntario. Son dos “hermanos” que se complementan a la perfección. Hap es tranquilo, sosegado, y se lía fácilmente entre las faldas de cualquiera. Leonard es enérgico, con malas pulgas y un afroamericano con pinta de vaquero que además tiene un medio novio que es enfermero.
Tanto uno como otro tienen una facilidad para encontrar problemas y verlos con la lógica sencilla y aplastante del medio oeste americano a finales de los años 80.

1_2YyiOhMu1qj5tQjzOHOyQgLos actores son de lo mejor que te vas a encontrar en series y no hay ni uno solo que desmerezca en las tres series de las que dispone la franquicia de Amazon.
Hap Collins.- James Purofoy, Te sonará de Templario, Salomon Kane,
Leonard Pine. Michael K. Williams. Te sonará de Omar en The Wire, La Carretera o 12 años de esclavitud.
Y desde luego la espectacular Christina Hendricks, en la primera temporada, o Tiffany Macks en la otras dos. Jimmy Simpson, de WorldWest.

Una serie que hay que ver y seguro que buscarás las otras dos temporadas. Desgraciadamente no hay cuarta.

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Semana Santa 2020

Mi semana santa empezó tvilgerenos por enero, cuando intenté cambiar varios días con los compañeros para poder tener al menos el viernes santo de descanso. No es que fuese difícil, este año era imposible. Me encontraba con un cuadrante que me retenía en Córdoba desde el miércoles y donde tendría que hacer virguerías si quería salir en El Entierro el viernes. A la desilusión de la primera negativa, llego el temor de la segunda y la frustración de la tercera. ¡No! No había manera. Este año tendría que ser como aquel en el que me harté de kilómetros para poder llegar a tiempo al Calvario. Empecé a hacer cábalas y casi tenía organizado la semana santa. Salida rápida del curro el jueves, vuelta el viernes de madrugada, y de nuevo en carretera… Hasta había convencido a Estrella para que me recogiese en su retorno de Guadix y venir a trabajar los dos el sábado santo. Y aunque el tetris viajero/currante lo tenía mas o menos montado, mi sensación fue variando. Este año no había la ilusión de otros, no tenía esas ganas de Semana Santa que me caracterizan. Este año, la frustración de la tercera negativa (muy de San Pedro esto) me había dejado una sensación conocida. Aquella que sentí cuando me di cuenta que no podía leer todos los libros del mundo, ni siquiera todos los que me gustaría. Aquella sensación de agobio que, cuando terminas asimilando que tu vida es finita, desaparece para dar importancia a otras cosas o hacerte valer el tiempo. Así que esta Semana Santa había cambiado antes de empezar. Muchos antes del Coronavirus. Esta Semana Santa ya era especial para mi por que la viviría de otra manera.

Lo que no llegué a pensar que mi semana especial lo fuese para todos. Así que como toda España y parte del mundo, el enclaustramiento ha sido la tónica general. Todos los proyectos, (aquí vendrían algunos que tenía en mente) suspendidos. ¡No! Suspendidos no. Anulados.

Mientras en la familia han estado escuchando misas, viendo procesiones de otros años, llevando la Semana Santa online yo he estado trabajando. Después, no todo es trabajar, me he dedicado a estudiar algo de inglés, a leer y a ver series como si al salir de la cuarentena hubiese una barra libre para charlar de todo lo que hemos visto en estos días.

Cayeron cervecitas grupales el Domingo de Ramos vestido con chaqueta. Algunas risas y muchos besos virtuales en esos días. Pero llegó el jueves y la tarde se hizo un poco penosa. Mientras terminaba de hornear los hornazos estuvimos tomando unos gintonics.  Después, ya metidos en faena, hicimos concurso. La verdad el arte en esta rama de la familia brilla por su ausencia y nuestro hornazos no tienen precio como monstruos pero en cuando decidimos irnos por la variante tradicional y hacer gallinas o cerditos o algo más o menos conocido la masa se nos rebela y nos salen churros de figuritas. Lo que no quita que el jueves santo estuviésemos como todos los años todos unidos. El jueves es llevó con mas o menos firmeza, luego vendría el viernes.

Nada mas despertarme me dí el primer susto. ¡Viernes Santo! ¿Qué hago en esta casa? ¿Por qué no estoy en Priego? Y recordé que tenía que ir a trabajar a primera hora. Con mas pena que gloria fui a currar. A medida que la familia se iba despertando y los whatsapp se acumulaban el desencanto del día se hacía patente. A las doce y media casi todos estabamos en conexión con TelePriego viendo al Nazareno. Las nudos en la garganta no se notan cuando lees textos en una pantalla pero sabes que están ahí. El desánimo desaparece cuando el Nazareno da la bendición pero solo es un breve espacio. Este año no hemos podido acompañarlo al Calvario.  La naturaleza ha tenido que inventar algo tan grave como el coronavirus para que Jesús se quede en su casa el Viernes Santo. Ninguna lluvia pudo hacerlo antes.

Si la mañana ya se dio dura, para mi, la tarde fue aún peor. A las ocho y media la frustración y el desánimo me llegaron como no había llegado en los otros días. Siempre hablo de salir un viernes por la noche con la cámara y hacer todas las fotos que me gustaría a la procesión del Entierro y la Soledad. Nunca lo hago, pero lo pienso. Este año imaginé todas esas fotos que no he podido hacer nunca.

Hoy es domingo de resurrección. Seguimos en cuarentena. Seguimos en casa y hoy ninguna procesión saldrá de Santa Marina para recordárnoslo. Aunque creo que pocas veces ha estado tan presente esas ganas de resucitar como las de este año.

Semana Santa atípica y espero que única en el resto de mi vida. Podría decir que lo peor ya ha pasado pero… La cata, las cruces, los patios, la… la… la feria.  ¡Jooder!

Buen confinamiento. Que la casa nos sea leve.

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Viernes.

Esta mañana cuando me he despertado he sentido algo raro. Como que llegaba tarde a algún sitio. Lo primero que he pensado es que era Viernes Santo y cuando me he visto en casa me he acojonado. ¿Qué hago yo aquí? Luego he recordado que tenía que ir a trabajar. Que aunque fuese el día del Nazareno hoy no era igual. El sobresalto no me lo ha quitado la ducha. Y después,  mientra tomaba un café y me preparaba para salir a trabajar, he visto el video que ha colgado la cofradía, con el Aleluya de fondo. ¡Joder que congoja!

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