Libros 2017

El año pasado me la salté. Acabo de comprobarlo y no hay ninguna entrada de los libros leídos en el 2016. Lo peor es que ya se quedará así como no sea que me de una ventolera de actualización. (Cosa harto improbable.) Pero esta vez no quiero que se me pasa y, aunque en la última entrada ya hice una selección de los cinco que mas me han gustado, voy a volver a darle caña a eso de la lectura. Primero porque para eso me gusta, y segundo para recordar que por ahí tenemos un reto en la familia que hay que cumplir.

A ver, empiezo. Sin llegar a los niveles de años pasados, cuando el móvil no era parte imprescindible de nuestra vida, este 2017 ha sido prolífico en lecturas. Sin contar los comics que nunca entran en estas listas y por su puesto los blogs, han caído unos treinta y pico libros. (35 los que tengo apuntados en la agenda.)

He vuelto a recuperar a Manuel Pimentel con su “Arquitecto de Tombuctú” que me ha gustado bastante. (Por cierto me he enterado hace poco que ha recuperado a Artafi y tengo que buscar ese libro.) También en enero cayó “El desorden que dejas”, de Carlos Montero. Un libro que es altamente recomendable para mis amigos de la docencia. (Lo que son las cosas, tengo amigos maestros y profesores, ¿quién me lo iba a decir?).

En febrero me dediqué a una lectura ligera y fácil. Retomé la saga de Artemis Fowl con el cuarto libro “La Cuenta atrás” de Eoin Colfer; empecé mi particular apuesta de releer cinco libros con “La isla del tesoro”, de Stevenson y me descojoné de risa con los dos primeros de Julio Muñoz Gijón: “El asesino de la regaña” y “El crimen del palodú”.

Par marzo cayó “Los nadadores” de Joaquín Pérez Azaustre. Aún no tengo claro si llegó a gustarme el libro o no. Rarito es con ganas, y aunque tenga escenas y descripciones muy buenas… No le pillé el punto por completo. Así que volví con Villanueva, Jiménez y Serva la Bari para leer “El Prisionero de Sevilla Este“, siguiendo la saga de Muñoz Gijón que no decae. “El cantante, la mermelada y el perro” es el último que leí de estos. (Tengo que pillarme los siguientes.)

En algún sitio leí que Ignacio del Valle publicaba la cuarta entrega de Arturo Andrade y sentí curiosidad. Este años me he leído tres de esos libros: “El arte de matar dragones”, “El tiempo de los emperadores extraños” y “Los demonios de Berlín”. (Estoy deseando de pillarme el último.)

Mas de Artemis hasta acabar la saga con el octavo han sido: “Artemis Fowl y su peor enemigo”, “La hora de la verdad” y “El último guardián”. Donde Colfer cierra la saga y deja un buen final. Creo que tardaré en volver a leer libros juveniles pero desde luego no los descarto.

Entre los libros de relatos y micros con varios autores he podido leer: “Ventajas de ser incompetente”, Palabra de Santaella”, “Premios MPF”. “Relato Breves” de Heimitio Von Doderer (complicadito el nombre y el libro) y “El elefante desaparece” de Haruki Murakami (con este hombre siempre dan ganas de hacer una lista de spotify.)

“El Salvaje” de Guillermo Arriaga es uno de esos libros de estreno al que le tenía ganas. No lo dejé pasar y en verano lo acabé. También por esas fechas cayeron: “Dias de infancia” de Máximo Gorki (otra relectura), “Cuentos de adulteros desorientados” (genial como de costumbre Juan José Millás), “El comedido hidalgo” de Juan Eslava Galán, y “La lluvia de París” de Lorenzo Silva.

Mención aparte en verano es “Teoría de lo imperfecto” de Antonio Luis Ginés donde hace una mezcla de relato y poesía además de enseñar lo que es y como puede ser un poema. Un trabajo muy currado. También conseguí terminar una “Antología de Leopoldo Mª Panero”. No me fui a lo fácil esta vez con la poesía.

“Hombres desnudos” de Alicia Gimenez, “Tres días, tres noches” de Pablo Casado y “No se lo digas a nadie” de Noe Casado. (Curioso no me había dado cuenta de la reiteración del apellido) forman parte de los libros mas o menos eróticos que he leído este 2017. El primero es Premio Planeta del 2015, que no quiere decir que sea bueno. El segundo, premio La sonrisa vertical de 1984, después de leer este no me extraña que desapareciese ese premio. Y… mira tú por donde me encontré el de Noe Casado en el trabajo y empecé  leerlo sin pretensiones. Además de subirme los colores he conseguido que se lo lean l@s compañeros. ¡La virgen que calentones! No es recomendable si quieres literatura seria o si sufres calentones sin motivo, porque este los da.

