Jornada electoral.

Aún no son las diez y voy el segundo café. Hoy me ha cundido. Me he despertado temprano con una noche de pocas horas de sueño. El paseito mañanero me ha aclarado las ideas. Un desayuno con un sol simpático, antes de que se suba a la parra y no haya manera de tratar con él, y el periódico al lado para ojear las noticias han sido el preludio de mi jornada electoral.

En el colegio hay mas interventores que personas votantes.(El subconsciente me ha traicionado y pensando en políticos no los he clasificado como personas.) Algunos nos conocemos de media vida, otros están en las mesas y miran esforzandose en conocer a los votantes. (¿Como es que este tío vota en mi mesa y no lo he visto nunca?) La mañana tiene buena pinta, supongo que el resto del día no va a ser igual. Yo por si acaso y en previsión de un sol de justicia decido leer otro periódico en casa.

Es por eso que voy por el segundo café y posiblemente caiga el tercero en breve. El diario está debajo del teclado, escribo con la pantalla de la tablet y la música del Sr. Rick se escucha en casa. Queda media hora, o poco menos, para que el calor me haga levantarme de la mesa y empezar a acondicionar el salón. (Persianas bajadas, ventanas cerrradas y un ventilador, espero no tener que poner el aire antes de irme a trabajar.)

No se si este post te pillará en la cama, o estas con el desayuno, o lo mismo en la piscina, pero si no te pilla tarde y aún estás pensando si una nueva jornada electoral merece o no la pena… ¡Ni te lo plantees! Hoy toca salir y decidir. Quizá la decisión no sea la mas acertada pero sinceramente espero que no te arrepientas de ella. Y por su puesto…  que decidas algo. Esperar a verlas venir ya no es una opción. Aunque quizá el equivocado soy yo y como en el libro de Saramago termina siendo la mas acertada.

Sea como sea… Que tengas una buena jornada electoral.

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Moderado Vs Radical.

Llevo unos días escuchando, y no solo al candidato del PP, a los adalides de la moderación. Yo, que toda mi vida he ponderado las ventajas de la moderación, si acaso en algún momento de juventud no he sabido defenderla como debería, resulta que ahora, rondando los cuarenta y cuatro años, soy un radical. Que defender derechos básicos, constitucionales en su mayoría, lo convierten a uno en extremista. Media vida llevando en la cabeza aquella frase que se me quedó en una clase de filosofía: “In medio virtus”, para que ahora haya gente que le haya dado un tirón a la cuerda y me ha dejado a un lado. El problema con estos “moderados” es que se autoclasifican como virtuosos, dejando al resto en el nivel de yijadista kamikaze.

Vamos a ver… Yo puedo defender una idea, y tú la contraria.  Y no creo que ninguno de los dos seamos radicales siempre que  en esa idea no esté la eliminación inmediata de todo aquel que no piense como yo. Puede que el que hoy es un “extremista” sea mañana un valeroso justiciero. Pero eso será mañana y dependerá de que se hayan cambiado valores morales y leyes, muchas leyes. Un abolicionista de la esclavitud era un radical en el siglo XVIII, lo mismo que una sufragista a principios del XIX, igualito que un talibán lo puede ser ahora. Los extremos y la moderación van cambiando pero para eso se necesitan leyes y ahora mismo, hoy por hoy, creo que la mayoría somos lo suficientemente moderados como para defender una postura y respetar la contraria. No es necesario que la entendamos o la compartamos, pero si es imprescindible respetarla. Si queremos excluir a los demás basándonos en un radicalismo mientras usan las mismas armas dialécticas que nosotros también nos estamos excluyendo. La virtud está en el centro. Y puede ser que el centro se amplíe, que haya un centro que sea como el “punto gordo” que explicaba mi profeser de dibujo, ese en el que debían confluir varias líneas y cuando no lo hacían el punto se hacía más ancho, el caso es que cuando el centro se amplía lo hace por los dos lados.defectoexceso-de-virtud-592x355

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Conil

 

 

Sigue...

Conil. Caleta del Flamingo.

Las sirenas enseñan a andar a sus hijas en las playas de Conil. Lo hacen en febrero, cuando el mar y el suelo tienen casi la misma temperatura y el oleaje se ha tragado cualquier piedra que pueda molestar a sus pequeños pies.

Para el poco tiempo que estuve en Conil, a veces llega un ramalazo en el que lo echo de menos.

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La rebequita cordobesa.

¿Que hace ese tipo. o esa mujer, a las tres de la tarde con un rebeca bajo el brazo? ¿Son los cordobeses los nuevos congoleños y con cuarenta grados a la sombra llevan rebeca? ¡No! Para nada. En Córdoba no hay una tendencia masoca que nos haga llevar un rebequita por la tarde. Lo que ocurre es que el que ves a las tres de la tarde vuelve a su casa, pero antes, entre las seis y media y siete de la mañana el colgado con prenda invernal ha tenido que salir de ella. Y el cuerpo, después de estar sometido a unas temperaturas mas parecidas a los desiertos africanos que a una ciudad decente, no aguanta que un airecito fresco te recorra la manga del polo y se te meta por el cuerpo. Los dieciseis grados que en invierno pueden ser óbice para dejarnos en manga corta ahora lo son para que salgamos de casa al trabajo con una rebequita en los hombros.

Tú, después de acostarte a las una de madrugada, hacerlo antes es tener que usar el aire acondicionado, y darle mas vueltas a la cama que a una silla musical resulta que consigues conciliar el sueño poco antes de tener que despertar. Pero el caso es que despiertas con la sábana por encima. Con un airecito mañanero muy agradable y fresco que entra por la ventana. Te levantas como para agradecer que haya esos momentos en una ciudad donde un termómetro con cuarenta grados se da por bueno. (Virgencita, virgencita, que me quede como estoy.) Miras por la ventana con la incertidumbre de si te han cambiado de ciudad o es un sueño este fresquito después del calor de hace unas horas. Pero no, el aire, el fresco, es natural, los gorriones y las palomas, esas ratas que maldecías poco antes de levantarte y han conseguido despertarte, parecen incluso simpáticos. Así que decides salir al trabajo con algo muy parecido con lo que saliste ayer. ¡Estamos en verano, el tiempo no cambia tan rápido! Te colocas tu polo, tu pantalón unas zapatillas de esparto y a la calle. El fresquito mañanero resulta que te incomoda. ¡Joder con el calor que hacía ayer y ahora me voy a resfriar por culpa de las mañanas! Sabes que dura poco. Que el sol aparecerá tímido en el horizonte pero en cuanto coja confianza es como tener una estufa de gas en las pantorrillas. ¡Como te despistes te salen hasta cabritillas! Pero es que tú madrugas mas que el sol y hay que estar en el curro a su hora. Salir sin rebeca es buscar una destemplanza del cuerpo con la que vas a conseguir una nariz congestionada durante media etapa estival. La rebequita cordobesa se hace imprescindible por la mañana. No es ningún punto masoca del oriundo de Córdoba. Es una necesidad.

P.D. He hablado de la mañana, pero como en Córdoba la vida nocturna comienza a las diez y media lo mismo acaba algo tarde. Y en las madrugadas… ya empieza a refrescar. ¿Por que crees que te despertaste con la sábana echada por encima?

 

 

 

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¿De que escribo?

Esto es uno de esos borradores que me he encontrado por el blog. No se si es que no llegué a publicarlo o lo hice con otro título. El caso es que no lo encuentro en este blog. Así que he decidido rescatarlo así, como estaba. Mas que nada por rellenar y… ¡que coño! Por que no doy con lo que quiero escribir hoy y este me ha resultado de gran utilidad.

¡El caso es escribir!   Ahí lo dejo.