“Patria” de Fernando Aramburu merece capítulo aparte. Me ha gustado y es de esos libros que recomiendas a todo el mundo. Ahí lo dejo. Tú verás.

Pista Negra” de Antonio Manzini es el inicio de una saga de un pedazo de policía cabrón como es Rocco Schiavonne. Aún estoy por ver si sigo, aunque tiene toda la pinta de que si. “Perros e hijos de perra”, una serie de artículos de Pérez Reverte y “El fuego invisible” de Javier Sierra son otros de los que han caído en los últimos meses del año. Por cierto, este último, algo previsible si has leído algo de este autor y si encima tienes una mínima idea de templarios por España. “El apicultor de Bonaparte” de Jose Luis de Juan, sin ser un libro espectacular si es uno de los que he cogido cariño, mas que nada por que me ha devuelto a una biblioteca y había olvidado lo que me gustan.

Y poco mas. Muchos comics y muchas, muchas series, además de películas que han hecho que mengue esta manera de conocer historias. Pero… por mi que no quede. Y además este año, estoy por cumplir el reto familiar. Al menos doce caen.

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5 libros de 2017

1.- La isla del Tesoro. Entre las cosas que me había propuesto una de ellas era releer al menos cinco libros. Este era uno de los que elegí. Después de ver Black Sails, era imprescindible. 

2.- El asesino de la regañá. Desternillante el libro y la saga que crea Julio Gijón. Han caído los tres siguiente y en casa los ha leído todo el mundo.

3.- El Salvaje. De Guillermo Arriaga. Si bien es cierto que le sobran ochenta páginas nos cuenta una historia sobre perros (habitual en Arriaga) que no te deja indiferente. Sobre todo si te gusta el ambiente mexicano que crea/recuerda el tipo.

4.- El arte de matar dragones. Un libro, creo que ya van por cuatro, de Ignacio del Valle que cuentas las desventuras de Arturo Andrade. 

5.- Por su puesto… Patria. Creo que es uno de esos libros que terminarán estudiándose en el colegio. Fernando Aramburu nos enseña Euskadi y terminamos queriendola y odiándola a partes iguales.

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Santos Inocentes.

¡¡Felicidades!!

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Echo de menos la Navidad.

Hace tiempo que la Navidad tiene otro sentido en esta casa. Si me esforcé durante un tiempo en que fuese mas o menos como antes desde que los reyes son los padres ha cambiado mucho. No es solo que la decoración navideña sea mínima, es que es prácticamente inexistente. Solo un portal pequeño bajo una lámpara lo contradice. Se acabaron los bolones por el salón y las luces intermitentes. Tiré las velas rojas o se quemaron y nunca mas entraron otras, aquel poster que hacía de fondo de la noche de Belén fue reciclado al contenedor del papel, las figuras grandes del portal anterior están escondidas en uno de esos rincones que solo se ven cuando la limpieza general se impone. Y las cintas con villancicos, los cd´s, están revueltos unos con otros. Spotify no me va a recordar en ninguna lista que he escuchado villancicos con él. (Aunque con las listas tan raras que se monta lo mismo me sorprende.)

A mi, que la Navidad me sigue gustando bastante, me sorprende como he ido dejando de lado todas esas cosas. Me he amoldado, y lo peor es que a mi alrededor también lo hacen por que es lo que ven, a la facilidad de ahora. Me encantaba escribir postales en los días previos a los amigos y familiares. Desearles felices fiestas, buscar el dibujo que mas pudiese gustarle o el mas significativo para ellos, escribir alguna tontería para que en su cara asomase una risa también. Quiero pensar que sigo haciéndolo, que whatsapp me da esa oportunidad, más rápida, fácil y barata que los christmas pero no conozco a nadie que imprima sus buenos deseos del móvil y los tenga junto al árbol de navidad. Que esa es otra, adiós a mi abeto de plástico, a sus mierdas de hojas que parecía otoño cada vez que lo tocabas. Otro clásico perdido, (aunque no he sido nunca muy forofo del pino de plasticoso también lo echo de menos.)