 

 

 

    Cada vez que se ponía a escribir lo hacía con más restricciones. Primero no quería hablar mal de nadie, o al menos no quería hablar mal de aquella hija de puta que le fastidió la vida y con la que  tenía dos hijos en común. Dos hijos, como podía haberse dejado convencer para que aquella arpía le siguiera jodiendo la vida a través de los dos salvajes que venían a casa fin de semana si, fin de semana no, para vaciarle la nevera, cambiarle todo de sitio, destrozarle el mobiliario subiéndose encima de las mesas o simplemente atorarle el oído con una música que rebotaba en toda el piso. No… no quería escribir sobre eso, pensó.

Quizá… de aquella chica que conoció el mes pasado. Aquella que lo había llamado para tomar una copa y con la que estuvo una tarde y parte de la noche bebiendo cerveza para terminar en una cama perdida de Miralbaida. De lo difícil que le resultó encontrar un taxi a las cuatro de la madrugada para volver a casa. Taxi Libre. Se sonrió al pensar que aún no había comprado el disco que llevaba escuchando desde ese día que quedaron. Pero… tampoco podía. Había hecho un pacto, no escrito, al menos esta vez no estaba escrito, con la mujer que lo acompañaba últimamente. Algo así como, nos lo contamos todo y él le dijo que no podría cumplirlo pero ella le pidió que le mintiese y así lo hizo. Ahora no quería que ella se fuese de su vida y tenía que volver a limitarse con lo que escribiese.

Podía hablar de los excesos de los últimos días. De que el tabaco le había dejado una tos constante y que el primer cigarro caía dos segundos después de poner un pie en el suelo. Del susto que le habían dado los análisis del último año y como el colesterol seguía subiendo en proporción inversa a la cuenta corriente. Pero ahora, también su familia leía el blog y le echarían en cara lo poco que se cuidaba, los gastos desordenados y como no, el puto tabaco. Ya se había llevado a su padre a la tumba con un cáncer de pulmón como para darle otro susto a su madre.

El folio seguía en blanco y la televisión iluminaba el salón. Como era posible que allí, a pocos metros de él se encontraba una de las personas de la que más se escribía, de la que más se hablaba. Una persona que se había ganado tanta publicidad a costa de los demás. La miró con detenimiento, después se fijó en su impoluto folio y comenzó a escribir: Belen Esteban.

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02/06/2016 Amanece.

Entra el sol con un poco de vergüenza en la habitación. Piensa que va a encontrarme con alguien y viene tímido, justificándose. Cuando llega a la cama y descubre que estoy solo es cuando se desparrama por la habitación. Como un niño que después de ser aleccionado para no despertar a los demás cuando se levanta se encontrase con el permiso de los padres y con su infancia llenase todos los rincones.
Sonrío cuando veo como se adueña de todo y me despereza.
Me carga las pilas. Pilas alcalinas para un día ajetreado.
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El mejor día.

En la radio  hablan unos tipos que están engañando a todo el mundo. ¡No! No me refiero a los políticos en campaña. Son gente como tú y como yo que llaman a un programa para contar sus vivencias. Hoy el tema del día es “la paternidad”. Hablan de como ha ido evolucionando y como se involucran los padres en la crianza del hijo. Los tipos que se escuchan son padres ejemplares, progenitores sacrificados que tuvieron el mejor día de su vida cuando la enfermera le puso a su pequeño vástago en los brazos. Los que hablan son Bill Colsbys en potencia (de los de la serie, no del de verdad), Michael Landons con su casa de la pradera redimidos en estos padres, son el señor de “Con ocho basta” con su infinita paciencia y el atino que heredaron estos comentaristas radiofónicos. No ha salido ni un padre malo, ni uno normal, ¡todos buenísimos! Ni un Homer Simpson se ha atrevido a llamar a la radio. Seguramente estaría en el bar o en el trabajo. O puede que incluso aconsejando a su pequeño con un par de manos en el cuello.