No se como se he ido derivando a esta Navidad aséptica. Y echo de menos las de antes, las de luces, las de música de zambomba, las de turrón y (bueno las hojaldrinas no las echo en falta) purpurina. De bolas y abrazos. Por que esa es otra. En Navidad ahora estamos tan ocupados que ni de abrazarnos tenemos tiempo. Y echo de menos a mucha gente que está cerca y no hay manera de ver. Luego le echaré la culpa a mi trabajo, al de ellos, a los hijos o los viajes, siempre tenemos excusas y lo que yo quiero, lo que necesito es recuperar una Navidad de las de antes. De muchos besos, de salidas y encuentros con amigos sin quedar, de no mirar el reloj por que mañana trabajo y hay que acostarse pronto. Olvidar las “maluras” y recordar, no que nace Dios si no, que nacemos nosotros cada vez que sonreimos cuando estamos con quien queremos.

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Carrá.

6:02 Suena el móvil. No dejo que de mas de dos notas y lo apago.

6:20 Suena el móvil. Abro los ojos como esos dibujos manga en los que le ocupan toda la cara. Lo apago. Los ojos vuelven a parecer puntitos negros en la cara. Recuerdo cuando iba al colegio llorando. Cuando despertaba a Irene para ir al colegio y lloraba. Me aguanto dos lágrimas. Y con mucho pesar pongo un pie en el suelo.

Me llevo el móvil a la ducha y voy buscando en Spotify algo que suene. Me da igual. Cuando parece que se escucha una canción el calefactor ya está funcionando y no oigo casi nada. Le doy voz al móvil. Mucha. Lo bajo, los vecinos no parecen mala gente y no es cosa de despertar a todo el mundo tan temprano. Me meto en la ducha con los ojos en proceso de apertura y el chorro frío inicial ayuda. Escucho varias notas seguidas pero no distingo la canción.

Salgo de la ducha y ahora si, escucho una voz que me suena ¿Javier Álvarez? pero no conozco la canción. Es reconfortante secarse con la toalla tan suave. Boxer, pantalón, camisa… ¡Hostia! ¡La Carrá! ¡Que dolor! Le doy una vuelta a la camisa como si fuese una revolera de Curro Romero, me la coloco. Los calcetines vuelan antes de cogerlos con la boca e intentar ponerlos en los pies, cosa harto complicada porque parece que no se pueden estar quietos. Los zapatos entran rápidamente y un jersey que se pasea por la espalda varias veces de lado a lado antes de intentar meterlo por la cabeza. çAbro la puerta del baño con el móvil en una mano. La cadera, los pies, las manos, van de lado a lado del pasillo. Entro en la habitación. Estrella intenta apagar su móvil. Me tiro en la cama encima de ella, le canto: ¡Ay que dolor! Que dolor, que dolor. Un mujer en el armario. Salto de la cama y abro el armario. (No hay ninguna mujer.) Vuelvo a la cama y le planto un beso de esos sonoros mientras sigo bailando por el pasillo.

Acaba la canción y estoy con la puerta abierta para salir, algo sigue sonando en el móvil, no recuerdo que. Apago luces. Olvidé la del baño. Voy allí para dejar a oscuras el piso y desde el espejo un tipo serio me mira. Ojos achinados, calva, barba poblada y con pinta de recriminar el barullo que he formado tan temprano con la canción. Me asusto.  Vuelvo a mirar. ¡Coño, soy yo! Y el tipo entonces me sonríe por que aún es capaz de reconocerse en las arrugas también ve al nenaco de veinte años que incluso en las mas duras es capaz de divertirse con una tontería.

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Hoy no.

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Whatsapp. Normas básicas.

No me voy a andar por las ramas. Estoy harto de que la gente use whatsapp indiscriminadamente. Así que voy a poner unas reglas sencillas para entenderlas. Todo aquel que no las cumpla… una semana en silencio.

1.- Nada de mensajes a partir de las once de la noche. Quizá no esté acostado, puede que incluso esté en la calle, pero normalmente, a partir de esa hora espero estar tranquilo, y  no tengo ganas de levantarme a por el móvil o que suene en mitad de una película. Vamos… que no tengo ganas de nada, así que, si no es imprescindible… no escribas.

2.- Odio los mensajes que se envían en seis o siete lineas. ¿Que pasa? ¿No sabes escribir y poner un punto sin darle al enter? ¿Conoces lo que es un parrafo? Puedes usarlo en el mismo mensaje. Mi teléfono está configurado para sonar, y así poder atender lo mas rápido que pueda, a las personas que me lo envían. Si me envías siete líneas se va a escuchar siete veces. Y, aunque mi tono es  neutro, no tengo ganas de que se convierta en la banda sonora del día. Descarta enviarme varios mensajes en el mismo minuto.

3.- No envío cadenas, bueno… quizá alguna vez pero no suelo hacerlo, así que no me las envíes tú a mi. Sobre todo de esas en las que si no vuelves a reenviar a diez personas o por ahí te va a entrar cuarenta años de mala suerte. ¿Acaso crees que no tengo ya suficiente mala suerte como para, a sabiendas de que no reenvío, me trague otros seis o siete años mas por tu culpa?

4.- Mi teléfono es una patata y no puedo permitirme descargar vídeos pesados de mas de dos o tres megas. Si confías que lo vea y te conteste tendrás que esperar a que tenga señal wifi para descargarlo. Incluso así debe ser medio bueno para que lo haga. Sin ser escrupuloso reconozco que me han llegado cosas que me han sorprendido desagradablemente. ¡Contrólate! Tampoco soy fan de los buenos deseos con gatos, flores o música pastoral.

5.- Entiendo que a veces las circunstancias piden un audio en vez de texto. No abuses. Además confirma que tiene un sonido medio decente para entender. Por su puesto: Nada de gritos.

6.- Sin ser un “pejigueras” de la ortografía, y sabiendo que a veces el corrector juega malas pasadas, amén de tildes y la b/v con su manía de estar juntas, espero que tengas la costumbre de hacer una criba antes de enviar. No tolero la “K” cuando no toca, o palabros para ahorrar dos caracteres. ¡Coño que es gratis!

logo whatsappRecuerda que whatsapp es una aplicación para mantener el contacto, pero no tiene por que ser inmediata. Si esperas una respuesta rápida solo tienes que pulsar el botón de llamada para que me entere de tus demandas. Se nos olvida que el móvil también tiene la “función” teléfono.

Creo que por ahí habrá alguna que otra regla más. Las que a mi me interesan son básicamente estas seis.

Ya hablamos, o ¿whatsapeamos?

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Cuatro gatos.

Hace años, cuando uno aún tenía flequillo, alguien propuso ir a ver a los Stray Cats. Tocaban en Madrid y augurábamos un fin de semana apoteósico. Un viaje organizado en las mesas de la taberna del 6 que terminó una semana mas tarde en la misma mesa. El dinero para el viaje se nos fue en una juerga de fin de semana y quedó lo justo para comprar el último disco de los Stray Cats que echamos a suertes con la promesa de grabarlo al resto a quien le tocase. Hasta hace unos pocos años nunca había tenido un original de esta gente.

Este año tenía intención de ir a ver a otros gatos. Jenny and The Mexicats hacían una gira europea y llegaban a España. Granada era la ciudad mas cercana donde iban a tocar y  había que reajustar horarios, pedir días, y organizar el viaje para poder verlos y que no supusiese otra desilusión gatuna. Casi todo controlado cuando vuelvo a mirar y… ¡Coño! ¡Que vienen a Córdoba! Ni una palabra mas. Compré las entradas dos semanas antes del concierto.  Mientras tanto me hice con la discografía y si ya me gustaban terminaron por encantarme.

El día del concierto  me fui para Hangar. Paso ligero, que empezaban a las nueve y a esas hora yo estaba saliendo de trabajar. Cuando llego ya habían empezado. Los Swett Barrio estaban tocando. Los conocía de dos días antes que había curioseado en Youtube y tenían buena pinta. ¡Los disfruté!

Después de la segunda cerveza, el concierto iba rápido, apareción Jenny. ¡Puro nervio! Pantera, guitarra y alma del grupo se encargaba de dar caña y animar al personal.

Cuatro gatos en el escenario y poco mas en la sala. El concierto no tenía la expectación que yo esperaba pero  aquello mejor. Pocos y bien avenidos disfrutábamos de la voy y la trompeta de Jenny Ball. Fue un concierto acogedor, rumboso y lo mejor… con espacio para bailar y divertirse.

Conciertazo con regusto ligeramente amargo. ¡Faltaba gente! Uno no sabe si tiene un gusto peculiar o solo fue difícil para los Mexicats competir con los Aslandticos en un concierto gratuito con la Mezquita de fondo. Sea como sea… cordobeses, os habéis perdido a los Mexicats y se que os vais a arrepentir.

 

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Se pasa septiembre.

Si me despisto no dejo ninguna entrada este mes, y odio que me pase eso. ¡Coño tengo conexión a internet veinticuatro horas! No debería pasar eso. Además este mes es el que mas días de descanso he tenido y encima vacaciones. No, algo tenía que escribir aunque fuese para decir que no tengo nada que escribir. Cosa que es falsa porque llevaba tiempo sin putear tanto el cuaderno como este mes. Lo que pasa es que no me gusta escribir con el móvil o la tablet, que es como escribo ahora.  Así que lo voy dejando para cuando estoy en casa, y en casa se te ocurren mil cosas menos escribir. Total que si no llega a ser por erDani, que hoy me ha dado un toque, ni me acuerdo de que tenía un blog.