Estos inconscientes son los que hacen que después el resto crean que un hijo es lo mejor del mundo. ¡Ni mucho menos! Un hijo puede dar muchas satisfacciones, puedes estar orgulloso de él pero desde luego el día que nace deja mucho de ser uno de los mejores de tu vida. Es cierto que cuando lo ponen por primera vez en tus brazos da un cosquilleo por el cuerpo, pero es parecido al picapica y a los petazetas de siempre. Lo primero que hace es sorprenderte. Los niños recién nacidos, aunque sean tuyos, son feos. Tu lo ves en tus brazos y quizás pienses: es simpaticote, el jodío, pero sigue siendo feo. Lo mismo se parece un poco  a ti o incluso es capaz de haber sacado las orejas de tu tío Eusebio, ¡da igual! Por tú lo vas a querer, lo que no quita que sea feo. Los niños con horas de bagaje suelen ser muy feos, niños y niñas ¿eh? Después de estar nueve meses sumergido en un líquido amniótico no esperes que salga reluciente. Imagínate nueve meses en una piscina, si ya sales con los “dedos de corcho” con una hora de baño, tu hijo tiene mas arrugas que el geriátrico de Bilbao. ¡Asúmelo! Tu nene es feo. (Luego cambian pero de primeras es feo.)

Al poco rato traen a tu pareja con una cara de haber pasado por el Amazonas en un ida y vuelta, sudorosa, cansada, medio drogada, y con cara de “una y no mas Santo Tomás” pero te pide que le dejes al bicho que llevas en los brazos. Te resistes por que la última vez que la viste con una pinta parecida fue cuando pensó que había perdido el móvil en la sauna delprimeras_tomas_1 gimnasio y  cuando regresó a casa estaba y lo vio en el sofá terminó estrellándolo en la pared. Solo la insistencia hace que desistas y se lo entregues. Y vuelve a ocurrir una de esas cosas inexplicables de la vida: ¡No lo mata! Al contrario lo tiene entre sus brazos y lo mira como aquel peluche que le regalaste el primer mes de novios. Es una imagen tierna, preciosa y tú te vas quedando atontolinado mirando hasta que va ella y se saca una teta.

¿Pero que pasa aquí? Tú tardaste cuatro meses en tocarle una teta por encima del sujetador a tu pareja y a este se la meten en la boca nada mas verlo. ¿Pero desde cuando se ha descocado esta? Y el renacuajo no se corta. Empieza a buscar con la boca hasta que encuentra el pezón y alé… ¡A mamar! ¡Como si no hubiese un mañana! Después de un rato con la boca abierta y sin saber que decir tienes que reconocer que el día que a ti te tu pareja te dió la oportunidad hiciste lo mismo. Y ves claro que es  hijo tuyo. Que además vas a tener que compartir a la señora cansada, sudorosa y con cara de mala leche con ese bichejo. Quizá ya no coges esa teta con el ansia que parece demostrar el pequeño pero claro… Si en vez de la teta de tu mujer te ponen una pata de cochinillo al horno después de nueve meses tu le entras con las mismas ganas.

Por fin ves cosas buenas en el bebe. Se queda dormido. Su madre que sigue agotada vuelve a parecerte un ser angelical. Pero estos ratos duran poco. Tener un hijo, desde luego es una responsabilidad muy grande. Ahora toca estar pendiente de él, cuidarlo, tener todo el día el corazón en un puño para que no le vaya a ocurrir nada. Y es que un niño da mucho miedo. Da miedo… y asco. Porque un niño, al menos al principio, también da asco. ¡Joder si hasta al primera cagada tiene nombre propio! El meconio. Tu te preparas para las caquitas, las cacotas, la mierda de los perros, la diarrea de una bandada de gorriones en el coche, alguna meada desacompasada pero el meconio es otra cosa. Euristeo le dio a elegir a Hércules, que como los señores de la radio hablaba maravillas de ser padre hasta que decidió cargárselos, entre limpiar el meconio de un recién nacido o los establos de Augias. ¿Y cual es el quinto trabajo de este “padre ejemplar”? Limpiar los establos. Ya había tenido hijos y no quiso volver a limpiar el meconio. Si no lo sabes los útiles necesarios para quitar esta “caquita” son básicamente dos: espátula con cuchilla y aguafuerte. Lo que pasa es que si la mierda está incrustada en el niño tienes que usar toallitas dermatológicas. Y así no hay quien limpie en condiciones. Tu pareja durmiendo, el bebé con medio kilo de chapapote en el culo, y tú aguantando la respiración para que ese olor no te pudra por dentro. La única ventaja que tiene esta primera limpieza del renacuajo es que a partir de ahí el amor hacia tus padres empieza a acrecentarse.