Como ya digo que no tengo nada que contar solo voy a resumir mi mes, para cuando me llegue la falta de memoria echar mano aquí y recordar por donde andurreé el mes.

A ver.. ¿Como era?

Si. Trabajo, claro. ¿Como no? Hasta el dia siete. Esa misma tarde me voy a Lucena, a la Feria. Ya he dicho que a mi la feria me gusta de cualquier manera, así que si podemos irnos seis en vez de tres… ¡Mejor! Nos plantamos en el arenal con los dos peques de Daniel y Vanessa. (Hay que empezar a enseñarlos desde chiquitos y a esos los convenzo el año que vienen para la de Córdoba, fijo.)

De la Feria a las fiestas del Valle en Écija. Le tenía ganas. Tan cerca de Córdoba y sin haberla visto. ¡Me ha encantado!

No había terminado la feria de Cortegana y nos planta,os allí para el día 10. Nos dio tiempo a ver un cartel muy curioso: Curro Díaz, López Simón y Miguel Angel Silva (que sustituía a David Miranda y se lució.) Mas rato de feria para tomar los siguientes días de senderos y Aracena. Por cierto ya he visto la Gruta de las Maravillas. Muy chula, muy bonita, recomendable 100% si estas en Aracena o la sierra de Huelva, pero vamos… ¡Que me agobio, coño! Que no están hechas las cuevas para mi. (Excepto una que hay en Guadix que es espectacular.)van-gogh-espectadores-en-los-toros

Otro poquito mas de curro para llegar el día 16 y con él mis vacaciones. Muy bien aprovechado el fin de semana con Rafa, con visita incluida a San Jerónimo,  que da paso a una semana con mis padres. Unas vacaciones dentro de las vacaciones. Aprovechamos para celebrar el 80 cumpleaños de mi madre. Lo peor de los cumpleaños no es solo que se hace mayor el afectado, es que nos repercute a todos. Aunque… es la única manera de tener tiempo y eso es de ĺas cosas que yo suelo pedir con insistencia, así que… ¡Bienvenidos sean los años!

Me quedaban tres días en los que un viaje era la opción principal pero he cambiado por una visita a Córdoba. O sea, paseos, exposiciones, el C3A, Arqueológico, Filmoteca, siestas sin prisas, lecturas, series…incluso varios arreglos en el piso.

Hoy estoy aprovechando los últimos momentos y por fin hacer una entrada que pensaba mas corta y se ha ido de madre. Tanto como para terminarla con el teléfono móvil. (Me he quedado sin batería en la tablet.) Aunque la ventaja es que ahora puedo poner las fotos de estos días.

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De Christop Nieman.

 

Nos vemos.

 

 

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Pilar Rojas.

Me falta imaginación. Quiero decir que me falta imaginarme. Que puedo contarte la charla sobre vuelos rasantes que tuvimos el dragón Eliseo y yo el otro día en el aeropuerto, o como perdimos el autobús a la Atlántida por culpa de aquel caimán que se cruzó en la Breña. Pero en cuanto tengo que poner un nombre que tenga algo que ver conmigo la cabeza empieza a silvar y echar humo como si fuese la olla express. Así que el otro día cuando me decidí por enviar un micro al concurso de Santaella y ya tenía todos los datos en su archivo correspondiente solo necesitaba un seudónimo para terminar y enviarlo.

Vamos a ver Fran, pensaba, esto es fácil. Pones cualquier chorrada y ya está. Café del Búho es lo primero que se cruza por mi cabeza, pero ya he enviado alguno que otro con ese seudónimo y me tienen que conocer en media Córdoba. Nada, nada, algo mas original. Targaryan, Kalessi, me cago en la puta que parezco un friki de Juego de Tronos. Nada, nada… un nombre normal. Algo de toda la vida pero que no tenga que ver conmigo.

– A ver Rafa. Dime un nombre y apellido. – Le pido a mi nene que está entretenido con el móvil.

– Pilar Rojas.

– ¿Pilar Rojas? ¿Y esa quien es?

– ¿Pero no me has dicho que te diga un nombre?

– Si, bueno… pero ¿tan rápido? ¿Quien es esa?

– Yo que se. Una que sale con “el Diablo” en instagram.

– ¿Pero de que la conoces?

– ¡Que no la conozco! ¿No me has dicho que te diga un nombre? ¿Y para que lo quieres?

– No… Va… Para nada.

Así que terminé presentado el microrrelato al concurso de Santaella con el seudónimo de Pilar Rojas. Y… oye que así se ha quedado. 

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