_MG_2247Lo peor de todo esto es que esos padres ejemplares que han hablado en la radio confunden a los venideros. El día mas feliz de tu vida es difícil que sea uno como estos, sobre todo cuando tu pareja te ha tenido en ascuas y con un amago de infarto constantemente y muy preocupado. El día más feliz de tu vida es difícil que sea el día que nace un hijo. Y esto que he contado ni siquiera es lo mas malo. Es solo el primer día.

 

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Inquilinos.

Después de dos días sin aparecer por casa y con la ropa ya seca en el tendedero decido airear la habitación. De un tirón subo la persiana y… ¡Coño! ¡Que susto! Otra puta paloma merodeando en el alfeizar de la la ventana. Que asco me dan. Pero entonces me fijo. La muy cabrona me acaba de dejar dos huevos. ¡Dos huevos! ¡Un nido! ¿Pero que hago yo con un nido en la jardinera? ¡La madre que la pario! Y va la tía y se va. A ver señora… Vuelva usted y me hace el favor de llevarse el nido y los huevos a otro lugar antes de que me de por hacer un montadito con ellos.

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Señora Madre. 

Pero las palomas entender… entienden poco. Y aún no he terminado de recoger la ropa cuando vuelve  a posarse en el alfeizar. La miro inquisitivo pero ella lejos de amilanarse se sienta en el nido y se pone a incubar. Esta visto que mi cara de asesino aviar no le impresiona. ¡Dos días te doy para que te largues! Le grito mientras recojo el tendedero.

En internet localizo en una página a tipos que han tenido la misma experiencia. Lejos de degollar palomas parece que han vivido una experiencia agradable con el nido en sus casas. (Como diría el Guerra: Hay gente pa´tó.) El caso es que se me hace un nudo en el estómago eso de desahuciar a los nuevos inquilinos.

Han pasado los dos días y no he sido capaz de estrellar los huevos en el suelo. Ni de asustar a la sufrida madre y al padre (este no tan sufrido porque aparece poco.) He colocado el trípode en la habitación y voy haciendo fotos de vez en cuando para ver como avanza el estado de el nido.

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Palomo desnaturalizado.

 Mi nene, después de comentarle que tenemos nuevos vecinos, se decide a mandar a tomar viento a los pajarracos. (A mi las palomas no me gustan, él las odia.) El caso es que le doy una charla de esas tipo padre-hijo en la que le hablo del respeto a los seres humanos, a los animales y a los hipster. Como todo de lo que hablamos que no sea juegos o películas de superhéroes le entra por un oído y le sale por otro. Pero deja el salvajismo animal para matar zombis con la Play que de esos no le he hablado y hay un montón.

La incubación dura unos dieciocho o veinte días. Los pollos en un mes están dejando el nido. Con un poco de suerte en dos meses tengo mi jardinera despejada. ¡Tampoco es tanto tiempo! Así que sigo con interés el desarrollo del nido.

Seis días después sufro una desilusión enorme. Un huevo está descascarillado. ¿Pero como se puede romper un huevo si está a quince metros y escondido? ¿Que padres desnaturalizados son estos que no están por la labor de cuidar los huevos? Espero que siga una evolución favorable y las palomas siguen incubando el huevo que queda. El otro, dos días mas está completamente roto. Mi gozo en un pozo. Sigo manteniendo la ilusión de que al menos uno salga y rompa el cascarón. Las palomas siguen apareciendo. Aunque solo veo a la madre, el padre parece que ha ido a por tabaco.

Salgo de Córdoba unos días y a la vuelta, con la bolsa aún hecha y la música sin poner en la casa, voy sigiloso a mirar el nido. No hay nadie. El huevo sigue allí. ¿Donde se han metido estos padres? Le hago la foto de rigor. Deshago la bolsa. Pongo música. Preparo una lavadora. ¿Pero que pasa aquí? Sigue el huevo solo. Sin incubar. ¿Donde están estos? Empiezo a preocuparme. Aún quedan cinco o seis días para que el pollo rompa el cascarón. ¡Y los padres por ahí!

 Han pasado dos días y en ningún momento han dado señales de vuelta estas palomas. El huevo sigue en el nido.

Tres días mas tarde se que lo han abandonado. No hay vuelta atrás. El pollo nonato se quedará en la jardinera un tiempo mas. No tengo valor para retirarlo.

Hace unos días empecé mis vacaciones. Arreglar el piso, recoger ropa, quitar enagüillas, buscar zapatos de verano (aunque ahora con esta lluvia esté todo al retortero) y… enterrar el huevo. ¡Si ya sé! Se coge, se tira a la basura y listo. Pero… bueno pues ya está, cada uno tiene sus manías. También he deshecho el nido y ese si que ha ido a la basura. La jardinera se ha quedado preciosa. Hubiese sido un buen lugar para criar al polluelo. ¡Una lástima! Quizá la próxima vez.

(Aunque como me encuentre una paloma en el alfeizar de la ventana le meto un perdigonazo entre pecho y espalda. ¡Serán cabronas! )

 

 

 

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Principe.

Me la he traído al curro con la idea de dejarlas en uno de esos cajones que no se abren nunca. Y de hecho esa ha sido la idea durante cinco horas. Pero acaba de llegar un rato en el que el sabor del chocolate se me ha metido en la nariz, casi podía saborearlo y entonces… ¡Lo he abierto!

El tubo cilíndrico azul estaba esperando desde hacía cinco horas. Los nuevos traen una especie de adhesivo de quita y pon con el que no es necesario romper todo el envase. Me cuesta abrirlo. Pero una vez despegado se abre con la misma ilusión con la que quitas unas bragas. Ilusionado y esperanzador. Cuatro galletas de chocolate aparecen en ese minúsculo recuadro. ¡Me sobran dos! Pienso. Cuidadosamente retiro dos galletas de chocolate, que son cuatro,  y las coloco encima de la mesa. Me dispongo a cerrar el adhesivo y, sin darme cojo cuenta una galleta descolocada y rota y la coloco con las otras dos. Cierro el adhesivo como si alguien pudiese pillarme en un pecado venial. Rapidamente coloca de nuevo el tubo cilíndrico en eses cajón que no iba a abrirse.

Durante diez minutos saboreo con deleite las tres galletas de chocolate. Limpio miguitas que han quedado en la mesa. Lo coloco todo como si no nunca se hubiese abierto el cajón que contenía el cilindro.

31355_xl[1]Cinco minutos mas tarde vuelvo a abrir el cajón.

– ¡Una! Solo una y lo dejo como estaba. – Me miento.

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Ford Fairlane

– Gano un guarro con: ¡Que guarro!.- Es la frase que se debe contestar en el programa hortera de radio. Ese en el que trabajaba el compañero de Ford y que parece que hoy en día se reflejan tantos y tantos programas radiofónicos. En casa, de vez en cuando, todavía somos capaces de coger el teléfono y contestar así.Sobre todo desde que existe el identificador de llamada. Antes tenía más gracia. Quizá era alguien preguntando por papá o un señor que se había equivocado y llamaba tres veces más para decidir que en casa estábamos todos locos.

Ahora los programas horteras de radio abundan tanto que lo difícil es que alguien te conteste con un “Buenos días”. Hace poco en uno de esos programas en los que la audicencia es lo importante uno de estos tipos, uno de esos que llevan mucho tiempo en antena y hemos visto hacer tonterías de tamaño Godzilla, metieron la pata con un comentario sexista. Lejos de amilanarse y pedir disculpas el colega ha debido pensar que una buena defensa es un buen ataque. El señor Cárdenas se está cubriendo de gloria.

(Aquí el artículo de @barbijaputa que está de lujo.)

Y es que como decía el gran Ford Failane: “Tanto gilipollas… y tan pocas balas”.

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